Las medidas arancelarias implementadas por la administración del presidente Donald Trump generaron desafíos significativos para las economías de América Latina, incluida la República Dominicana. En este contexto, el llamado a un diálogo nacional, como lo plantea el doctor Leonel Fernández, se presenta como una estrategia necesaria para evaluar el impacto de estas decisiones y diseñar respuestas que salvaguarden los intereses del país.
El establecimiento de una mesa de concertación entre el gobierno, los sectores productivos y las fuerzas vivas de la nación permitiría no solo mitigar los efectos negativos de estas políticas comerciales, sino también identificar nuevas oportunidades dentro del complejo escenario global. La transformación del comercio internacional obliga a nuestra nación a redefinir sus estrategias, diversificar sus mercados y potenciar sectores esenciales para la exportación.
Ante la imposición de aranceles, la República Dominicana debe explorar una serie de alternativas para minimizar el impacto sobre la producción y el comercio exterior. Entre las medidas a considerar se encuentran:
Diversificación de mercados: Fortalecer las relaciones comerciales con otros países y bloques económicos, como la Unión Europea, China y América Latina, reduciendo así la exclusividad del mercado estadounidense. Fomento a la industrialización local. Impulsar una mayor inversión en la manufactura y la agroindustria para sustituir importaciones y fortalecer la producción nacional. Acuerdos bilaterales estratégicos. Negociar con Estados Unidos mecanismos de excepción o beneficios comerciales para sectores primordiales de la economía dominicana. Incentivos a la exportación. Crear políticas fiscales y financieras que favorezcan a los exportadores nacionales, facilitando su acceso a mercados más competitivos y, fomentar el nearshoring esto no solo significa diversificar su economía, sino consolidarse como un hub logístico y manufacturero en el Caribe, alineándose con las tendencias globales de relocalización productiva.
Respecto al tema migratorio; ahí tenemos un desafío inaplazable. Dentro de esta discusión, el tema migratorio no puede quedar fuera. El crecimiento de la migración irregular, particularmente de ciudadanos haitianos, genera tensiones en áreas críticas como la salud, la educación y el empleo. Esta realidad exige una política migratoria más eficiente, basada en el fortalecimiento de los controles fronterizos y en la aplicación estricta de la legislación vigente.
El descontrol migratorio afecta la calidad de los servicios públicos y genera preocupaciones legítimas en la población. Por ello, el gobierno debe asumir una postura firme, garantizando que la soberanía nacional y el bienestar de los dominicanos sean protegidos, sin dejar de lado el respeto a los derechos humanos y los compromisos internacionales.
La historia ha demostrado que el diálogo como vía para soluciones sostenibles es la mejor herramienta para alcanzar soluciones efectivas y consensuadas. Escuchar a los sectores productivos, a la sociedad civil y a las fuerzas políticas permitirá diseñar un plan de acción que responda a las necesidades del país y proyecte un futuro de estabilidad y crecimiento.
Es hora de actuar con visión estratégica, fortaleciendo nuestra economía y asegurando que las decisiones globales no pongan en riesgo nuestro desarrollo. La República Dominicana debe responder con inteligencia y unidad, utilizando los retos como una oportunidad para avanzar en la construcción de un país más fuerte y resiliente.
Por: José Peña Santana.
