En los últimos cinco años, las personas en República Dominicana han cambiado bastante en la forma que usan su dinero. Desde la pandemia, los pagos digitales se han puesto de moda. Según el Banco Central, para junio de 2024 había cómo 7.2 millones de tarjetas de débito y casi 3.9 millones de crédito dando vueltas. ¡Muchísimo más que en 2019! ¡Casi un 50% más! En el mismo mes, casi 8 millones de personas usaban la banca por internet, casi el doble que hace cinco años. Además, las tiendas tenían casi 186,000 de esos aparatos para pagar con tarjeta, ¡más del doble que antes! También hay más cajeros ahora, casi tres veces más. Y hay como 5,700 personas que trabajan como subagentes bancarios, ayudando a la gente en lugares donde antes no había bancos. En total, los bancos habían dado más de 11 millones de tarjetas hasta mediados de 2024, con un promedio de 56,000 tarjetas nuevas cada mes. Todo esto ha crecido porque la tecnología está mejorando.
Casi todas las tarjetas ahora son de las que se pagan sin tener que introducirlas en el dispositivo, así es más fácil y rápido. De todas las tarjetas que hay (incluyendo las de regalo y las del gobierno), como dos tercios son de estas: casi 8 millones. En solo tres años, ¡estas tarjetas se multiplicaron! Al mismo tiempo, las compras por internet están subiendo como la espuma. En los primeros tres meses de 2024, ¡se movieron más de 31 mil millones de pesos en puras tarjetas contactles! Y la mayoría de ese dinero pasó por internet. El sistema de pagos Sipard tuvo casi 19 millones de pagos en línea en esos tres meses, casi un 40% más que el año pasado. Los bancos han impulsado todo esto. Han puesto dinero en computadoras, seguridad en línea y programas que funcionan hasta con internet lento. También han dado aparatos más fáciles de usar y han enseñado a los negocios pequeños a cobrar con tarjeta. Por eso ahora casi todas las tarjetas son contactless y es más difícil hacer fraude.
A pesar de esto, todavía hay cosas difíciles de superar. En barrios y áreas del campo, la gente usa más el dinero en efectivo porque no todos tienen acceso a internet, muchos trabajan sin contrato y no confían mucho en los bancos. Muchos negocios chicos no tienen cómo aceptar pagos digitales. Los impuestos y comisiones por usar tarjetas hacen que la gente prefiera seguir usando efectivo, sobre todo los que no tienen un trabajo formal. Aquí está lo difícil: la cosa no va a cambiar hasta que todos tengan una cuenta en el banco. Hay que incluir al que vende aguacates en la esquina, al que vende frutas en un vaso desechable o al que tiene una tiendita y anota lo que le deben en una libreta. Para ellos, los bancos deben tener cosas fáciles de usar, cuentas baratas, préstamos pequeños que se ajusten a su situación y opciones que sirvan aunque no tengan buena conexión a internet.
Si logramos esto, los beneficios serían grandísimos: podríamos rastrear mejor el dinero, habría menos lavado de dinero, el gobierno recolecta más impuestos, más gente tendría acceso a pequeños préstamos y, lo más importante, más negocios pequeños se harían formales. El país sería más transparente, podría competir mejor y tendría la capacidad de incluir a millones de personas en un sistema financiero moderno y justo. El efectivo no va a desaparecer de la noche a la mañana, pero cada vez se usa menos. Lo importante es que este cambio incluya a todos, que no dejemos atrás a los que solo usan billetes y monedas. Solo así esta revolución silenciosa en los pagos ayudará a que la República Dominicana progrese económica y socialmente.
Por Jimmy Rosario Bernard
