RESUMEN
La escena artística contemporánea en República Dominicana vive un momento de profunda efervescencia, un desafío, caracterizado por la ruptura con los límites tradicionales de las bellas artes. Este cambio no solo contempla lo estético, sino una estrategia crítica para abordar nuestra heterogénea realidad insular. Hoy, la Transdisciplinariedad se proyecta como lenguaje predominante sobre la pintura, aún viva, pero que cede espacio a formatos más dinámicos e inclusivos.
El abandono del formato bidimensional a favor del videoarte, la instalación y el performance pareciera más que tendencia, ya que estos medios permiten a los artistas construir narrativas que el público puede experimentar y recorrer, logrando una inmersión en el “cubo blanco” que el cuadro tradicional no puede ofrecer. Estas acciones muchas veces se valen de lo cotidiano para convertirlo en un vehículo cargado de crítica social; la revisión del archivo para la construcción de la memoria.
El videoarte y el performance se refuerzan desde la “dimensión temporal” que permite fundamentar el discurso artístico. Otras formas como el collage digital y la fotografía intervenida permiten a los creadores deconstruir y recontextualizar, por ejemplo: imágenes históricas o mediáticas, abriendo debates sobre la historia oficial, procesos migratorios, geopolítica, medioambiente; y además redimensionar lo efímero.
Esta libertad metodológica reconfigura el campo estético, proponiendo además la inserción de la producción local en el diálogo global. Lo que hace poco se presentaba como vanguardia (tecnología y lo digital) ahora son parte de un listado que se amplía e incluye lo textil (hilos y técnicas de bordado), reivindicando la artesanía, recursos anteriormente vinculados solo a la memoria doméstica, cobran fuerza dentro del contexto identitario caribeño evidenciando que la elección de los materiales es también un acto de significado.
El desplazamiento bidimensional traspasa el Post-Minimalismo y el Arte Conceptual, es la fusión de medios la que intenta liberar al arte de ser un objeto físico permanente e insiste en la presentación de la idea, el concepto o la acción. Sería una exageración polémica plantear la “muerte de la pintura”, más bien se trata de su remodelación dentro de un panorama mucho más amplio donde el arte bidimensional es ahora una opción entre muchas prácticas válidas o posibles.
Por: Alescar Ortiz.
