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9 de febrero 2026
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OpiniónFrancisco Rafael GuzmánFrancisco Rafael Guzmán

Las siete plagas de República Dominicana

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RESUMEN

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El sueño del Faraón  Ramsés II de  Egipto, sobre las siete vacas flacas y las siete vacas flacas, según la interpretación de un omniromante,  se refería a que su país sufriría siete años de sequía y escasez  y siete años de muchas lluvias y de mucha abundancia en las cosechas de los productos agrícolas y en la producción pecuaria. En los Siete Años de Lluvia el limo dejado por El Nilo fertilizaría las tierras y durante los Siete años de Sequía ese río no fertilizaría las tierras con sus avenidas, por tanto no ocurriría igual y habría escasez. En las sagradas escrituras del cristianismo se habla de las Siete Plagas de Egipto, una de ellas debió ser la de la langosta y no sabemos bien cuáles serían las otras. Ahora bien, usando el sentido figurado en el lenguaje, podría decirse que la República Dominicana está  siendo  amenazada por muchas plagas, algunas de las cuales se pueden  considerar que son ancestrales. Una de esas plagas es el deterioro de su aparato productor agrícola tradicional, esa plaga ha sido despiadada con la devastación de la producción de la agricultura orgánica tradicional, lo que parece algo hasta masoquista por el daño a la calidad de vida del dominicano.

 

Antes se producía el maíz, el sorgo, el maní (cacahuete o cacao de tierra para nuestros aborígenes), éramos grandes productores de café y azúcar y éramos exportadores de estos dos últimos rubros y hoy hasta los importamos, al igual que importamos maíz y sorgo. Algunos productos de esos servían de materia prima para preparar alimentos de ganado o para extraer aceite, pero hoy prácticamente no los producimos. Hubo años en que la cosecha de maíz del municipio de Luperón en Puerto Plata se llegó a estimar en unos 400 mil quintales. Por otra parte, la cantidad producida anualmente en quintales de viandas como batata y yuca se llegaron a estimar en 700,000 quintales en uno de los años  de mediados de la década de 1970. Hoy no se produce café casi en ninguna otra parte, fuera de Juncalito en el municipio de Jánico, provincia de Santiago, o de Ocoa  y de Polo en Barahona. No hay café de sombra y ni las lomas de Villa Trina, ni en Jamao y ni en las de Jarabacoa.

 

Una de las deforestaciones más criminales han sido las de El Mogote en Villa Trina y las de Jarabacoa. Conversaba en una ocasión con el Lic. Gabriel Guzmán, quien llegó a trabajar con la Asociación de Caficultores de Villa Trina, al cual le decía quien escribe que porque se llegó a la destrucción de  las plantaciones de café, lo que ha provocado la deforestación de todas esas lomas de una gran parte de la cordillera Septentrional, incluyendo Los Amaceyes próximo a San Víctor. La respuesta de Gabriel fue: Los bajos precios del café. Cabe preguntarse: ¿Habrán ganado más al deforestar y destruir los cafetos? Habrá que calcular el costo social de oportunidad. La erosión de los suelos es la peor consecuencia porque ya tiene que estar afectando casi todos los ecosistemas nacionales. Lo mejor hubiese sido seguir cultivando el café de sombra y mantener reforestada la codillera.

 

No nos explicamos porqué la formación de peritos agrónomos, bachilleres en ciencias agrícolas y de los  ingenieros agrónomos se ha descuidado tanto en nuestro país de un tiempo  hasta ahora, todo indica que no hay una política de Estado para el incentivo a los que estudian estas carreras. Tanta asistencia que en otros tiempos daban los peritos agrónomos y los bachilleres en ciencias agrícolas a los productores agrícolas en nuestros campos. Probablemente en fitopatología le hubiesen dado muy buena asistencia a nuestros agricultores  no sólo con la mosquita blanca, si no con el síndrome de los cítricos y con otras patologías vegetales. Una segunda plaga y ya es vieja, es la del libre mercado que pronto, en unos meses, va a tener 40 años. No tenemos controles de precios en los productos que aquí se venden a nosotros (todos los dominicanos), no hay control en el mercado de la divisas (cambio de monedas extranjeras a moneda local y viceversa) y no hay límites a la importación de productos producidos en otros países.

 

Así no puede una economía planificarse adecuadamente para poder satisfacer necesidades humanas a amplios sectores de la población y aumentar la calidad de vida de todos. El proceso inflacionario no se detiene, porque no hay controles y hasta los servicios públicos son afectados. Una tercera plaga es el parque vehicular,  que con el congestionamiento de los vehículos circulando  por las calles y carreteras la situación se vuelve caótica. No puede haber solución a ese problema si no se detiene la importación de vehículos de motor y no se van eliminando todas las chatarras, a menos que se ponga límites a la circulación de los vehículos utilizando turnos para la misma.

 

Una cuarta plaga lo es la depredación de nuestros recursos naturales, con la extracción de materiales para construcciones de casas y edificios y para carreteras, pero además con las construcciones mismas de casas y edificios al usar tierras para cultivos. Pero además, está el problema de la deforestación en cuencas altas, medias y bajas de ríos y arroyos. Así sencillamente no podemos seguir, porque 48,000 kilómetros cuadrados no dan para construir tantas casas calles y carreteras.

 

Una quinta plaga es el problema de la densidad poblacional, la maternidad precoz y la falta de prevención o de control de la natalidad. No puede en esto haber pruritos morales que objeten el control de la natalidad. Porque es un crimen tener un hijo sin poder mantenerlo. Una sexta plaga es la crisis educativa, pese al 4 por ciento para la misma  hasta la secundaria. La educación debe servir para prevenir el crimen organizado, evitar el consumo de estupefacientes por parte de niños, jóvenes y adultos  y para formarlos como recursos humanos aptos  el trabajo con el conocimiento y las destrezas  para los oficios. Y una sexta y última plaga es el deterioro de la salud pública, situación que la ha provocado el Estado dominicano, lo cual fue progresivo y comenzó hace más de 50 años. Es muy bajo el presupuesto de la salud pública por lo que se ve, los hospitales se desabastecen de elementales insumos, lo que desde hace muchos años no ocurría. Los médicos de salud pública hoy día son mendicantes.

 

Ahora bien, para acabar o llevar a su mínima expresión las plagas antes señaladas es necesario un cambio importante en la sociedad. Es necesario un cambio social revolucionario, lo que tiene que producirse para que la sociedad no siga así. Tienen que cambiar las relaciones de producción, porque sin ello no se van a extinguir y ni siquiera atenuar esas plagas. La gran propiedad y el capital financiero no pueden existir para acabar con esas plagas y los males que acarrean. No sólo aquí si no en todas partes y la vida no podrá seguir existiendo en el planeta. No podemos estar hablando de preferencias sexuales y de consumos de moda, así como de otros temas parecidos, si se trata de cambio para borrar las grandes desigualdades. De por sí, prevenir la natalidad implica de algún modo tranquilidad en el orden familiar. No incluyo las migraciones porque no estoy de acuerdo con las migraciones sin controles pero si con el trato justo (al igual que al dominicano) al trabajador haitiano que cumpla con los requisitos legales.

 

Por  Francisco Rafael Guzmán F.

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