RESUMEN
En Búsqueda de la Salud Integral
Para todos los que vivimos en sociedad, ya sea en las comunidades rurales, pueblos, los cuales en su mayoría, para nada están aislados, incluso con una comunicación nunca antes tenida, y en las ciudades tan particulares de la República Dominicana, en las que no hay mucha planificación u orden en relación al crecimiento urbanístico, donde las cosas al parecer se hacen a remiendos y tapando las deficiencias con parchos todas, de una forma u otra, ninguno estamos ausentes de la celebración de las navidades.
A los que vamos avanzando en años, desde que escuchamos en la radio de los vehículos: Volvió Juanita, y en los lugares de comercio los villancicos, así como las luces y decoraciones propia del tiempo de la Pascua del Nacimiento del Niño Jesús, se nos despiertan los sentimientos, las emociones, nos invade la añoranza, afloran los recuerdos de los momentos difíciles de tantas épocas y situaciones que se pudieron superar, y nos visita la esperanza de que las cosas deben y pueden mejorar.
Más que nunca, para esta Navidad 2024, la Iglesia Católica con toda su sabiduría de tantos siglos y conocedora de lo que son capaces los espíritus humanos nos regala el Tiempo del Adviento como preparación para volver a nuestras raíces culturales, a lo más sencillo, a lo más hermoso, a la tranquilidad, a tener una mirada positiva y alejarnos de todo lo que es dañino para buscar ser mejores personas, y de lugares y agrupaciones conflictivas, tóxicas y no bien encauzadas distanciarnos por nuestro bien y el de los nuestros.
Buscamos vivir unas navidades que contribuyan a nuestro mejoramiento mental. ¡Que nuestro organismo no sufra por los atracones de comidas que tienen tanto sabor, pero a la larga, junto con las muchas bebidas alcohólicas que pensamos nos alegran, en realidad lo que hacen es atrofiarse dañando nuestro organismo! También tenemos que pensar en la seguridad física. Ya las cosas han cambiado tanto. Todos los que somos nativos de esta tierra utilizamos una expresión que se aplica tanto para esta época: la gente cree que en navidad el mundo se está acabando. Son tantos los que de manera desenfrenada piensan que tienen que comer, beber y gozarse lo que nunca pudieron hacer e incurrir en excesivos gastos. Esta mentalidad estrecha que aplican al Tiempo de la Navidad, también la tienen para la Semana Santa.
Vamos a recuperar la intencionalidad y el objetivo de estas dos celebraciones de la fe cristiana con nuestros buenos propósitos para estas navidades y para el año 2025. De ellos, hemos de enumerar primero, y antes que nada, el recorte de los gastos económicos sin sentido del descontrol en la búsqueda de una satisfacción placentera que a la larga no pasará y mantendrán una factura en números rojos.
Los dominicanos tenemos la costumbre de gastarlo todo, incluso lo que no tenemos, y de endeudarnos al no pensar que en enero los comercios y los servicios públicos para nuestras necesidades básicas nos tienen sometidos con sus altos precios siempre en alza. Recortemos tantos gastos superficiales. Escuchen esto padres de familia, esposos, familiares, educadores, la voz de sus hijos: enséñame a economizar, a disfrutar de lo más sencillo, a evitar los derroches y los gastos innecesarios.
El gasto excesivo en ropas para fiestas, en centros de belleza, en lugares de diversiones, en viajes, en banquetes fastuosos. Al abandonar todo esto hemos de trabajar en mejorar como personas, ser más solidarios, pensar, caer en la cuenta que la gran mayoría de la población no tiene para, vestir para alimentarse, ni para tener un encuentro familiar. Pensemos en la población de escasos recursos y no solamente ellos, sino muchos en sectores actuales en pujanza que no tienen la educación ni las buenas costumbres, la noción tan elemental de que para pasar un buen momento no hay que emborracharse, no hay que tener una música escandalosa altisonante.
El comedimiento debe ser lo primordial para la integridad física de las personas que quiero tanto. Evitar las locuras manejar vehículos de manera desenfrenada sin control, el frecuentar lugares de baja reputación y de total inseguridad, así como los espacios en que ocurren altercados violentos. El calor del hogar debe de ser la pauta para prepararnos a vivir el Tiempo de la Navidad.
¡Qué mejor lugar que la casa propia! No hay sitio más cómodo, más auténtico, de mayor sobriedad que la propia vivienda, sin hacer gastos que no están al alcance, estilos de vida que esclavizan con la presión de producir sumas inmensas de dinero. En cambio, reunirse con 2 o 3 amigos y sus familias, con horarios razonables y mantenerlos con rigurosidad garantiza el equilibrio de vida. Casi todos tenemos que trabajar y hacer los servicios que nos corresponden cada día, incluso en los mismos días de asueto. En los días festivos hay que ocuparse de todo. No es racional el desenfreno y la francachela. Esa no es la verdadera felicidad.
