En el canal de YouTube de la cadena de noticias alemana DW (Deutsche Welle) circula un video titulado “Por qué cada vez menos latinoamericanos quieren ir a la universidad”, donde se plantea una preocupación cada vez más visible en nuestra región: la disminución del atractivo de la educación superior frente a las expectativas del mercado laboral. El análisis, que parte de cifras y testimonios, muestra un panorama donde miles de jóvenes cuestionan la “utilidad” de invertir años y recursos en una formación universitaria que no siempre se traduce en empleos dignos, sostenibles ni bien remunerados.
El video describe una realidad evidente: miles de egresados universitarios enfrentan dificultades para insertarse en el mercado laboral, mientras cargan con deudas y expectativas incumplidas. El desfase entre oferta académica y necesidades productivas es un hecho palpable en países de la región. Carreras saturadas, currículos desactualizados y escasos vínculos universidad-empresa generan una percepción de “inutilidad” de la educación superior en términos estrictamente económicos.
En este marco, muchos jóvenes optan por la formación técnica, la capacitación práctica o incluso por caminos autodidactas, cuestionando el monopolio de la universidad como garante de movilidad social. Esta visión pone sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿qué utilidad tiene invertir años y recursos en una formación que no asegura sustento ni progreso?
Pero esta visión, que en parte responde a una realidad innegable, corre el riesgo de reducir la universidad a un simple trampolín hacia el empleo. Y aquí resulta oportuno recordar el pensamiento del profesor y humanista italiano Nuccio Ordine, quien en su obra La utilidad de lo inútil (editorial acantilado 2013) advierte contra los peligros de someter todo conocimiento al cálculo de la rentabilidad económica. Ordine sostiene que disciplinas como la filosofía, la literatura, la historia del arte o la ciencia pura —a menudo consideradas “inútiles”— son en realidad esenciales para la vida humana.
Para Ordine, reducir la educación a su rentabilidad inmediata es empobrecer la vida misma. El saber no es solo un instrumento económico, sino un fin en sí mismo que cultiva la libertad, el espíritu crítico y la sensibilidad. Dicho de otro modo, la “inutilidad” del conocimiento humanista resulta indispensable para formar ciudadanos plenos, no solo trabajadores eficientes.
La contraposición entre el diagnóstico latinoamericano y la tesis de Ordine abre un campo de reflexión enriquecedor. El video reclama pertinencia y empleabilidad; Ordine reclama dignidad del saber más allá del mercado. ¿Son incompatibles ambas visiones? No necesariamente. El verdadero riesgo no es que la universidad forme empleados poco competitivos, sino que forme individuos sin espíritu crítico ni sensibilidad humana, reducidos a engranajes de un sistema económico.
Como educadores, debemos enseñar a nuestros estudiantes que aprender no es solo “invertir en el futuro profesional”, sino también cultivar la mente y el espíritu. La universidad debe ser a la vez puente hacia la empleabilidad y espacio de resistencia humanista. Solo así podrá reivindicar la verdadera “utilidad de lo inútil” en medio de un mundo que insiste en medirlo todo en términos de rentabilidad inmediata.
En tiempos donde muchos jóvenes dominicanos y latinoamericanos se preguntan si vale la pena ir a la universidad, la reflexión del video de YouTube y la obra de Nuccio Ordine nos invitan a no caer en falsas dicotomías. La educación superior debe ser útil, sí, pero no solo para conseguir un empleo, sino también para vivir con dignidad, libertad y sentido. Porque, como bien decía Ordine, es en la aparente “inutilidad” del conocimiento donde se esconde su más profunda utilidad.
El autor es catedrático y consultor empresarial.
Por: Andres Rojas, MBA
