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8 de febrero 2026
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OpiniónJOSÉ FRANCISCO PEÑA GUABAJOSÉ FRANCISCO PEÑA GUABA

La primavera de mi vejez (al cumplir 60 años)

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RESUMEN

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Era el principio del año 1970, fecha en que mi desmemoriara cabeza con leves recuerdos me coloca, era yo apenas un mocito de 7 años, y vivíamos en ese entonces en la calle Palo Hincado, en una segunda planta marcada con el número 18, en el sector de ciudad Nueva.

No cejaba de preguntarle a quién nos cuidaba con la misma atención y esmero que una madre, Nana Gloria, el porqué a Papá ya no le veía y no se encontraba con nosotros, tal vez a mis hermanitas mayores Lourdes y Luchy le habían explicado las razones de la ausencia de aquel negro fornido, con voz de tenor, bonachón y cariñoso con sus vástagos, a los que todos nosotros le llamamos “Papi”, pero que los muchos que le visitaban de manera sigilosa, casi todos le llamaban líder, palabra que al no conocer yo su significado, pensaba que era un sobrenombre u apodo que junto al de Peña Gómez, mi afectuoso padre tenía.

Otra cosa que no me sabía explicar era porque no habían más miembros de mi familia morenos, además de mi papá, tío Domingo, su único hermano de sangre, Tony el más pequeño de nosotros y yo cosa que me extrañaba, porque casi todos los demás a que les decíamos tíos eran mucho más claros de piel, todo porque nos decían que los Guaba, Martínez, Peñas y los Gómez eran nuestra familia, en ese tiempo no se nos explicó que “Papá” fue adoptado por dos blancas almas por fuera y por dentro Fermina Gómez y Regino Peña, nuestros abuelos, de ojos azules, que solo conocíamos por fotos, ya que estos habían fallecido hacía muchos años atrás.

Mis recuerdos más notables fueron aquellos dos años en que recibíamos cartas que nos leían, regalos y discos de Raphael que no enviaba “Papá”, del que solo nos decían que estaba fuera del país estudiando, pero que me hacía una inmensa falta ver, hasta que después de dos años nos llevaron a mis hermanitas y a mí un día al aeropuerto a buscar a “Papá” que había llegado, lo que si tengo muy claro en mi memoria fue la larga espera para que “Papá” saliera de la terminal aeroportuaria, producto de las trabas que intento poner el régimen balaguerista a su entrada al país, cosa está que ni por asomo entendía.

Del regreso de mi progenitor al país si guardo frescos recuerdos, sobre todo del complicado año 1973, donde mi padre tuvo que estar en la clandestinidad por varias semanas, porque le creyeron vinculado al desembarco del coronel Francis Caamaño, así como la dura ruptura posterior a ese hecho con el profesor Juan Bosch, su protector y compadre a quien “Papá” respetaba, admiraba y estimaba con frenesí.

Para el año 1974 sin darnos mucha explicación, como actuaban los padres antes, mi mamá y mis hermanos nos fuimos a vivir en la calle 30 de marzo esquina Trinitaria, y Papá se quedó viviendo en la misma casa de Ciudad Nueva, producto de una ruptura no explicada, ya en nuestra nueva casa esta se dividió en dos áreas, hogar y tienda, todo porque Lala como todos llamaban a “Mamá” había instalado su taller-tienda de costura llamado “Exclusividades Lala”, con los que en gran parte cubría juntos a los aportes de mi padre los apremios económicos de la época, celosa como la loba romana, mi madre estaba decidida después del rompimiento matrimonial a no separarse de sus hijos ni por un instante ante la ausencia diaria de mi padre, a quien si veíamos con regularidad, porque era un padre responsable, apoyador y cariñoso en extremo.

Desde el año 1974, que era apenas un mozalbete de 11 años hasta la llegada de estos largos 60 años, guardo en mi memoria. aunque reconozco que la misma de por si no es tan buena, si tengo, sin embargo, grabado los hechos más relevantes de la política de año 1974 hasta nuestros días, confieso que el golpe más grande que he recibido en toda mi vida fue el cerrar de ojos de mi padre el 10 de Mayo del 1998, más devastador en mi alma este acontecimiento que el fallecimiento de mi adorada madre, doña Lala en el año 2008 y que el de mi noble hijo Jonás ido a destiempo, al que la luz de su bonhomía e inteligencia siempre le acompaño.

En este aterrizaje de la realidad que se llama vida, al llegar a estos 60 años, que son la primavera de mi vejez, tengo tanto y tanto que agradecer, primero a mi Dios que me ha permitido llegar a ellos, pese a mi larga obesidad, a mis padres que me inculcaron valores y respeto, que en gran parte aún conservo, al mejor hijo del mundo, José Francisco, cuyo amor y atención recibo a borbotones.