Reunirse con las amistades, familia, y con lo más simple y práctico en Navidad. Como se dice en buen dominicano, con traje. Cada quien lleve para compartir una picadera, una bebida sencilla, que no pase de los límites de la prudencia, la decencia. Lo saludable es un compartir sereno y breve.
Siempre que hay amanecidas, festines que desbordan lo tradicional, reuniones no comunes, de allí no salen buenos resultados. Por citar eventualidades ocurridas de estos tipos de encuentros, las personas bebidas provocan conflictos y momentos muy desagradables. Algunos en la familia están esclavizados, en especial las mujeres, a satisfacer caprichos de otros. Lo apropiado de estas fechas es que todos se ayuden mutuamente, poder tener una conversación agradable de lo que es lo más positivo, que nadie se sienta utilizado, ni se intente sacar provecho de nada.
El dato de la fe es sumamente importante para estas fechas. Recordar buenos momentos, orar y narrar tantas cosas buenas de nuestros seres ya fallecidos, y que se recuerdan tanto por estos días. No olvidar a los mayores y hacer muchas obras de caridad. Ustedes padres de familia, qué buena cosecha han de tener si enseñan a sus hijos, los abuelos a sus nietos, y se reúnen para llevar asistencia de medicinas, de comidas elementales y aprovechables, de uso fácil y a corto plazo, a tantos hogares de niños, de ancianos abandonados, a lugares donde hay enfermos, de personas que está, en rehabilitación, incluso de ser posible y seguro, a lugares donde personas privadas de libertad con razón y sin razón, merecen un trato humano.
No solamente esperar recibir, y olvidarse de regalar tanto de lo innecesario. Algunos tenemos recuerdos de cuando nuestros padres nos regalaron tanto que no supimos valorar ni agradecer tanto y el sacrificio que tuvieron para consentirnos. Abandonemos la mala costumbre de una cantidad de regalos, incluso regalos muy caros, y otros regalos que no son útiles ni de consumo inmediato, tales como bebidas, comidas, presentes y otros que se almacenan y se olvidan. Conocemos el caso de tantos que hacen regalos tan caros, y estos podrían emplearse en el bien de tanta gente que no tiene nada, que carece de todo, que para ellos lo imprescindible para vivir es un lujo y su vida es un verdadero infierno por la carencia de alimentos y medicinas para satisfacer su hambre y sanar su enfermedad, sumado a esto, lo más grave que es el abandono, la soledad, el desprecio.
Es un tiempo ahora para detener nuestra atención hacia los extranjeros que están en esta tierra, que han tenido que venir por asuntos económicos, por situaciones políticas insostenibles. Es mucho más la gente buena que está con nosotros, como ocurre con los dominicanos que están en otras tierras. La mayoría es gente de trabajo, que van en busca de un mejor futuro, de oportunidades que nuestro país les negó para su propia familia. Para ayudar a los que están aquí, dejaron atrás todo lo propio. Ellos también merecen la Navidad de Jesús, El Señor de la Justicia, de la Paz, de la Solidaridad.
Queremos tocar el aspecto anímico a vigilar en estos días. ¡Cuántas personas se amargan en esta época pensando en viejos amores, insatisfechos por lo que tuvieron o no alcanzaron! Dolores, maltratos pasados y pérdidas les afectan tanto todavía. Hay que cuidar la estabilidad emocional. No podemos dejar que nos hagan presa las emociones y los sentimientos que en estos tiempos están a flor de piel. Hemos de buscar los espacios más sanos. No hay que estar dando brincos. Romper con la idea de que si no estoy bailando hasta el amanecer voy a ser infeliz. A la larga el trasnoche hace mucho daño. Mientras más tranquilo, mientras menos bulla, estamos más cerca de la verdadera Navidad. de ese lugar silencio en que dio a luz la Virgen María al Salvador del mundo. Es el lugar en que San José buscando, encontró donde naciese su hijo adoptivo y cuidarle, junto a la Madre.
El lugar del nacimiento del Niño Dios es el lugar en que solo pudieron compartir con los más humildes, con los más rechazados, con los mal vistos, que eran los Santos Pastores. Pensemos en tantos vigilantes, los llamados guachimanes, muchos de avanzada edad, que tienen que hacer un trabajo inhumano, solitario y riesgoso, de vigilar un local, un comercio, oficinas o casas mientras sus propietarios y jefes están de fiestas. Estos vigilantes dejan la vida por unos pocos pesos para su sustento y para su familia. Pensemos en las empleadas domésticas, en los meseros que atienden lugares de comidas y fiestas llevando lo que le solicitan los clientes. Muchas personas que tienen que trabajar en festividades, en los diversos centros que no cierran por ofrecer servicios básicos y trabajan muchas veces sin una regalía extra por los tiempos especiales. Todos ellos también merecen vivir la Navidad unos días después, con su familia, con su gente, con sus amistades, para dar gracias porque brillará nueva vez, como cada año, la Estrella de Belén. Esa que se divisa desde aquella cueva en que nació el Dios humilde y desposeído de toda su grandeza sin abandonarla, el hijo de Dios, nuestro verdadero rey, nuestro auténtico guía.
