RESUMEN
*Porque la universidad es otra cosa
Resulta paradójico que los beneficios institucionales arduamente conquistados se pongan en riesgo por actitudes que reproducen esquemas de comportamiento ajenos al espíritu universitario. Esas prácticas, que generan paralelismos innecesarios con los partidos políticos, distorsionan los principios fundamentales de convivencia digna que deben cultivarse, preservarse y consolidarse dentro de la academia.
La Universidad Autónoma de Santo Domingo, Primada de América, ha sido históricamente un referente de prácticas democráticas, de movilidad social y de expansión del pensamiento crítico. Ha contribuido a transformar la vida de generaciones, tanto a nivel individual como barrial y nacional. Sin embargo, preocupa la tendencia reciente de emular las lógicas del sistema político partidista del país.
Es urgente rescatar el respeto por la institucionalidad académica. Quienes aspiran a cargos electivos dentro de la universidad deben comprender que la naturaleza de la academia es profundamente distinta a la de los partidos políticos. La universidad no debe ser un apéndice de la lucha electoral ni un terreno para la reproducción del clientelismo.
Ser candidato a una posición académica no equivale a competir por un cargo político. Ser electo para dirigir una unidad académica exige un compromiso ético con la misión universitaria, no una estrategia para perpetuarse en el poder.
Las reformas dentro de la academia, cuando necesarias, deben surgir del consenso razonado del claustro y no de intereses particulares disfrazados de mayoría. La reelección académica, si se contempla, debe estar regulada por los principios de transparencia y responsabilidad institucional, no por la lógica de control político que impera en otras esferas del Estado.
Igualmente, preocupante es el fenómeno del “funcionario electo que deja de ser académico para convertirse en operador político dentro de la universidad”. Este tipo de conducta no solo atenta contra la esencia universitaria, sino que erosiona la credibilidad de la institución ante la sociedad.
La universidad es otra cosa: es docencia, investigación, extensión y gestión ética del conocimiento. Es la cuna de las ideas, no la oficina alterna de ningún partido. Es gerencia académica, no plataforma electoral.
En resumen, la universidad debe reafirmar su rol como referente institucional. Solo actuando con coherencia entre discurso y práctica, podrá convertirse en un agente transformador real. Solo fortaleciendo su ética interna podrá defenderse de las agresiones externas de quienes, guiados por intereses personales, ven en ella un botín más de su ambición.
POR EL DR. PABLO VALDEZ
