RESUMEN
Albert Einstein expresó una verdad sencilla y profunda cuando afirmó que la vida es como andar en bicicleta, que para mantener el equilibrio hay que seguir moviéndose. Hoy, en pleno siglo XXI, esta frase adquiere una vigencia particular.
Vivimos en una época marcada por la comodidad, la tecnología y la inmediatez. Sin embargo, este progreso ha traído consigo un problema silencioso y creciente: el sedentarismo, especialmente entre los jóvenes. Horas prolongadas frente a pantallas de televisores, tabletas y teléfonos móviles han sustituido el movimiento físico, la interacción social y el esfuerzo corporal. El cuerpo permanece inmóvil mientras la mente se sobrecarga de estímulos digitales que poco aportan al desarrollo integral de la persona.
Muchos jóvenes no se mueven, no leen, no hacen ejercicios y no practican deportes. Viven una vida pausada, sentados o acostados, consumiendo contenidos digitales de bajo valor y adoptando hábitos alimenticios poco saludables. Las consecuencias son cada vez más visibles: fatiga temprana, dificultad de concentración, ansiedad, sobrepeso y un deterioro progresivo de la salud desde edades muy jóvenes.
A esta realidad se suma la transformación del modelo educativo. Las universidades han adoptado ampliamente las clases virtuales y las tareas en línea. Aunque este sistema ofrece ventajas y en determinados contextos ha sido una solución eficaz, también presenta riesgos importantes. Se ha reducido la convivencia entre estudiantes, la relación personal, el trabajo en grupo y el sentido de comunidad académica. El aula física ha sido sustituida por una pantalla y el intercambio humano por una conexión digital, dando paso a una preocupante relación Máquina Hombre que empobrece la experiencia formativa.
En generaciones anteriores, los jóvenes compartían espacios abiertos, practicaban deportes, caminaban, corrían y convivían de manera natural. El movimiento formaba parte de la vida cotidiana. Hoy, para muchos, el desplazamiento diario se limita a unos pocos pasos dentro del hogar.
El cuerpo humano no fue diseñado para la inmovilidad. Está hecho para moverse, activarse y responder al esfuerzo. Cuando se priva de movimiento, se debilita. Una juventud sedentaria difícilmente podrá aspirar a una vejez saludable. De mantenerse esta tendencia, no es exagerado prever una población adulta con mayores niveles de dependencia y enfermedades crónicas, no por falta de capacidad intelectual, sino por ausencia de actividad física.
Einstein no se refería únicamente al equilibrio corporal, sino al sentido mismo de la vida. Avanzar, adaptarse y mantenerse en movimiento es una condición esencial para conservar el equilibrio personal y social.
Moverse no implica únicamente hacer ejercicios. También significa leer, pensar, crear, interactuar, aprender y participar activamente en la sociedad. Supone sustituir la pasividad por la acción y el aislamiento por la convivencia.
El mensaje es claro y urgente. La vida, como una bicicleta, solo se sostiene cuando está en movimiento. El futuro de nuestros jóvenes y, por extensión, de nuestra sociedad, depende de que retomemos el valor del movimiento, hoy y no mañana.
Por Félix Correa
