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13 de marzo 2026
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OpiniónJhonny RosarioJhonny Rosario

La ultraderecha latinoamericana: Un desafío global a la democracia

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RESUMEN

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El resurgimiento de la ultraderecha en América Latina no es un fenómeno aislado. Forma parte de un complejo reordenamiento geopolítico global que responde a una confluencia de factores económicos, sociales y políticos, tanto locales como internacionales.

Este giro hacia ideologías más conservadoras y, en muchos casos, extremas, está remodelando el mapa político de la región y rescatando viejos temores y divisiones que muchos creían superadas. Sin embargo, lo que en muchos casos parece ser una reacción a los fracasos del sistema democrático, es también un reflejo de un mundo cada vez más polarizado y de una crisis de gobernanza que afecta a las democracias liberales en todo el planeta.

El contexto de este fenómeno debe analizarse más allá de la retórica populista y de los líderes que encarnan estos movimientos. El auge de la ultraderecha en América Latina, representado por figuras como Jair Bolsonaro en Brasil, Javier Milei en Argentina o Nayib Bukele en El Salvador, no puede entenderse sin situarlo en el marco de una crisis global de confianza hacia los modelos económicos y políticos tradicionales.

A nivel internacional, la globalización ha provocado una creciente desigualdad económica y un aumento en las tensiones sociales, mientras que los procesos migratorios y las crisis regionales han exacerbado los sentimientos nacionalistas. América Latina, históricamente vinculada a los centros de poder global, se ve ahora atrapada en las redes de una política internacional cada vez más fragmentada y un mundo multipolar en formación.

En un mundo cada vez más interdependiente, América Latina no está ajena a la influencia de los grandes cambios geopolíticos. Las políticas de austeridad impulsadas por organismos internacionales, la creciente diseminación de movimientos nacionalistas y proteccionistas, y la tensión creciente entre potencias como Estados Unidos, China y Rusia, están moldeando un entorno internacional que pone a prueba las estructuras democráticas.

En este contexto, la respuesta de los gobiernos ultraderechistas en la región ha sido mirar hacia modelos autoritarios, con un fuerte énfasis en el orden interno, la seguridad y la defensa de los valores tradicionales, buscando generar soluciones inmediatas a problemas complejos.

Es en este escenario donde los movimientos de ultraderecha han sabido canalizar el descontento generalizado hacia las élites políticas, utilizando la narrativa del «populismo» como una vía de escape de la frustración social. Al igual que en Europa o Estados Unidos, el llamado a «recuperar el control» frente a las fuerzas globalizadoras ha ganado terreno.

Los líderes ultraderechistas de América Latina han logrado capitalizar el malestar social por la desigualdad, la inseguridad y la corrupción, prometiendo un retorno a valores nacionales y una centralización del poder que muchos consideran como la única solución a los problemas más acuciantes de la región.

En Brasil, la elección de Jair Bolsonaro en 2018 marcó un hito en este proceso, al igual que la irrupción de Javier Milei en Argentina con su discurso liberalista radical. La ultraderecha en América Latina no surge de la nada, sino que es la consecuencia de un ambiente geopolítico mundial que ha favorecido el ascenso de figuras que promueven el nacionalismo, el proteccionismo y la exclusión.

En este nuevo orden global, la tecnología juega un papel fundamental. Las redes sociales, como herramienta de comunicación directa, han permitido que los discursos ultraderechistas se difundan de manera masiva y sin las restricciones tradicionales de los medios de comunicación.

Esto ha sido clave para el fortalecimiento de los movimientos de derecha en América Latina, al otorgarles un espacio de visibilidad y de conexión directa con las bases populares.

A medida que los movimientos de derecha se globalizan, las alianzas entre gobiernos y líderes con visiones similares se vuelven cada vez más fuertes. Esto también tiene consecuencias geopolíticas, pues no solo afecta la política interna de los países, sino que también redefine sus relaciones exteriores, especialmente en un contexto de competencia por influir en la región.

El regreso de la ultraderecha a la escena política de América Latina es un claro desafío para las democracias de la región, que, en muchos casos, han estado luchando por consolidarse después de los ciclos autoritarios del siglo 20. A medida que los movimientos ultraconservadores ganan terreno, se plantea la cuestión de si la democracia misma puede sobrevivir a este embate.

El reto para América Latina será encontrar una forma de integrar las demandas de cambio social sin recurrir a soluciones autoritarias que desmantelen las estructuras democráticas. En este sentido, los líderes de izquierda, que en décadas pasadas buscaron soluciones en el progresismo económico y social, deben repensar sus estrategias y cómo abordar las nuevas realidades geopolíticas y sociales de la región, sin caer en el error de subestimar la fuerza de los movimientos ultraderechistas.

El auge de la ultraderecha en América Latina es un fenómeno que responde tanto a factores internos como externos. En un mundo cada vez más polarizado, los movimientos ultraderechistas se han convertido en una respuesta a la crisis global de gobernanza, influidos por el resurgimiento del nacionalismo y el proteccionismo.

Sin embargo, más allá de las figuras políticas que representan este auge, el verdadero reto para la región será cómo preservar sus democracias en un contexto geopolítico global que favorece cada vez más el autoritarismo y la exclusión. A medida que el continente navega por este mar de incertidumbres, es fundamental que reflexione sobre los peligros de la radicalización política y se enfoque en encontrar soluciones inclusivas que fortalezcan sus instituciones democráticas y su cohesión social.

Por Jhonny Rosario

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