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8 de febrero 2026
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OpiniónFrancisco Rafael GuzmánFrancisco Rafael Guzmán

Las Acciones de los  Clubes Juveniles del Ayer en la Ciudad Capital 

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RESUMEN

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Los clubes juveniles populares que existieron en un pasado reciente en todo el territorio nacional realizaron múltiples acciones, como asociaciones de la sociedad civil en los sectores populares,  fueron  muy notorias sus intensas actividades en los barrios no residenciales de la ciudad de Santo Domingo. Fue un espacio organizativo de la juventud de las clases no explotadoras en los años 60, 70 y 80, que no conoce parangón en las épocas anteriores ni en la posterior a esos años, porque esos clubes no eran simples sociedades recreativas. Esos clubes reclamaban de acciones del Estado y ejecutaban acciones ellos mismos, como organizaciones, siempre y cuando esas acciones fueran en beneficios de los sujetos de los barrios.

Esto también lo ponían en práctica los clubes juveniles populares de los pueblos y campos del país, pero en los barrios de La Capital era más notorio, lo cual se debía -entre otras cosas- a que la matrícula de los socios era mucho mayor que en los clubes de las ciudades pequeñas y de los campos y la cantidad de tales organizaciones eran muy grande en los barrios de Santo Domingo. Las necesidades de reclamos de acciones se sentían mucho en la ciudad de Santo Domingo, más que en ninguna otra parte del país. La Falta de escuelas en los barrios populares era muy grande, así como la ausencia de muchos servicios y la titulación de los terrenos de ensanches no residenciales y zonas arrabalizadas.

Las acciones de los clubes de los barrios de La Capital van desde reclamos de los títulos de propiedad, arreglos de las calles, colocación de bombillas, recogida de la basura, denuncia de la prostitución, el alcoholismo y las drogas, así como la campaña propagandística contra la penetración cultural en el país. Algunos clubes de algunos barrios de la principal ciudad del país participaron en campañas de vacunación en algunos de sus barrios.

El Club Desarrollo de la Comunidad de Villa Duarte, por el nombre parecería que fuera asesorado en algún momento por la ODC, pero por los reclamos en contra de la prostitución, se puede decir que era un club juvenil popular, aunque no tuviera vínculos (sino lo tenía) con la Asociación de Clubes del Distrito Nacional. El secretario general de ese club en 1974 era Juan Ramón Jiménez, el cual denunció en una nota de prensa que el presidente del Movimiento de Activistas de la Juventud Independiente (MAJI), aunque no lo mencionó por su nombre, era propietario de un  burdel que funcionaba debajo del local principal de esa organización política, en la calle Primera casa # 141 del sector. Decía que dicho señor explotaba a 10 mujeres en el negocio de la prostitución como trabajadoras sexuales. Dicho grupo político apoyó la candidatura para síndico de La Capital al candidato reformista Juan Rafael Estrella Rojas 1).

En el ocaso de los clubes juveniles populares, en el año de 1986, clubes de los barrios Guachupita, Gualey, Los Guandules, 27 de Febrero, Espaillat,  24 de Abril, Simón Bolívar, La Ciénaga, Cristo Rey y el Ensanche La Fe, denunciaron el aumento del tráfico y consumo de drogas en los barrios de la Zona Norte de La Capital, en el marco del 2do. Curso de Prevención sobre el Uso Indebido de las Drogas que les impartió Casa Abierta en el mes de febrero de ese año 2). En julio de 1973 el Club Amistad y Cultura, del barrio de Villa Francisca, denunciaba el consumo de Drogas 3). Ya antes un club cultural de los más viejos, el Movimiento Cultural del 63 a principios de 1965, antes de comenzar la guerra de ese año, lanzó el primer grito de alarma contra el uso de las drogas y vinculó al uso de ellas a extranjeros que vivían en el país, de lo cual habíamos hecho referencia en algún artículo anterior.

