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9 de febrero 2026
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OpiniónFélix CorreaFélix Correa

La suma de todos los miedos

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RESUMEN

Analizando noticia... por favor espera.

El título proviene de una película donde ocurrió lo que nadie esperaba pero que, en el fondo, todos temían. Algo parecido está pasando en la República Dominicana, donde pareciera que los temores se nos están acumulando uno encima del otro. La seguridad ciudadana está de capa caída, y no me refiero únicamente al temor de un asalto o un atraco. Hablo también de la peligrosa rutina en la que se han convertido los accidentes de tránsito, como si fueran una especie de cuota diaria que debemos cumplir.

Ayer recorrí un pequeño tramo desde la Máximo Gómez hasta el kilómetro 14 de Las Américas. En ese corto trayecto vi un motorista debajo de un Sonata, varios vehículos impactados y una persona que había perdido la vida tras ser impactada por un vehículo. Una escena fuerte, pero lamentablemente ya no sorprende. Los motociclistas te pasan por el lado sin importar lo que cueste tu carro, te rayan, te rompen los retrovisores, se estrellan en los bompers, guardalodos y puertas, y siguen como si el vehículo averiado fuera propiedad de ellos.

A esto se suma algo igual o más preocupante: la manera en que muchos buscan resolver cualquier inconveniente. Golpes, armas de fuego o blancas, bates que salen de los baúles para romper cristales, retrovisores y también la calma del que se atreva a pasar cerca. Vivimos un nivel de tolerancia en cero. Nadie quiere esperar, todos exigen soluciones inmediatas y cualquier roce se convierte en una chispa.

Debemos preguntarnos seriamente si estamos viviendo en una especie de selva urbana, donde cada quien sobrevive por su cuenta y donde, en medio de tantos problemas, las autoridades parecen no hacer lo suficiente o simplemente no dar abasto.

A todo esto se le suma otro miedo silencioso: algunas coberturas de seguros que no sirven para cubrir casi nada, junto con la práctica de ciertas aseguradoras de ofrecer indemnizaciones que rozan lo irrespetuoso. Alguien presenta un presupuesto de cien mil pesos y le ofrecen catorce mil. Ese tipo de manejo es un problema real y peligroso, porque la próxima vez que ocurra un choque, el afectado podría reaccionar con los métodos que ya mencionamos. La desconfianza alimenta la frustración y la frustración alimenta la violencia.

No quisiera seguir sumando miedos, pero es inevitable reconocer lo que está frente a nosotros. A todo lo anterior se agregan los apagones, las toneladas de basura sin recoger, las calles destruidas, el costo creciente de la canasta básica y miles de personas sin empleos. Etcétera tras etcétera, como una cadena interminable que pesa y agobia.

La suma de todos los miedos no es una película. Es la realidad diaria que enfrentamos. Pero justamente porque la vivimos, porque nos duele y porque nos afecta a todos, estamos obligados a pensar en lo que podemos hacer para cambiarla. No podemos normalizar la violencia ni la indiferencia. No podemos resignarnos a creer que “esto es así” y que no hay vuelta atrás. El país que queremos no llegará solo; se construye con decisiones pequeñas pero firmes. Con un acto de tolerancia, con un gesto de prudencia, con un reclamo justo hecho correctamente, con un ciudadano que decide cumplir la ley y con una autoridad que decide hacerla cumplir sin excusas.

La esperanza no aparece de golpe, se suma igual que los miedos: poco a poco, uno encima de otro. Y si ya sabemos lo que pasa cuando dejamos que los temores se acumulen, también debemos descubrir lo que ocurre cuando empezamos a acumular actos de responsabilidad, respeto y valentía cívica. Tal vez no cambie todo mañana, pero cambiará algo hoy. Y ese “algo”, multiplicado por millones, es lo único capaz de transformar un país entero.


Por Félix Correa

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