A las oraciones de mi hija Yelice alma, dedicada a la vida cristiana, a mis queridos hermanos que con sus altibajos siempre me han escuchado y respetado, gracias también a las compañeras sentimentales de tránsito con que he compartido en un interregno de mi existencia, a las que verdad me han querido y hasta las que me han roto el corazón, porque hasta de ellas he también aprendido, a mis compañeros de jornada política, de larga data que los cuento de igual manera, como si fueran mi propia familia, porque una gran parte de estos nunca ni en mis más aciagos días me han abandonado, lo que me ha hecho entender que son lazos hasta más profundos que los familiares, pues a unos te lo da la vida, el destino, pero a los otros, aunque no lo son por línea sanguínea sino por decisión, son igual de importantes, porque los escogemos nosotros mismos.

Con 44 años inmerso de una forma u otra en la política, 30 de estos como presidente del partido político en que milito, tengo una forma, tal vez, diferente de ver las cosas, por eso tengo amigos en todos los litorales, simple, porque estoy más que convencido que hay gente buena en todas las organizaciones, ciudadanos correctos, honorables y patriotas con sus particularidades visiones sobre el futuro y el quehacer nacional que yo le respeto.

Tengo que admitir que no estoy atado hoy a las ideologías políticas tradicionales, declaro que no soy ni de izquierda ni de derecha más bien un izquiederecista porque creo en que se debe tomar lo mejor de ambos sistemas para gobernar y dirigir asertivamente una Nación en estos tiempos modernos tan intrincados, tema que en otra ocasión explicaré con mayores detalles pero que son parte integral de mis convicciones.

A mis 60 años, no anhelo riquezas, ni aspiro a grandes cargos, ni al poder por el poder mismo, ni estoy en política, que es mi pasión para satisfacer mi ego, por eso no me vendo por ninguna suma mis creencias, compromisos y lealtad, aunque espero que desde la oposición ganemos las elecciones próximas, no me preocupa tampoco de modo alguno el que tuviese que seguir por voluntad libérrima del soberano del lado opuesto al poder, tal vez, porque siempre me he considerado a mí mismo un tanto irreverente.

En lo que sí me parezco a Peña Gómez, es que no albergó odio en mi corazón contra nadie, por eso puedo ser amigo de la familia Castillo, de muchos balagueristas, que nos persiguieron, y poder respaldar a un buen amigo nuestro de larga data, quien fuese competidor de mi padre por la presidencia de la República en el año 1996, el doctor Leonel Fernández, persona a la cual le guardo un especial aprecio y admiración, que en vida “Papá” siempre supo que después de su partida al mundo de lo ignoto, yo le apoyaría.

Vaya mi agradecimiento a toda la clase política que me ha respetado, a mis compañeros de partido que lealmente me han acompañado, a los miles y miles de peñagomistas, que me tratan con afecto y consideración, solo por ser integrante de la descendencia de ese gigante que lo fue y lo seguirá siendo, el inmenso José Francisco Peña Gómez.

Solo le pido a Dios que no permita me deje de acompañar ese niño interno que me revolotea en el alma y que hace no sentirme tan viejo, que me dé la fortaleza necesaria para cambiar mi estilo de vida y hacer que esta redunde en una mejor calidad de vida, de la que mi gorda cárcel me ha permitido hasta ahora.

No deseo de modo alguno que mi señor se enfade conmigo al pedirle que me alargue aún más la existencia para ver si mis ojos pueden ver el sueño de “Papá” realizarse, la de una República Dominicana donde exista una mejor redistribución de las riquezas, donde cada dominicano pueda tener derecho de igual manera y garantizada por el Estado a un techo digno, a mejores condiciones para estudiar, a servicios de salud de calidad y accesibles, pero, sobre todo, a que cada habitante de esta media isla tenga el pan en la mesa, creo sinceramente que hay esperanzas, porque en este nuevo orden, donde se edifica un mundo multipolar más justo, lo podremos a mediano plazo lograr, así cuando me toque a mí el turno a ese viaje sin regreso, poderle compartir a mi ´padre, cuando me encuentre con él, que sus sueños, por lo que tanto lucho y se entregó a cuerpo entero, se está haciendo realidad en nuestro país, solo así y únicamente así, podemos entonces avizorar que de cualquier callejón desventurado, lejano y polvoriento de la Patria, surgiría un nuevo Peña Gómez, que llegará al Palacio Nacional a terminar la obra inconclusa de mi amado padre.

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