RESUMEN
Me crie en una época que la sociedad vivía relativamente “aislada” en el marco comunicacional, en donde los ciudadanos éramos receptores de los contenidos adaptados a la realidad que los gobernantes de turno o los sectores de poder nos querían transmitir, siendo cuesta arriba, por las limitantes naturales del momento, obtener los insumos que pudiesen confirmar la veracidad de los contenidos. Con el Internet nacen los medios digitales abriendo un universo en la comunicación e información, pasando a estar híper conectados y otorgándonos la posibilidad de obtener una visión más amplia y clara para sacar nuestras propias conclusiones.
Hoy en día se está dando un nuevo acontecimiento en la comunicación, la denominada “posverdad”, como cita el autor Agustín Arrieta: “viene acompañada de fenómenos heterogéneos como la ignorancia, charlatanería, desinformación, fake news, populismo, redes sociales, propaganda, negacionismo, con un fin… el engaño masivo”. Escandalizar distorsionando de manera deliberada la realidad apelando a las emociones y creencias de la sociedad, apartando los hechos objetivos para crear opinión pública de impacto, al parecer, es el objetivo del liderazgo político y de opinión actual.
La “posverdad” robustece el populismo que tanto añora la clase política, lo que es una preocupación, como señala AC Grayling un mundo de posverdad amenaza el «tejido de la democracia”. Actualmente las redes sociales se han transformado de un instrumento de libertad a una herramienta de manipulación, un peligro para la democracia y estabilidad social a nivel global, pues una opinión fuerte en las redes puede aplacar, enmudecer y persuadir una realidad.
Hoy vemos un bombardeo constante y agresivo sobre temas de la palestra nacional, hoy vemos una comunicación política vacía, que le habla a todos y a nadie, hoy vemos comunicadores con contenidos que apuestan a una sociedad polarizada, sin matices, hoy vemos que la “validación” y el alimento del ego son los “likes”, hoy vemos lo real y lo falso navegando en la constante contradicción. Lo que hoy no vemos, tristemente, es una comunicación responsable que se circunscriba en un entorno de transparencia enmarcada en la coherencia.
Por Julia Muñiz Suberví
