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5 de enero 2026
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4 min de lectura Nacionales

La Sabana del Silencio: un refugio de paz y aventura en la Sierra de Neyba

Conversar con William Montero es parte esencial del disfrute en la Sabana del Silencio. (Foto: Fello Estévez.).
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Quien busca paz, en la Sabana del Silencio tiene un lugar con sobradas condiciones para encontrarla. Quienes gustan de aventura y contacto con la naturaleza, en este lugar encuentran «el combo». Si se trata del verdor que ofrece el senderismo, la Sabana del Silencio lo tiene con «ñapa» incluida.

Con un coro de jilgueros para deleite de visitantes, la Sabana del Silencio está enclavada en la Sierra de Neyba, declarada parque nacional mediante el decreto 221-95. En la zona hay alturas que superan los 2,100 metros sobre el nivel del mar. Esa imponente cadena montañosa alberga un ecosistema de invaluable riqueza científica. En este sistema nacen 138 ríos, arroyos y cañadas que alimentan a Artibonito, San Juan y Yaque del Sur.

Entre promontorios de esa cadena, pero con espacio para que la vista se extienda más allá del Lago Enriquillo, a modo de lugar habilitado por la madre naturaleza para quien necesita «reiniciar su sistema», está la Sabana del Silencio. Este lugar, como su nombre lo indica, ofrece una experiencia única de paz y tranquilidad, pero también una emocionante aventura.

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Desde que tenía 8 o 9 años, William ha caminado por estos senderos. (Foto: Néstor Estévez).

En la ruta

El acceso a la Sabana del Silencio no es tarea fácil. La cuesta más empinada, referida por Selim Montero como «la subida de las brujas», requiere esfuerzo físico, pero la recompensa es inigualable. Selim Montero Arbaje describe la experiencia de visitar el lugar como un encuentro con el silencio absoluto, la tranquilidad y la paz.  Para él, quien ha vivido la aventura con su esposa y su hija, la tranquilidad del lugar lo convierte en espacio ideal para lograr desconexión y meditación, pero también en albergue para fortalecer lazos familiares y amistosos.

El área cuenta con espacios muy diversos que resultan ideales para entrar en contacto con la naturaleza y disfrutar los beneficios que eso genera. Pero dos lugares destacan en el entorno: la Sabana del Silencio y El Hoyazo. El segundo está a la entrada del parque. Hasta allí se puede llegar en vehículos, siempre que cuentan con condiciones para rutas escarpadas.

En El Hoyazo hay una caseta para guardaparques y se dispone de una pequeña sabana en la que se puede acampar. En invierno se registran temperaturas muy cercanas a cero grados Celsius. Desde ahí se emprende un trayecto entre 4 a 5 kilómetros para llegar a pie hasta la Sabana del Silencio.

Quien esté fuera de forma o no tenga costumbre de caminar en terreno escarpado necesita de preparación física y mental, además de un profundo respeto por la naturaleza. Pero quien ama la aventura y se adapta a «loma y tierra llana» siente que llega en «una pasadita».

Un aliado clave

William Montero, guardaparque desde 2007, es un virtuoso aliado para el viaje.  Su experiencia es invaluable para asistir a quienes se animan a realizar la travesía. «Mi compromiso es si usted se queda aquí, yo me quedo aquí», dice este hombre de piel con historia y vocación para acoger y apoyar.

William cuenta que ha pasado noches completas en la sabana, llegando incluso a acompañar a visitantes durante cuatro días, guiándolos desde la caseta ubicada en El Hoyazo. Su conocimiento de la zona es excepcional, incluso sabe la ubicación exacta de los panales de avispas.

William, con sus 56 años, rememora aquella etapa de su niñez, cuando acompañaba a su padre en los trabajos de agricultura, antes de que la zona fuera declarada parque nacional. De ahí que este hombre conozca «como la palma de su mano» cada rinconcito del lugar. Él pasó de cultivador a cuidador de la montaña, luego se animó a servir como guía y ahora combina esas responsabilidades con la agricultura y la crianza de animales en La Navaja. La historia de William es un testimonio de la conexión profunda entre el hombre y la naturaleza.

La oferta y los preparativos

La Sabana del Silencio no solo ofrece un escape del bullicio de la vida moderna, sino también una oportunidad para conectar con la naturaleza de una manera profunda.

Selim, quien sueña con el desarrollo de un punto de atracción turística en la zona, destaca que la preparación para visitar la Sabana del Silencio es un aspecto crucial. Selim recomienda ropa deportiva, mangas largas y pantalones largos para protegerse del sol y de la vegetación. Dice que zapatos cómodos y con buen agarre son esenciales, así como vaselina para evitar irritaciones en la piel.

Aunque la recomendación es solo consumir pequeños sorbos, se aconseja llevar suficiente agua. Selim enfatiza la utilidad de usar protector solar y sombrero que cubra bien, así como incluir barras energéticas para que la experiencia sea segura y placentera.

Leyendas y mitos

Las leyendas y mitos que rodean la Sabana del Silencio añaden un toque de misterio al lugar. Los hoyos que se encuentran en la sabana son objeto de diversas interpretaciones. Mientras algunos creen que fueron creados en la época de Trujillo para impedir aterrizajes, Selim considera que se trata de formaciones naturales, producto del paso del tiempo y el flujo de agua subterránea.

La Sabana del Silencio es mucho más que un simple lugar; es una experiencia. Es un lugar muy cercano a una cuádruple frontera, entre las provincias San Juan, Bahoruco, Independencia y Elías Piña, donde la paz y la aventura se unen, y la naturaleza se muestra en todo su esplendor. Visitar la Sabana del Silencio es una oportunidad para conectar con la naturaleza, desconectar del estrés y descubrir la belleza y la magia de un lugar que combina paz y aventura.

POR NÉSTOR ESTÉVEZ (ESPECIAL PARA EL NUEVO DIARIO)