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7 de marzo 2026
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OpiniónManuel Antonio VegaManuel Antonio Vega

La restauración en el este (2 de 5)

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RESUMEN

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El impacto de la anexión en Hato Mayor

La promesa de que la Anexión a España en 1861 traería «sosiego y felicidad» al país no solo resultó ser una ilusión, sino que se convirtió en un proceso traumático para algunas ciudades en la zona Este de la Isla Hispaniola.

Lo que fue presentado como una medida de protección (bajo el lema de «Todo menos Haití» terminó entregando la soberanía nacional a cambio de una estela de conflictos sociales, políticos y económicos, que se suscitaron después.

A pesar de que Hato Mayor del Rey fue el pueblo pionero en pronunciarse a favor de la Anexión, sus habitantes pronto descubrieron que los «nuevos amos» traían consigo un profundo desprecio por la identidad dominicana.

1. El Choque Cultural y la Segregación

La llegada de las tropas españolas instauró un sistema de castas basado en el abolengo y el racismo.

Mientras los militares españoles lucían uniformes vistosos y medallas, despreciaban a la población local:

Etiquetado social: Los españoles eran llamados «cachorros», mientras que a los dominicanos de piel oscura o sin importancia social los tildaban de «mambises» o «paisanos».

Visión colonialista: Las crónicas españolas de la época describían a los dominicanos con prejuicios hirientes, acusándolos de «holgazanería» y de vivir en la «más abyecta ignorancia».

Criticaban que el nativo se conformaba con la caza de jabalíes y el consumo de plátano, vistiendo con harapos mientras descansaba en hamacas.

Desconocimiento del sistema: Los oficiales se mofaban de que los locales practicaran el trueque por no conocer la moneda y de que «de un paisano simple se hiciera un General».

2. Discriminación en las Armas

La tensión se extendió al ámbito militar, pues los españoles denigraban a los oficiales dominicanos por sus oficios humildes (sastres, carpinteros o zapateros) y los acusaban de falta de disciplina y moralidad.

Además, existía una brecha económica insultante: mientras los soldados de las Reservas Civiles dominicanas trabajaban sin sueldo, los militares españoles devengaban salarios de entre 20 y 500 pesos en papel, sumado a raciones especiales durante las campañas de ocupación.

3. La Ingratitud de Santana: Hato Mayor fue degradado

como pago por haber sido el primer pueblo en apoyar la Anexión, el General Pedro Santana degradó la categoría de Hato Mayor.

Mediante una resolución en agosto de 1861, se le anuló su condición de Común (Municipio), convirtiéndolo en una simple Comandancia de Armas dependiente de El Seibo.

A esto se sumó la prohibición de tradiciones locales. En 1863, se prohibieron las corridas de toros con el fin de debilitar el espíritu festivo y patriótico que rodeaba las fechas de la Independencia, temiendo que estas reuniones alentaran el resurgimiento de la dominicanidad.

4. Represión y Persecución Política

Hacia 1864, la desesperación del gobierno español se tradujo en una cacería de brujas.

Se emitieron bandos para apresar a cualquier «rebelde» o «faccioso» y confiscar sus bienes.

Cárceles abarrotadas: La prisión regional de El Seibo no daba abasto ante la resistencia de los «paisanos» al nuevo orden.

Líderes perseguidos: Figuras como Pedro Guillermo, Víctor de los Reyes y Bernardo Pérez sufrieron persecución, destierro a Cuba o España, o la incautación total de sus propiedades.

Justicia invertida: En un caso emblemático, un grupo de vecinos de Hato Mayor denunció los ultrajes y tropelías del Comandante de Armas local.

En lugar de investigar al militar, las autoridades encarcelaron a los denunciantes.

La historia de Hato Mayor durante la Anexión es el testimonio de un pueblo que, tras buscar estabilidad en una potencia extranjera, encontró desprecio y represión.

Este maltrato fue, en última instancia, el combustible que encendió la llama de la Guerra de la Restauración en la región este, devolviendo a los dominicanos el sentido de orgullo y la soberanía sobre su propia tierra.


Por Manuel Antonio Vega

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