Vienen a nuestra mente también aquellas celebraciones de antaño. En muy pocos lugares se celebra la Misa del Gallo. Es un reclamo nuestro. Como sacerdote, trato de celebrar la misa de las 12:00 de la noche, aunque sea con poca gente. No podemos dejar que la mundanidad, el desenfreno comercial. el sin sentido nos arrope.
Se escuchan los días después tantos comentarios: grité mucho, bailé mucho, bebí mucho, gasté mucho, hice mucho ruido, pero en el fondo me siento vacío, no estoy satisfecha, quiero algo más de la vida. Lo más importante es que se aproxima la Navidad, viene el Año Nuevo, Los Reyes Magos, y para los que somos de otra época, hay que enseñar quién es la Vieja Belén. Ella es nuestro auxilio especialmente para los papás y aquellos que quieren hacer un regalo. o como se decía en otra época, dar un cariñito, un presente, un regalo afectivo y no se pudo porque los recursos no dieron durante el mes de diciembre y enero hacer el regalo.
Los juguetes no bélicos son los apropiados para los niños. La tecnología a los adultos nos ha hecho sus prisioneros. De ella, recuperen padres y abuelos a sus hijos pequeños, a sus nietos que están creciendo. Ustedes pueden controlar, de manera sabia y pedagógica, los celulares, las tablets, la televisión, los juegos impropios. Evitan que se críen como hombres y mujeres violentos, con pensamientos, conversaciones y metas oscuras. Enséñenles que el dinero no es el sentido principal de vida, que la verdadera religión es el desprendimiento, que la verdadera vida que Dios quiere para nosotros es la vida más normal, sana, donde el deporte, el trabajo afanoso, el sueldo administrado para cumplir con los deberes ciudadanos, es lo mejor para la familia, sin que la maldición de los lujos, la fastuosidad no los posea. Abandonar el querer enseñar a los demás lo que no se tiene bien habido por las redes sociales, la vida de sus hijos y nietos debe ser una vida de claridad, de honor, de darle a los jóvenes una mejor sociedad.
¡Qué hermoso en familia usted vaya el 25 de diciembre! De una manera sobria, bien descansado, a la Misa o a las actividades de la religión que usted practique para encontrarse todos con Dios. No es tiempo de muchas carreteras y de acudir a muchos lugares de esparcimiento porque muchas personas andan descontroladas. Juntos en familia dense el abrazo de la paz y hagan los propósitos del año nuevo 2025 que parece que viene muy duro muy difícil en lo económico de afrontar y con la voluntad decidida de trabajar de mejorar, de estudiar más de estar más capacitados, de aquello que sentimos que nos falta por realizar en la vida para el servicio de los demás, para realización propia.
Si nos sentimos limitados, frustrados, echados a un lado, será tiempo con esos buenos propósitos, de buscar algunas metas viables que se tengan a mano, de realizar hacer cursos de capacitación, de potenciar habilidades que quizás tenemos guardadas. Es un tiempo hermoso para recordar tradiciones, para hacer llamadas y enviar mensajes de aliento.
Recomendaciones en estos días: no dejen los arbolitos de Navidad prendidos… pueden ocasionar un incendio… hay que estar cerca cuando están prendidos y apagarlos cuando no estamos. Igual que velas, evitar accidentes igual que los fuegos artificiales. A la vez es tiempo de no esperar recibir para no quedar defraudados. No esperar cosas a cambio, sino tener la satisfacción de ayudar a quien le debemos auxilio porque están en grave necesidad. No podrán devolvernos la ayuda que les demos, y esta será sin publicar lo que hacemos de bien. Toda ayuda no puede pasar de los límites de la mesura, ni de lo que nos sobra, sino de aquello que en verdad necesitamos, de aquello que nos duele y que pone a prueba nuestra fe de que Dios proveerá.
El 25 de diciembre pedimos tener la noche más práctica y sencilla, en la que todos ayuden a recoger, a lavar los platos de la comida familiar, a poner en orden las cosas y que todos nos quedemos juntos. ¡Cuiden a sus jóvenes! Pueden salir en otras ocasiones más prudentes que Año Nuevo.
El Tiempo de la Navidad no termina después del 25 de diciembre, ni tampoco con el Día de Reyes, sino el domingo siguiente al día de Reyes Magos, el Día del Bautismo del Señor. Cada vez somos más quiénes dejamos las decoraciones de Navidad hasta el día 2 de febrero, La Señora de la Candelaria, la Presentación de Nuestro Señor Jesucristo en el templo por parte de sus padres, La Virgen María y su Padre Adoptivo San José. Mucha paz en esta Navidad pido para ustedes y tranquilidad.
Por: Padre Manuel Antonio García Salcedo.
Arquidiócesis de Santo Domingo