La lucha contra las drogas fue una de las agendas más importantes de los clubes juveniles populares, lo que los colocó como blanco de ataques de los traficantes de drogas, quienes llegaron a lanzar amenazas contra los clubistas. Es el caso del Club Rafael Leonidas Solano del barrio de Guachupita, cuyo presidente fue objeto de una amenaza de individuos con un arma de fuego, quienes se estaban dando a la tarea de vender drogas en las propias instalaciones deportivas del Club y de escuela anexa que funcionaba con el trabajo de los socios del club, dichos individuos se estaban aparentemente aprovechando para ello de la oscuridad de la noche, buscando no ser sorprendidos 4). El presidente del Club Rafael Leonidas Solano en el tiempo del intento de agresión era  Félix Vinicio Lora. Este último, al darse cuenta de que estaban traficando con drogas, les pidió que salieran de las instalaciones del Club y la Escuela y la reacción de ellos fue encañonarlo con el arma de fuego y amenazaron con darle un tiro.

Otros de los reclamos de los clubes fue su oposición a  los desalojos, algo similar a los reclamos de los títulos de propiedad de los inquilinos. En 1965 el Club Recreativo Cultural Flor de la Juventud protestó contra los desalojos de algunas familias en el barrio de Cristo Rey, señalando que otras 600 familias corrían el riesgo de ser desalojadas. Según la denuncia, hubo apresamientos de padres de familias que fueron desalojados de los solares donde tenían sus viviendas y que habían sido destruidas, pero que estos volvieron a construirlas, para no vivir al aire libre con sus mujeres e hijos después de que les habían sido destruidas las que construyeron originalmente en dicho sector 5). Esto ocurría días antes de comenzar La Guerra de 1965, lo que significa que esos desalojos los llevara a la práctica el gobierno de facto del Triunvirato. Debemos entender que se trataba de un proceso de acumulación originaria de capital que estaban protagonizando algunos de los funcionarios de ese gobierno, con los desalojos, ya que ese fue uno de los gobiernos más corruptos que se ha conocido en la historia  del país.

Los clubes juveniles no sólo se preocupaban por tener su local propio, lo que también a veces implicaba una ardua lucha, sino que además reclamaban los derechos de los inquilinos de casas y solares. A menudo,  cuando aparecía un solar para construir un  local o bien se alojaban en una casa abandona o  cuasi abandonada que pertenecía al Estado (Bienes Nacionales), con frecuencia aparecía un funcionario o un político que quería apropiarse de ella.

Por ejemplo, el Club Cultural y Deportivo Enriquillo de Villa Francisca lo  tenían  amenazado de desalojo de su local, por lo que luchaba en 1973 por no dejarse desalojar del mismo.  Ese no era el único caso. Los clubes eran una verdadera sociedad civil organizada, desde la perspectiva de los reclamos de los sectores populares,  de los sectores y clases explotadas, y de las capas medias sensibles a las luchas de los sectores populares. ¿Cuán diferente sería la realidad, la sociedad, si tuviéramos los jóvenes organizados en organizaciones como las que fueron los clubes? O la sociedad sería más justa o estaría en camino de serlo. Violencia de género no habría, ni el crimen organizado y la corrupción administrativa del Estado y de la sociedad civil hubiesen llegado donde han llegado. Deberíamos volver a tener los clubes. Hubo gente que le chocaba el nombre de clubes pese a estar vinculado a ese tipo de asociaciones juveniles, siendo el nombre lo que relativamente menos importa, ya que los clubes juveniles populares no fueron organizaciones ni puramente recreativas y ni tampoco exclusivistas, como por ejemplo los country club. Lo que importa es el trabajo cultural que desarrollaba ese tipo de asociaciones en las comunidades de una manera  tan desinteresada en términos materiales.  La UASD, a través de su vice-rectoría de extensión, debería fomentar la creación de ese tipo de asociaciones de jóvenes en los barrios y comunidades rurales del país.

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  • Periódico La Noticia 21 de abril de 1974, Pág. 13.
  • La Noticia, 06 de marzo de 1986, Pág. 02.
  • La Noticia 24 de julio de 1973, Pág. 09.
  • La Noticia 04 de marzo de 1986, Pág. 06
  • El Caribe 04 de marzo de 1965, Pág. 02.

 

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