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16 de febrero 2026
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OpiniónManuel Hernández VilletaManuel Hernández Villeta

La revolución francesa

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RESUMEN

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La explosión de cualquier  hecho social, debe ser motivo de amplia meditación. El mejor ejemplo es La Revolución francesa y su sangrienta lucha interna entre intelectuales, hombres de la calle, el clero, y los nobles redomados.

Nadie toma el fúsil y va a un choque que dejará sangre y muerte, por simple capricho. El toque de corneta para empuñar las armas lo dieron las calles donde  campeaba  el hambre y la miseria, mientras Luis XVI llevaba una vida de derroches y lujurias que rechazaba  el pueblo.

El “Siglo de las Luces” aglutinó a un amplio movimiento de reformas, donde se ponía en duda la santidad  de los Papas, el poder  de por vida de los reyes, mientras  surgían  los artesanos, precursores de los trabajadores, y la  intelectualidad que pregonaba cambios.

El pensamiento de los pensadores  de “El Siglo de las Luces”, se unió al grito de los parisinos de pan y derecho a la vida.

La toma de La Bastilla, fortaleza militar símbolo del poder y almacén de armas y alimentos, dio inició a la madre de todas las revoluciones, la revolución francesa, el 14 de julio de   1789.

El  que se considera el estandarte de principios  de la revolución  fue sintetizado en la frase «Libertad, Igualdad, Fraternidad», empero por las luchas internas de  siglos fue en el 1958, durante la Tercera República, que  se consignó en la Constitución.

Una de las frase más emblemáticas de la revolución francesa fue “es de temer  que la revolución, como Saturno, acabará devorando a sus propios hijos”.

Esta frase lapidaria fue pronunciada por Pierre Victurnien Vergniaud, quien murió guillotinado en plena era del terror, en 1792. A este abogado, político y revolucionario francés le tocó  como presidente de la Asamblea Legislativa y la Asamblea Nacional pronunciar la suspensión de Luis XVI, y dictar su sentencia de muerte.

La revolución estaba en marcha, y las luchas sociales, grupales  y económicas   la llevaron a sucumbir con la muerte de sus dos principales dirigentes, Maximilien Roberpierre y Georges-Jacques Danton.

Las pugnas por el poder entre las principales figuras de la revolución francesa llevó el proceso a un colapso coyuntural, aunque sus principios y su legado es lo que norma hoy la vida entre los ciudadanos y las naciones.

A un paso de la guillotina, y viendo como la revolución  ya  estaba devorando a sus hijos,  Danton, el símbolo histórico  del luchador revolucionario, dejó escrito su testamento: “Yo soy inmortal, porque yo soy el pueblo, y el pueblo es inmortal!. ¡Ay!, se me acabó la tinta-

 

Por Manuel Hernández Villeta

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