«La medida de una sociedad se juzga por la forma en que trata a sus presos.» — Dostoyevski (Escritor Ruso)
Las recientes declaraciones de Roberto Santana, Director General de Servicios Penitenciarios y Correccionales, en respuesta al expresidente Danilo Medina, no solo esclarecen datos, sino que desmontan percepciones equivocadas y revelan el profundo deterioro estructural que encontró el actual gobierno en el sistema penitenciario. Santana explicó que inicialmente había recomendado 34 cambios en el Centro Penitenciario Las Parras, pero al evaluar la magnitud de las fallas heredadas, se terminaron realizando 1,083 modificaciones, un número que por sí solo evidencia la precariedad del diseño, la construcción y la planificación original del centro. No se trató de “retoques”, sino de una reconstrucción integral para corregir lo que él llamó un “desastre presupuestal, desastre de diseño y desastre de construcción”.
Desde el 2020, al frente de la División de Actividades Recreativas Penitenciarias del Ministerio de Deportes y Recreación, he tenido la oportunidad –y sobre todo la responsabilidad– de entrar a los centros penitenciarios del país. Esta labor nos ha dado una visión más humana y realista del sistema. La primera vez que entramos a La Victoria, salimos con un peso emocional indescriptible: depresión, impotencia y un sentimiento de deuda social hacia aquellos ciudadanos privados de libertad que vivían en condiciones inaceptables. Por eso, cuando escuchamos a Santana hablar con datos concretos, entendemos que no se trata de política, sino de dignidad humana.
Las Parras, pese a sus fallas iniciales, representa un avance significativo en la dignificación de los privados de libertad. Santana detalló que, en su diseño original, los inodoros y las camas estaban prácticamente juntos, sin divisiones, sin privacidad, sin ningún concepto de respeto a la persona. Fue necesario readecuar completamente los baños, construir separaciones y reconfigurar las áreas habitacionales para garantizar la mínima dignidad humana. Además, más de 4.2 kilómetros de verjas, garitas y perímetros de seguridad tuvieron que ser reforzados o reconstruidos, porque estaban diseñados de manera deficiente y no cumplían las funciones básicas de seguridad. Que un centro nuevo requiriera tal intervención habla claramente de la irresponsabilidad con la que se ejecutaron esas obras.
Desde mi rol en Ministerio de Deportes y Recreación (Miderec) como encargada de la División de Actividades Recreativas Penitenciarias, donde desde el 2020 hemos llevado programas de recreación, torneos de domino, ajedrez, softball, exhibiciones de boxeo, zumba y aeróbicos, clases formativas de Recreación para convertir a los privados de libertad en recreologos en sus propios centros penitenciarios, acciones que comenzaron en la gestión de Francisco Camacho y continúan desarrollándose con el actual ministro Kelvin Cruz quien entiende la visión del presidente Abinader sobre el sistema y la dignidad humana, hemos estado junto al equipo que coordina el viceministro Leopoldo Portes Soler, el inmortal del deporte Evaristo Pérez y Francisco Raussell y todo el equipo de técnicos calificados en los diferentes centros, conociendo de primera mano las realidades de este sector.
Comprobado tenemos cómo el deporte y la recreación ayudan a cambiar mentalidades, a promover convivencia y a sembrar esperanza en personas que cargan con errores, pero que también merecen oportunidades reales de reinserción. Un programa recreativo puede transformar conductas, pero para que eso suceda se necesitan espacios dignos, estructuras adecuadas y un modelo penitenciario que no reproduzca violencia, sino que fomente disciplina y crecimiento humano. Las Parras, con todas sus correcciones, está más cerca de ese ideal que los viejos centros que por años se normalizaron como depósitos de seres humanos.
La respuesta técnica y detallada de Santana al expresidente Medina no debe verse como un conflicto político, sino como una revelación de la realidad que se ocultó. Hoy, el país tiene en Las Parras un desafío y una oportunidad: convertirlo en el punto de partida para un sistema penitenciario moderno, humano y funcional. La dignidad no es un lujo; es un derecho. Y la manera en que tratamos a quienes están tras las rejas dice más de nuestra sociedad que de sus propios delitos. Escuchar, corregir y avanzar es la única ruta posible.
Solo quienes hemos visitados La Victoria podemos dar fe del horror que es este que ni centro debería llamarse, ahí donde un privado de libertad ha tenido que pagar doble su condena, estar preso y vivir sin dignidad. Las Parras representa un avance para el sistema penitenciario. Y el deporte y la recreación serán piezas fundamentales en transformar en cuerpo, mente, alma y corazón a los privados de libertad.
Por: América Pérez.
Lic. Comunicación Social «Periodismo»
Magíster en Diplomacia y Derecho Internacional
