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23 de febrero 2026
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OpiniónBartolomé González PérezBartolomé González Pérez

La reforma fiscal del futuro

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RESUMEN

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Con frecuencia se escucha decir a muchos entendidos en los temas tributarios que República Dominicana necesita una reforma fiscal integral. Sin embargo, a la fecha hemos realizado varios intentos infructuosos, que han devenido en el fracaso de la tan necesaria reforma fiscal. Aunque la mayoría de los sectores económicos, aparentemente están de acuerdo en que, a fin de garantizar la sostenibilidad de las finanzas del Estado y la estabilidad socioeconómica de la sociedad, es necesario que se lleve a cabo un proceso de reforma fiscal tan amplio y profundo que redefina, no solo la política tributaria del Estado, sino también la política fiscal.

La necesidad de una reforma fiscal se pone de manifiesto en el incremento progresivo del déficit el presupuestario, que cada año va en aumento, esencialmente porque los ingresos por concepto de las recaudaciones de los impuestos resultan suficientes para financiar las demandas de bienes y servicios de la sociedad dominicana. Como consecuencia de esto el Estado dominicano ha presentado presupuestos deficitarios, incurriendo en financiamientos internacionales y locales, para poder obtener los recursos económicos complementario.

Esta práctica no ha permitido acumular una deuda que, hasta agosto 2025, alcanza poco más de $60 mil millones de dólares, un 46.9% del PIB. Adicionalmente, el gobierno central tiene comprometido, en el presupuesto de este año 2025,  RD$332,683.9 millones para la educación,  298,486.4 millones intereses de la deuda, RD$245,994.5 política social y subsidios, RD$150,968.3 millones en Salud, lo que representa más del 64% de los ingresos total estimados, situación que se torna insostenible para las finanzas del Estado.

Por estas y otras razones, en más de una ocasión el gobierno ha promovido, directa o indirectamente, varios intentos de reforma fiscal, los cuales no han prosperado. El último de ellos se produjo a finales del año 2024, en donde el gobierno dominicano pretendía recaudar alrededor de 120 mil millones de pesos, poco más del 1.5% del PIB[1]. Esta propuesta, buscaba eliminar algunas exenciones incluidas en varias leyes de incentivos, aumentar algunas tasas relacionadas con el impuesto sobre la renta personas jurídicas y físicas, inclusión de un nuevo tramo para grabar los ingresos de personas bajo relación de dependencia, cuyos ingresos excedan los 2.4 millones de pesos al año, con una tasa de un 27%.

Además, esta reforma proponía un aumento generalizado del ITBIS, con una tasa de un 18%, manteniendo exenta los bienes y servicios básicos limitados; grava los servicios digitales y elimina la exención sobre las compras importadas por debajo de los 200 USD.  En cuanto al impuesto selectivo al consumo, figuraba un aumento del impuesto Específico Por litro de alcohol absoluto qué pasaba de 724.12 a 840 y el a valoren pasaba de un 10% a 11%. De Igual forma, si modifican los impuestos relativos a la propiedad inmobiliaria; impuesto de circulación (RD$3,000 a RD$6,000), impuesto selectivo a bebidas azucaradas, arancel del 20% a la importación de cigarrillos electrónicos, entre otras.

En esa ocasión, la natimuerta reforma fiscal fue torpedeada por varios sectores de la sociedad, quienes argumentaban que la mayor parte de los impuestos recaerían sobre la clase media, lo que constituía una situación inaceptable, en tanto, según esos mismos sectores, el Estado primero debería abordar otros aspectos relacionados con el gasto corriente del Estado, los subsidios a empresas, las exoneraciones, entre otros.

La presión social y una “débil defensa” por parte de los responsables de promover la reforma, conllevaron a que el poder ejecutivo, a finales de octubre 2024, optara por retirar el proyecto de modernización fiscal. ¿Qué pasó después? A finales de ese mismo año, comenzaron los rumores de la renuncia del titular del ministerio de hacienda, situación que se materializó a mediados del 2025, cuando el poder ejecutivo designó un nuevo ministro en esa cartera.

A pesar de que las nuevas autoridades no lo han establecido de manera oficial, aunque resulta lógico pensar, que uno de los principales objetivos de esta nueva gestión es estructurar y presentar una reforma fiscal que subsane los escollos indilgados a la propuesta realizada por su antecesor y que a la vez mantenga los objetivos de recaudación del gobierno. En este sentido, recientemente, el nuevo ministro de hacienda dejó abierta la posibilidad de una nueva reforma fiscal, sin embargo, no ofreció mayores detalles sobre cuando sería presentada.

¿Es necesaria la reforma? Si consideramos los altos niveles de deuda, subsidio eléctrico, gastos de educación, seguridad social, el nivel de inversión en infraestructura, la baja presión tributaria (14%); podemos decir que es casi obligatoria. Especialmente por los altos niveles de evasión fiscal e informalidad del comercio, aspectos que afectan de forma directa y permanente las recaudaciones de impuestos, lo que plantea la necesidad de que el ejecutivo lo pondere como parte de la próxima propuesta de reforma, aunque no proporcione ingresos a corto plazo, que es hacia donde se han encaminado todas las propuestas de modificación anteriores.

Ahora bien ¿Cuándo debería presentarse la reforma fiscal? Una frase común entre los hacedores de política fiscal es que no hay un momento ideal para hacer una reforma, fundamentalmente, porque estas siempre, o casi siempre, tienden a sacar dinero del bolsillo de las personas, lo que genera un rechazo natural por parte de la población, lo cual influye en la decisión de los actores políticos al momento de presentar estos proyectos, ya que se corre el riesgo que la ciudadanía manifieste su descontento en las calles o en las urnas electorales.

Sin embargo, hay momentos más propicios que otros. Por tanto, si el gobierno central decide embarcarse en una reforma fiscal tendrá que presentarla a más tardar en el 2026, considerando que el 2027 es un año preelectoral, en donde la República Dominicana se prepara para escoger a las autoridades presidenciales, congresuales y municipales, ya que no resulta razonable, aunque no imposible, proponer una reforma fiscal en medio de un proceso preelectoral.

En este contexto, es muy probable que, a principio del 2026, enero-junio, no sólo estemos festejando la llegada de un nuevo año, sino también, el nacimiento de una nueva propuesta de reforma fiscal, quizás más ambiciosa en sus objetivos recaudatorios, con una mejor distribución de la carga impositiva y una defensa más decidida de sus proponentes. Lo que posiblemente no tendremos en la futura propuesta legislativa, son los cambios estructurales del sistema tributario dominicano, al que aspiran muchos sectores económicos, ya que estos requieren de una discusión y consenso tan amplio como sea posible.

 

Bartolome González P.

Octubre / 2025

 

Fuentes:

https://mepyd.gob.do/ministro-de-economia-publica-sintesis-de-la-propuesta-de-modernizacion-fiscal/

https://www.hacienda.gob.do/wp-content/uploads/2024/10/Ley-de-Modernizacio%CC%81n-Fiscal.pdf

https://www.creditopublico.gob.do/

https://www.digepres.gob.do/wp-content/uploads/2025/01/PRESUPUESTO-CIDADANO-2025-VERSION-FINAL_compressed-2-2.pdf

 

 

[1] Datos del Ministerio de Economía, Planificación y Desarrollo.

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