La sangre que necesitamos es una mejor educación

Por Carlos Martínez Márquez lunes 29 de julio, 2019

‘’Antes de convencer el intelecto, es imprescindible tocar y predisponer el corazón’’. Aristóteles

La batalla contra la pobreza es una labor infatigable de quienes estén sinceramente comprometidos a cambiarle el rostro a la marginalidad y hostilidad. Llevamos décadas estudiando el fenómeno a nivel de latino américa, y es que el contraste de la misma no se compadece con la enorme riqueza que existe en los pueblos del hemisferio. Se cumple un axioma, que daría sentido a todo lo que es inversamente proporcional a la realidad pesa en contra del desenvolvimiento de sus ciudadanos… [‘’a mayor riqueza, mayor pobreza’’]; miremos de lado lo que ha sido la educación en la mayoría de los países latinoamericanos.

La educación, es uno de los temas de campaña en la agenda de los candidatos cuando se lanzan al ruedo  proselitista: Es el primer mandamiento en la que se escudan todos; unos cumplen y otros se quedan a medio talle. (Ciertamente)- que si hoy estamos en una situación de extinción intelectual, por haber descuidado renglones importantes con fallas de origen, es porque se ha estado abogando por una calidad educativa integral. Lo que acontece en República Dominicana, es lo mismo que sucede en centro-américa y otros litorales de América Latina.

No tengo dudas de que el estado, representado por el gobierno de turno, ha asumido el tema de la educación como una magnífica oportunidad para el desarrollo de los más necesitados, y colocarlos a la puerta de la independencia económica. Para hablar de una nueva generación, debemos producir en las escuelas una cultura estructuralmente responsable, en la que los jóvenes sientan el deber de asumir el conocimiento como un asunto ’’obligatorio’’.

La inversión a la educación no debe tener límites, pero a la vez, tenemos que saber cómo los vamos a invertir y en cuales renglones tenemos ‘’dificultades’’ para ir corrigiendo lo que está mal y hacer lo que otros tendrán que hacer cuando les llegue su turno. Entiendo, que cada generación de gobiernos que surjan, deben dar continuidad y mejorar en las áreas que tiendan a ser reforzadas.

La lectura en las escuelas debe incluirse en la agenda docente durante todo el periodo formativo, y asignársele a cada estudiante, que dediquen durante el periodo escolar a leer libros o periódicos que sean necesarios para su desarrollo intelectual y los temas que más les pueda interesar. ‘’observo’’, como los jóvenes de hoy día, no tienen una base de conocimiento como para poder conceptualizar en aspectos que tenga que ver en la parte socio-política u otros temas que aborden conceptos científicos o en las áreas tecnológicas, que son tendencias de actualidad. Esa es parte importante que se debe hacer énfasis en las escuelas, y los idiomas como segunda opción [el idioma anglosajón y el francés], ambos muy comunes, pese a que el primero es de mayor predominio en todo el mundo por ser el que más nos acerca a la cultura global.

Hay que retomar la caligrafía y la ortografía, hay un descuido vergonzoso de ver las tantas faltas ortográficas no solo en estudiantes, sino, en profesionales de distintas áreas de la vida cotidiana. En las redes sociales, han maltratado la ortografía que raya la vista  a todo usuario.

En décadas atrás, la caligrafía y ortografía era prescripción obligada en las escuelas. En el diseño curricular debe hacerse énfasis en que la caligrafía debe ser uniforme, de modo que las letras sean legibles y estructuradas con elegancia. El modelo del tipo de letras debe de ser estandarizada, de que todos tengamos un mismo tipo de caligrafía, como en los países más desarrollados a los nuestros, como lo es en  Europa y Estados Unidos.

Bien! Estamos ante una sociedad ávida para que la educación tenga una mejora sustancial, en la que los jóvenes desarrollen competencias, que no solo se circunscriban en las aulas, sino también, en los círculos diversos en la que socializan.

Les puedo asegurar y  casi estoy convencido, de que en décadas atrás, el presupuesto de educación era el mismo cada año y no alcanzaba a los dos dígitos del Producto Interno Bruto ((PIB) y aquella generación en la que me incluyo, era muy competitiva y actualizada. Hoy tenemos un 4% y aún tenemos dificultades de aprendizaje. Es una tarea difícil pero podemos mejorar.

 

Por: Carlos Martínez Márquez

 

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