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12 de febrero 2026
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OpiniónAnn SantiagoAnn Santiago

Las grietas del orden mundial

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RESUMEN

Analizando noticia... por favor espera.

Hay momentos en que el mundo entero parece sostener la respiración. No por miedo, sino por incertidumbre. Por la conciencia de que estamos ante un punto de inflexión. Y que las decisiones que se tomen ahora, por potencias que quizá no vemos de cerca, tendrán repercusiones que sentirán incluso los que nunca dispararon un arma.

Eso es lo que está pasando hoy.

La reciente ofensiva contra instalaciones nucleares iraníes —coordinada por Israel con el respaldo táctico de Estados Unidos— no es solo una respuesta militar. Es un mensaje. Es una advertencia. Es también una señal de que los equilibrios geopolíticos están moviéndose, y que nada volverá a ser igual.

Más que misiles: lo que realmente está en juego

El ataque a Fordow, Natanz y Esfahan marca un punto sin retorno en una tensión que venía gestándose hace años. Para muchos, representa una medida de contención frente al avance del programa nuclear iraní. Para otros, una provocación que puede escalar hacia un conflicto regional más amplio.

Lo cierto es que no hay intervenciones limpias, ni guerras sin consecuencias. Detrás de cada decisión hay estrategias, pero también costos humanos, impactos económicos y heridas que no siempre se ven en las noticias.

Según cifras del Instituto Watson, las intervenciones bélicas de las últimas dos décadas han generado más de 4.7 millones de muertes y desplazado a 38 millones de personas. No es un número. Son vidas. Y cada nueva escalada tiene el potencial de seguir engrosando esas cifras.

Una mirada más allá de los titulares

No se trata de señalar culpables, ni de caer en el reduccionismo fácil. Se trata de entender que el mundo funciona como un sistema interconectado, donde las decisiones políticas de una nación impactan directa o indirectamente la estabilidad de otras.

El aumento del precio del petróleo, la presión sobre los mercados internacionales, la volatilidad de las bolsas, la reconfiguración de alianzas diplomáticas… todo eso ocurre como consecuencia de un bombardeo a miles de kilómetros de distancia. Pero lo sentimos todos.

Es el tipo de realidad que exige más que opiniones. Exige análisis. Exige entender.

Estados Unidos: ¿intervención o liderazgo?

En este escenario, Estados Unidos vuelve a jugar un rol protagónico. No como agresor, sino como actor clave dentro de una dinámica geopolítica compleja, en la que la inacción también tiene precio.

Su presencia en Medio Oriente no es nueva. Pero cada decisión tomada —desde Afganistán hasta ahora— ha reconfigurado el mapa político, con aciertos y errores, como ocurre con toda gran potencia.

Más allá del juicio moral, lo que debe preocuparnos hoy es el efecto dominó que se puede activar. Porque el verdadero riesgo no es solo militar. Es estratégico. Es social. Es humano.

¿Qué aprendimos?

Que las guerras del presente ya no se ganan con territorio, sino con narrativa. Que los conflictos ya no son solo entre países, sino entre visiones de mundo. Y que la paz no es la ausencia de misiles, sino la construcción diaria de puentes, acuerdos, diálogo y visión colectiva.

Quizás nunca tengamos el poder para decidir lo que pasa en las cumbres diplomáticas, pero sí tenemos el deber de observar, entender, cuestionar y prepararnos.

Porque lo que hoy parece lejano, mañana puede ser personal.
Y porque la historia no solo se escribe con pólvora, también con conciencia.

Por Ann Santiago

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