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6 de marzo 2026
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OpiniónWinston HernándezWinston Hernández

Las redes sociales y la distorsión de la verdad en la política dominicana 

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RESUMEN

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La comunicación política en la República Dominicana ha experimentado una transformación radical en las últimas dos décadas. Lo que antes dependía casi exclusivamente de la radio, la televisión, los periódicos y los mítines en plazas públicas, hoy se desarrolla en gran medida en el terreno digital, donde las redes sociales se han convertido en una poderosa herramienta para influir en la opinión pública.

Sin embargo, lo que debió representar un avance democrático para fortalecer el diálogo entre políticos y ciudadanos, en muchos casos se ha convertido en un espacio donde la verdad se manipula, se distorsiona y se convierte en arma política.

Durante gran parte del siglo pasado, los partidos políticos dominicanos construían sus campañas a través de medios tradicionales y actividades presenciales. Los discursos en tarimas, las caravanas y los programas de radio y televisión eran los principales mecanismos de comunicación política. En ese modelo, los medios servían como intermediarios entre los líderes políticos y la ciudadanía.

Con la expansión de Internet y el auge de plataformas digitales como Facebook, Instagram, YouTube, X (antes Twitter) y más recientemente TikTok, la comunicación política cambió completamente. Hoy los candidatos pueden hablar directamente con el electorado sin necesidad de intermediarios, lo que en teoría fortalece la democracia y acerca la política al ciudadano común.

Pero la realidad dominicana demuestra que esta herramienta también ha sido utilizada de manera irresponsable.
Las redes sociales permiten una difusión inmediata de mensajes, una segmentación del electorado y una interacción directa con los votantes. Las campañas modernas utilizan publicidad digital, análisis de datos y estrategias de marketing político para posicionar candidatos y construir narrativas electorales.

El problema surge cuando esas herramientas se utilizan no para informar, sino para manipular.

En la política dominicana se ha vuelto cada vez más común la creación de campañas digitales basadas en desinformación, ataques personales, manipulación de videos, noticias falsas y propaganda disfrazada de información. Cuentas anónimas, ejércitos de “bots” y perfiles falsos se utilizan para amplificar mensajes que muchas veces carecen de fundamento o están diseñados para confundir a la población.

Lo más preocupante es que esta distorsión de la verdad no solo proviene de sectores políticos, sino que también encuentra eco en una parte de la ciudadanía que comparte información sin verificarla, convirtiéndose involuntariamente en propagadores de la desinformación.

Las redes sociales, que debían ser un instrumento para fortalecer la transparencia y la participación democrática, han terminado en muchos casos siendo utilizadas como herramientas de manipulación emocional y propaganda política.

En cada proceso electoral dominicano se observa cómo los equipos de comunicación digital de los partidos políticos priorizan el impacto viral sobre la veracidad de la información.

Lo importante no es informar correctamente, sino dominar la conversación digital, aunque eso implique tergiversar la realidad.

Esto tiene consecuencias graves para la democracia.
Cuando la verdad se diluye entre rumores, montajes y propaganda, el ciudadano pierde la capacidad de tomar decisiones informadas.

La política deja de debatirse sobre propuestas y soluciones, y se convierte en una guerra de percepciones donde gana quien logra manipular mejor el algoritmo.

La República Dominicana necesita con urgencia una cultura digital más responsable.

Los actores políticos deben comprender que las redes sociales no pueden seguir utilizándose como plataformas de engaño y manipulación. Y la ciudadanía debe asumir un rol más crítico frente a la información que consume y comparte.

La democracia no se fortalece con propaganda ni con mentiras virales. Se fortalece con información veraz, con debate serio y con una comunicación política basada en la responsabilidad.

Mientras eso no ocurra, las redes sociales seguirán siendo en la política dominicana no un espacio para la verdad, sino un campo de batalla donde muchas veces la mentira viaja más rápido que los hechos.

Por Winston Hernández 

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