Las peregrinaciones de Martín

Por Venecia Joaquín miércoles 13 de diciembre, 2017

Asistir a las peregrinaciones  que organiza Martín Minaya,  es darse un  baño espiritual; es recibir una inyección de paz y alegría; es un estupendo mecanismo para  aprender a  ver  la presencia de Dios en todas las actividades y detalles.

Martín conduce la peregrinación de manera tal, que  en el proceso y sin percatarnos, inyecta los  principios cristianos. Es un arrastrarnos suavemente a poner ladrillos al legado de Jesucristo para ejecutar la obra divina de que seamos felices. Sin fanatismo religioso, con naturalidad, en cada actividad  destaca la importancia de compartir, amar y respetar al prójimo, de la  humildad.

Ha organizado muchas peregrinaciones. Recientemente, fuimos a la Basílica La Altagracia en Higuey. Algunos dirán “yo he ido” Bueno, yo también, montañas de veces pero hacerlo con Martín  es disfrutar de lo hermoso que encierra el ser humano, la naturaleza, la música, es percatarse de que tenemos permanentemente, la presencia de  Dios,  de su hijo Jesús.

Pero  ¿Quién es Martín Minaya? Nació y vive en Moca, en el seno de una familia cristiana. Desde niño decidió entregarse a servir al Todopoderoso. Alto, buen mozo, extrovertido, disfruta buscando ser instrumento de paz, amor  y chispa de alegría.  En la iglesia católica, ayuda los sacerdotes. Es misionero. Ha cultivado su don, asistiendo a seminarios, con lecturas y reflexiones profundas. Ha viajado en  peregrinaciones  por muchas naciones, destacando la presencia cristiana por doquier.

Bioanalista de profesión, Martín, labora en una institución privada y como cualquier persona humana,  baila los ritmos de moda, canta,  hace chiste, disfruta en las playas,  pero sanamente. Dice que esta comprometido con Dios y le es fiel. Resiste las tentaciones, sin que impliquen sacrificio.

Su gran aporte es demostrar, que el éxito de todas las actividades esta en manejarlas esgrimiendo los principios cristianos. Las peregrinaciones que organiza son inolvidables. En el autobús, enciende la chispa. Música variada, bailes, anécdotas, mezclados con momentos de oración, recogimiento, alabanza al creador. Logra  liberar  el  espíritu de los peregrinos  y todos  acabamos unidos.

Es increíble como  rompe con las inhibiciones. Confieso que  me desbordé pero mis amigas también me sorprendieron con sus espontáneas actuaciones. Martín decía que era así  como Dios  nos amaba: espontáneos, sinceros; que no se requiere poder ni bienes materiales; que solo debemos desatar el alma, darle rienda suelta al sentir, sin hacerle daño a los demás; que la vida es un dejarte llevar  de las manos del Todopoderoso.

Llegar a la Basílica, ver la Virgen, conocer el Museo con su historia,   participar de  la Eucaristía, recibir bendiciones, fue sumergir el alma en un río de agua fresca, de   paz espiritual.   Luego,  otros escenarios, tiendas, souvenirs, comidas, ese compartir, complicidad, risas, fue estupendo. Y   en  el autobús, rumbo a casa, la belleza de la naturaleza, la caída de la noche, el silencio, parecería ser el momento esperado por Martín para hacernos sentir flotar, con bellas oraciones.

Indiscutiblemente, las peregrinaciones de  Martín no solo mueven a la reflexión,  sobre el valor cristiano del lugar visitado sino que son de tremenda  ayuda a los padres de familias, a las iglesias, a los gobernantes, pues ponen una sólida plataforma de  principios. Enseñan de manera práctica y sutil,  a ser instrumento de conciliación  en el diario vivir; a  llenar la vida  de alegría y gozo. Ojala estas peregrinaciones, se multipliquen. ¡Dios bendiga y proteja a Martín!

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