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13 de enero 2026
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OpiniónEvelin PegueroEvelin Peguero

La prosa de Mabui

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La felicidad y el arte de adaptarse

 

“Quien pretenda una felicidad y sabiduría constantes deberá acomodarse a frecuentes cambios”, decía Confucio. Sus palabras, dichas hace siglos, siguen resonando con fuerza actualmente. Porque si hay algo que la vida nos enseña una y otra vez, es que nada permanece igual por mucho tiempo. Y en medio de esa constante transformación, quienes aprenden a adaptarse tienen más posibilidades de encontrar paz, propósito y felicidad.

La búsqueda de la felicidad ha acompañado al ser humano desde siempre. Pero a veces, en ese afán, olvidamos que no se trata de un destino perfecto y sin problemas, sino de una forma de caminar la vida. La felicidad nace, muchas veces, de la capacidad de reinventarnos cuando todo cambia.

Lo vivimos cuando el mundo se detuvo por una pandemia. Cuando muchos perdieron trabajos, rutinas y hasta seres queridos. Sin embargo, también fue una época que nos mostró el poder de la resiliencia. Personas que aprendieron nuevas habilidades desde casa, emprendedores que reinventaron sus negocios, familias que redescubrieron el valor de estar juntos. En medio de la incertidumbre, florecieron nuevas formas de ser y estar.

Confucio creía profundamente en la educación. No solo como transmisión de conocimientos, sino como una herramienta para crecer interiormente, para vivir con sabiduría. Y ese aprendizaje no termina con los años escolares; es un viaje de toda la vida.

Hoy, una mujer que decide estudiar algo nuevo después de los 40, o un joven que aprende a gestionar sus emociones en medio del estrés digital, están simbolizando esa sabiduría ancestral. Porque adaptarse no es rendirse: es tener la humildad de reconocer que siempre podemos aprender, mejorar y comenzar de nuevo.

Otras filosofías, como el budismo o el taoísmo, también invitan a fluir con la vida. Pero en Confucio encontramos una brújula clara: educarnos para vivir mejor, para servir a otros, para encontrar sentido en medio del cambio.

Quizá la felicidad no sea una meta inalcanzable, sino una actitud de vida. Una forma de mirar el mundo con ojos nuevos cada día. Y en esa mirada, el aprendizaje, la flexibilidad y la capacidad de adaptarnos se vuelven nuestros mejores aliados.


Evelin Peguero
@evelinpolin

 

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