RESUMEN
Desde que el hombre ocupa la tierra, en forma especial se adhiere al esfuerzo por mejorar sus condiciones de existencia y para lograrlo descubre lo que se denomina como el “trabajo”. Se trata de una actividad de múltiples facetas, considerada como esencial para la subsistencia. Es un esfuerzo que inicia con la recolección de frutas y vegetales para la alimentación personal y grupal de un errante y deambulante Ser, carente de un lugar estable para vivir, obligado circunstancialmente a caminar detrás de la recolección, la caza y al pastoreo ambulante.
Esa génesis del esfuerzo, se transforma en el trabajo del labrador, del sembrador y del criador de ganado sedentario en un territorio determinado. Poco a poco, y a través de la esclavitud, el feudalismo y el capitalismo, la economía se convierte en el motor de las transformaciones a través de la burguesía.
La tecnología ha creado nuevas vías de producción de riqueza y ha transformado el poder político.
Antes de entrar en una explicación breve sobre la mutación de la burguesía hacia el dominio de los actores tecnológicos de la economía (cuestión que haré en el próximo articulo), es preciso analizar el concepto «trabajo», ese multifacético fenómeno que lo ha transformado todo, a través del dominio del poder generado desde la organización de los modos de producción que el hombre se ha dado.
Ya antes de organizarse en grupos nómadas, en tribus y poblados organizados, el hombre cruzó los límites del leño hacia la piedra, para iniciar las eras primitivas y luego al dominio del hierro y todos los metales a través del mazo y el fuego. En el caso de América, la piedra obsidiana era utilizada por los guerreros de diversas culturas mesoamericanas, especialmente los aztecas, como material para crear armas afiladas y mortales.
La transformación del trabajo se puede entender con mayor facilidad, desde diversas perspectivas, es decir, desde la económica, desde el ámbito social y desde la física.
En lo general, el trabajo se refiere a la actividad humana orientada a la producción de bienes o servicios, con o sin remuneración, y que satisface necesidades o aporta valor a la sociedad.
El siglo XX aceleró la transformación del trabajo y diversificó la producción, pero, el siglo XXI amenaza con cambiar toda la cultura del trabajo a través de la digitalización, la automatización robótica y la Inteligencia Artificial (IA). Se habla de hospitales sin personal humano con capacidad extraordinaria de eficiencia en cuanto a competencias y número de pacientes atendidos con más de un 93% de certezas en cuanto a diagnósticos, medicamentos y acompañamiento en el hogar.
La digitalización junto a la IA, revolucionan eficazmente las tareas y la implementación de nuevas formas tecnológicas, cambiando maneras de cómo se desarrollan las tareas y abriendo paso a oportunidades para un personal especializado en las nuevas asignaciones laborales.
Se producen en forma acelerada grandes cambios en las expectativas de los empleados, que busca mayor flexibilidad para posibilitar el trabajo remoto, buscando equilibrio entre la vida de la gente y sus labores profesionales.
El aislamiento en el hogar, constituye un duro golpe a la cohesiona sociolaboral, pero, bien empleado el uso del tiempo, podría beneficiar a la integración familiar y al rescate de las relaciones padres e hijos.El siglo XXI acelera en forma inusitada cambios estructurales en las organizaciones empresariales, cruzando desde modelos jerárquicos a modelos horizontales, facilitando la colaboración, una mejor relación interpersonal, esa que logra procesos de mayor flexibilidad y eficiencia.
Los cambios son profundos y avanzan a pasos de gigantes, impactando en la transformación del trabajo. Estos cambios exigen nuevas destrezas y habilidades, para adaptarse a los nuevos desafíos, incentivando la creatividad, obligándoles a esforzarse para resolver problemas, teniendo que asumir riesgos gestionados con inteligencias múltiples y desarrollando una comunicación efectiva, directa y clara.
Sobre esta praxis, la autonomía responsable ha de estabilizarse para agenciar la necesaria confianza, procurando una mayor flexibilidad, desde la mirada jerárquica.
Entonces, los horarios sucumbirán ante la realidad de los resultados, gracias a las nuevas tecnologías y a los nuevos modelos del trabajo remoto.
Se trata del trabajo análogo combinado con el digital, del trabajo totalmente remoto, no hibrido, del trabajo por encargo y del trabajo por proyectos.
Ese es el futuro que nos llega sin pedir permiso.
Esta realidad requiere cambios en la organización y gestión de las entidades que trabajan sobre el mundo cognitivo, es decir, las escuelas, los institutos y las universidades.
Por: Francisco Cruz Pascual.
