RESUMEN
La presidencia de Donald Trump quizás será recordada como uno de los periodos más importantes en la política contemporánea de los Estados Unidos (EEUU). Los acontecimientos en torno a su ascenso, paso y descenso del poder evidencian una profunda división en la sociedad estadounidense. En mi opinión, esta división está estrechamente ligada al progresivo cambio de la composición demográfica de los EEUU en las últimas décadas y la retórica utilizada por Trump para alimentar su base electoral.
En un análisis sobre cómo cambiará la población de los EEUU en los próximos 10 años; Dudley Poston, profesor de sociología de la Universidad Texas A&M, establece que la proporción blanca de la población se reducirá; mientras que las minorías raciales, sobre todo la hispana, crecerán, convirtiéndose en el motor principal de la economía estadounidense. Poston plantea que desde el año 1950 la proporción blanca de la población ha disminuido consistentemente y eventualmente se convertirá en minoría, alrededor del 2045. (Poston, 3 Ways that the U.S. population will change. PBS, Jan 2020).
Trump en gran medida representa el sentimiento de sectores que se sienten desplazados por el avance de las minorías en los EEUU. Por muchos años el partido Demócrata se ha posicionado como el partido de las minorías, mientras que el partido Republicano ha adoptado una posición más conservadora frente a los derechos y avances de estos grupos. Esta realidad ha fortalecido la posición demócrata en los sectores urbanos, donde la diversidad y las minorías tienen mayor presencia, mientras que los republicanos dominan los sectores rurales, donde aún la población blanca mantiene una mayoría marcada.
Un análisis de la revista The Economist sobre las pasadas elecciones (Noviembre 2020) indica que en los condados menos urbanos -20% con menor densidad poblacional- Trump obtuvo 35 puntos de ventaja sobre Joe Biden, candidato Demócrata. En cambio, Biden obtuvo una ventaja de 29 puntos en los sectores más urbanos -el 20% con mayor densidad poblacional- (America’s urban-rural partisan gap is widening, The Economist, Nov 10th 2020).
Entiendo que en una parte importante de la base electoral republicana se anida un sentimiento de rechazo a las minorías. Es por esto que la plataforma que Trump utilizó para iniciar su movimiento político fue una campaña cuestionando la autenticidad del certificado de nacimiento del presidente Barack Obama; y posteriormente, utilizó el rechazo a los inmigrantes como eje central de su campaña.
El mensaje de Trump estuvo dirigido a esa parte importante de la base electoral republicana a la que me he referido, que quizás no es la mayoría dentro del partido, pero fue suficiente para imponerse al liderazgo tradicional republicano y posteriormente armar una coalición conservadora que le permitiera ganar las elecciones de Noviembre de 2016. Sin embargo, este triunfo tuvo 2 elementos importantes y relevantes para el futuro electoral de los republicanos: Primero, Trump y los republicanos perdieron el voto popular, por tercera vez seguida, y sexta de las últimas siete elecciones; y segundo, el partido demócrata experimentaba una división interna, Hillary Clinton vs Bernie Sanders.
Ante la imposibilidad de detener a Trump en la convención del 2016, el liderazgo republicano optó por construir una armonía que les permitiera establecer y consolidar una agenda conservadora. Un ejemplo de esto es la consolidación de una mayoría conservadora en la Suprema Corte de Justicia (6-3), esto fue un logro político para el partido Republicano más que para el mismo Trump.
El futuro de Trump. En mi opinión, Trump representa un problema para el partido Republicano. Trump controla una parte importante de la base electoral republicana y tiene todas las condiciones para controlar este partido.
Sin embargo es muy difícil aumentar la base electoral República a través de la retórica y discurso de Trump, el partido podría quedar atrapado en ese discurso. Los Republicanos han perdido el voto popular en 7 de las últimas 8 elecciones. El partido republicano está obligado a reinventar su discurso frente a la realidad demográfica presente y futura, y esto no es posible con Trump. En consecuencia no me sorprendería si en el liderazgo del partido Republicano colabore para enjuiciar políticamente a Trump.
La realidad de hoy es que los Demócratas asumirán el control de la presidencia el próximo 20 de enero, y posteriormente controlarán las dos cámaras del congreso. Los demócratas establecerán la agenda en Washington DC, ya veremos qué pasa.
Por Braulio Rojas
