La verdad es que, cuando me pongo a pensar en lo que ocurrió con la reciente visita de Marco Rubio a la República Dominicana, no puedo evitar recordar The Diplomat, la serie que vi el año pasado y que me encantó. La serie es una auténtica lección sobre cómo la diplomacia y la comunicación son claves en la gestión de relaciones internacionales, algo que es totalmente aplicable a lo que pasó en este caso. En The Diplomat, la protagonista tiene que equilibrar una serie de intereses poderosos de diferentes países, mientras navega por situaciones tensas, algo muy parecido a lo que pasa en la República Dominicana con la relación que mantiene con Estados Unidos, y la influencia creciente de China en la región.
Al igual que en la serie, donde los personajes luchan por manejar las expectativas internacionales y por establecer una narrativa coherente, la visita de Rubio a nuestro país es una clara muestra de cómo la comunicación juega un papel crucial en la política global. Durante su estancia, abordó temas tan delicados como la crisis migratoria en Haití y reafirmó el apoyo de Estados Unidos al control fronterizo dominicano. Pero más allá de las palabras, esas declaraciones también mandan mensajes estratégicos sobre las prioridades y compromisos de ambos países, algo que en la serie es una constante para mantener la estabilidad internacional.
Ahora bien, lo que me parece más interesante de todo esto es cómo se inscribe este encuentro en un contexto geopolítico más amplio. En The Diplomat siempre hay una tensión por las influencias extranjeras y cómo se proyectan en diferentes partes del mundo. Rubio, con su visita, no solo reafirma la presencia de Estados Unidos en la región, sino que también subraya esa política histórica conocida como la doctrina Monroe, que busca evitar la intervención de potencias extranjeras en el continente americano. Es un recordatorio de que las acciones de Estados Unidos en lugares como la República Dominicana no son meras visitas de cortesía, sino una reafirmación de su influencia en el hemisferio, especialmente frente a la creciente presencia de China, que está expandiendo su influencia en América Latina mediante la Ruta de la Seda.
En la serie, los personajes constantemente luchan por gestionar las narrativas a su favor. De alguna forma, Estados Unidos está haciendo lo mismo, buscando establecer una narrativa que refuerce su poder en la región frente a la expansión de proyectos chinos. Las relaciones entre China y varios países latinoamericanos, incluida la República Dominicana, están poniendo a Estados Unidos en una posición donde tiene que competir por influencias, y la comunicación se vuelve un instrumento clave para hacerlo.
Lo que me llama la atención es cómo la visita de Rubio se suma a las de otros Secretarios de Estado durante la administración de Luis Abinader, como la de Mike Pompeo en 2020, que también subrayó la importancia de la relación bilateral. Esto, de alguna forma, demuestra que la comunicación estratégica es esencial para mantener las alianzas internacionales. Como muestra The Diplomat, las decisiones políticas no solo se toman en la mesa de negociaciones, sino que también se tejen a través de la manera en que se comunican y se proyectan.
Y es que, la narrativa que un país crea sobre sí mismo y sus relaciones exteriores tiene un poder inmenso. La República Dominicana, como otros países, sabe que tiene que gestionar cuidadosamente su imagen internacional, porque una comunicación coherente no solo atrae inversiones, sino que también fortalece las alianzas, especialmente cuando se tiene que navegar entre las influencias de potencias como Estados Unidos y China.
La visita de Rubio es un claro recordatorio de que, en las relaciones internacionales, lo que se dice y cómo se dice puede ser tan importante como las acciones mismas. Es una lección de cómo cultivar una comunicación clara, estratégica y transparente para navegar en la compleja política global y, al mismo tiempo, asegurar beneficios mutuos en las alianzas entre naciones.
Por: Lasey Batista Díaz.
