RESUMEN
La actividad partidaria es tan repetitiva en nuestro país, que basta conocer los actores pasados para predecir los acontecimientos presentes y futuros. Desde la dictadura de Ulises Heureaux (1887-99) las mañas políticas obtuvieron categoría de Estado y, hasta la fecha han mantenido ese curso.
Ver un ducho en el manejo de la opinión pública como Leonel Fernández, denunciar acciones reñidas con la ley electoral, en los pasados comicios del 18 de febrero, a muchos los hace reír y, a otros, como es mi caso, nos hace pensar.
Los centros de compra de cédulas en las proximidades de los colegios electorales se crearon en los gobiernos del doctor Joaquín Balaguer y pasaron a los de Leonel, con igual presteza con que ambos partidos firmaron el mal llamado ¨frente patriótico¨. Clara demostración que la conflagración de ambas fuerzas políticas, además de lo ideológico, abarcó lo conductual.
Los planes sociales, bajo la palabra ¨solidaridad¨, fue el escenario bajo el cual los gobiernos morados, encabezados por Leonel, masificaron el vivir del ¨dao¨, que tanto gusta a ciertos sectores nacionales y que los gobiernos pasados y presentes, promueven como parte de sus logros. Todos con un matiz clientelista que tiene como objetivo final la compra de voluntades.
La abstención electoral, sobre todo de los contrarios, proporcionaron aplastantes victorias a los partidos en gobierno quienes, en la euforia de la victoria, minimizaron las denuncias de la sociedad civil, que veía cómo se esfumaba el poder del pueblo para validar sus autoridades y la mal llamada democracia. Estos hechos se produjeron en los gobiernos de Leonel.
La presunción de inocencia, dinero y simpatizantes es otro mal que arrastramos los dominicanos sin importar la esfera social y, en nuestros políticos se pone en evidencia este mal. Leonel Fernández, pregonó por cuatro vientos, ser la segunda fuerza política del país y contar con dos millones de simpatizantes. De acuerdo con los pasados comicios la realidad es otra.
Dos décadas siendo autoproclamado ¨el león¨, produjo en Leonel un olvido selectivo del comportamiento cambiante del pueblo dominicano. Ser gobierno u oposición es ley del juego democrático.
Solo nos resta esperar que los líderes partidarios entiendan al gran despeñadero que conducen nuestra democracia, el menos malo de los sistemas de gobierno y, la antesala de los regímenes dictatoriales. Cuando creamos las condiciones para dañar los sistemas en coyunturas favorables, no podemos lloran en condiciones adversas. En resumen, Leonel escupió pa riba.
Por: Florentino Paredes.
