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19 de febrero 2026
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OpiniónFelipe Carvajal de los SantosFelipe Carvajal de los Santos

Las TIC y ciberpolitica: Mutación de partidos políticos de masas a partidos atrapalotodo (Catch-all party)

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RESUMEN

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Desde la lógica operacional de un Estado democrático, existe consenso respecto a que el primer eslabón de la participación ciudadana en política es la canalización de las necesidades y demandas de la población a través de entes organizados con capacidad de gestión y tramitación de estas, como son los partidos políticos. Sin embargo, desde hace ya bastante tiempo otros modos de participación han sido reivindicados por la doctrina como prodemocráticos, a despecho de algunos lastres históricos que los suponían a contrapelo de las prácticas democráticas.

Esto se produce en un contexto en que la velocidad de las innovaciones de las tecnologías de la información y de la comunicación (TIC), sin lugar a dudas han impactado en la reconfiguración de aquellas categorías conceptuales que marcaban el rol institucional que operacionalizaban la racionalidad de los procesos democráticos y republicanos. En la actualidad nos encontramos que dichas categorías se hallan fuertemente afectadas y deben ser reconstruidas y redefinidas, destacándose entre estas las instituciones por antonomasia de representación política, los sujetos colectivos sociales representativos y que, siguen siendo en la lógica de Maurice Duverger, los partidos políticos como expresión de la participación democrática.

Si bien es cierto que las instituciones políticas y su expresión como órganos participativos-representativos y las complejidades, conflictos y tensiones que su operatividad ha generado, han existido desde antes de la avalancha de las novedades tecnológicas digitales e informáticas de última generación, cabe realizarse entonces algunas interrogantes puntuales como las que Bercholc Jorge plantea en su trabajo sobre los efectos en el sistema político de la Big Data a partir de los conflictos, tensiones y derechos contradictorios en pugna, encuadradas en tres preguntas: 1) ¿han mutado producto de los avances tecnológicos?; 2) ¿es posible que la tecnología haya cambiado los ejes de discusión?; 3) ¿los viejos conflictos y tensiones se vehiculizan y operan con mayor realismo, dramatismo e intensidad, a partir de las nuevas tecnologías de la información y comunicación (TIC)?

En opinión de Bercholc, la cual comparto, la participación democrática, las libertades para asociarse y peticionar a fin de la consagración de derechos y respuestas a las demandas sociales, se correlacionan funcionalmente con las instituciones representativas de esas demandas, tanto con las no competitivas electoralmente como con las representativas competitivas electorales que son recogidas por las instancias diseñadas al respecto, tales como los movimientos, organizaciones y partidos políticos.

En base al argumento precedente, persisten las interrogantes sobre los nuevos condicionantes que configuran el actual escenario de funcionamiento operacional del sistema electoral y de partidos políticos, que plantea serios desafíos al sistema participativo-electoral-representativo y de gestión estatal de políticas públicas, lo cual sugiere dar respuestas a tres interrogantes: 1) ¿en el caso dominicano el sistema de partidos está dando respuestas eficaces a estas novedades?; 2) ¿está preparado para ello en términos de diseño para dar respuestas a través de toma de decisiones idóneas?; 3) ¿cuenta con recursos humanos y logísticos acorde a los retos impuestos por estos tiempos?

Ante tan serios desafíos para el sistema electoral y de partidos políticos, es innegable que el comportamiento electoral de los votantes que, por un lado, incluye apatía, alta volatilidad en las lealtades electorales y, por otro lado, registra las exitosas estrategias electorales de, por ejemplo, países como Estados Unidos, han generado perplejidad sobre los efectos e influencias que las tecnologías de la información y de la comunicación -TIC- pueden provocar en las conductas colectivas, especialmente cuando son utilizadas en procesos electorales.

Ahora bien, otra mirada que pudiera estar explicando esta tensión derivada del impacto de las TIC en el sistema electoral y de partidos políticos, sería la crisis en el modelo de estratificación social, participación y representación política y las nuevas generaciones de derechos, además del fenómeno de la fragmentación de las demandas y la irrupción de los movimientos sociales. Esto plantea a los actores políticos la necesidad de adoptar un modelo de análisis, o mapa teórico-conceptual útil mediante herramientas tecnológicas, que permita identificar los problemas y disfuncionalidades que se han acumulado sin respuestas eficaces en nuestro sistema de partidos.

El escenario actual requiere, a los fines del diseño de estrategias institucionales tanto de los órganos de administración electoral como de los propios partidos políticos, deconstruir, describir y redefinir, conceptos interrelacionados secuencialmente como la estratificación social-participación-representación política, que resultan preocupantes a la luz de los recientes procesos electorales y los niveles de abstención registrados; siempre con la mira puesta en función de gestionar los impactos no deseados de las TIC, con miras a consolidar una mayor calidad de nuestra democracia.

De lo que se trata es que, a partir del diagnóstico de la relación TIC- sistema electoral -sistema de partidos, se pueda analizar y gestionar la participación ciudadana actual, cualitativamente variada y fragmentada, lo cual conllevaría además un compromiso de los actores políticos e institucionales, que permitan encontrar canales oficiales de transmisión, recepción y solución a las demandas societales, a los fines de minimizar el impacto electoral del descontento ciudadano, en un ecosistema permeado por las TIC, la constantes crisis de representación y equilibrios inestables que terminan afectando la gobernabilidad democrática.

En este contexto, nos encontramos paralelamente ante el proceso de cambio que ha caracterizado a los partidos políticos, observable en nuestro país a partir de la desaparición de los liderazgos históricos de la transición democrática en la última década del siglo pasado, que propició la conversión desde los partidos ideológicos de masas, al modelo “atrapatodo” (“catch all party”), para dar paso al “partido mediático”, es decir, partidos que comienzan a predominar en la era de los cambios tecnológicos y comunicacionales presentes, que recogen la influencia profunda en la modificación de las conductas y las pautas culturales, sociales, económicas y políticas de la población, e intentan explotarlas electoralmente.

Es en este complejo escenario de interacción entre partidos y ciberpolitica, donde se observa una articulación y combinación de los nuevos formatos de gestión política representativa, impactados por las TIC (sobre todo en países del primer mundo), cuyas características más puntuales son los procesos de digitalización, algoritmos y redes sociales, es esencial prestar atención a su incidencia o impacto en nuestra arena política-electoral. Esta configuración de mayor complejidad en la relación ciudadanos y entidades de participación democráticas permeadas por el uso de las TIC, resulta ser expresión de un cuadro de alta fragmentación, que implica serias dificultades de los ciudadanos para canalizar esas demandas, las que resultan a veces contradictorias, a veces excluyentes entre sí, a través de partidos políticos mediatizados.

En conclusión, de esta primera parte podemos afirmar que, el análisis de la relación entre, ciberpolitica-partidos y participación electoral, refleja una transformación en el panorama político contemporáneo, escenario al que no escapa el sistema de partidos de la República Dominicana, donde la intersección entre la política y la tecnología está redefiniendo las dinámicas de poder y participación. Es fundamental que los ciudadanos, los partidos y las instituciones encuentren formas de adaptarse a estos cambios, promoviendo la transparencia, la ética y la responsabilidad en el uso de las plataformas digitales.

Por Felipe Carvajal de los Santos

 

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