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4 de abril 2026
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OpiniónFrancisco Cruz PascualFrancisco Cruz Pascual

La politología de nuestros politólogos

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RESUMEN

Analizando noticia... por favor espera.

Quiero dedicar este articulo a mi distinguido amigo Héctor Cross, quien hace unas semanas me pidió que escribiera sobre la juventud como prerrequisito de opción de poder político frente a los políticos que sobrepasan los 70 años. No sé si su preocupación es la misma que tengo, pero, voy a escribir sobre esa preocupación utilizando el título que hemos colocado a las opiniones que emitiremos en estos párrafos.

Frecuentemente en los medios de comunicación y muy especialmente en las redes sociales, abundan argumentos de reputados politólogos (varones y hembras), que a mi entender rayan en lo calamitoso. Por ejemplo, existe uno que para objetar la candidatura de expresidente Leonel Fernández (en la mayoría de las ocasiones en que trata de descalificarle), esgrime la edad como argumento y, a veces se refiere a la tasa de rechazo que supuestamente mantiene su protagonista preferido para la descalificación.

Con argumentos carentes de datos objetivos que avalen el rigor científico necesario, este tipo de politólogos buscan crear una percepción de óptica mercadológica que dista mucho de la metodología que utiliza la politología para arribar a conclusiones medianamente serias.

Si se observa la data actual, varios presidentes superan los 70 años. El primero que se destaca es el presidente Donald Trump, nada más y nada menos que el jefe de gobierno y de Estado de los Estados Unidos de Norteamérica (EE.UU.), quien al asumir el gobierno tenía 78 años y en estos momentos está cerca de los 80 junios, porque nació el día 14 de ese mes en el Jamaica Hospital Medical Center. Hospital Queens, New York.

El expresidente Joe Biden sobrepasa los 80 años y es a quien sustituye Donald Trump.

El presidente de Colombia, Gustavo Petro tenía 63 cuando asumió la presidencia y, la gran mayoría de los gobernantes actuales a nivel del mundo, cruzan el umbral de los 60. Varios estudios indican que el 66% de la población mundial vive bajo el mando de un presidente mayor de los 70 años.

La politología no es una ciencia exacta, pero, los que se dedican a esa labor deben utilizar su metodología para guardar el encaje del interior de las intenciones de manipulación, esas que por razones lógicas de un trabajo profesional deben superar lo absurdo, porque a fin de cuentas ellos deben ser educadores no manipuladores. Y, debe ser así, porque se sabe que gobernar un país en la edad adulta (especialmente en etapas maduras o avanzadas), ofrece a las naciones ventajas clave como la experiencia política del que deberá tomar decisiones, debido a que supuestamente su experiencia le hace poseer mayor estabilidad emocional, mayor capacidad para resolver conflictos complejos y por ende estará en mejores condiciones para ofrecer un enfoque objetivo en el legado a largo plazo.

Gobernar no debiera ser un oficio para gente sin experiencia, debido a que el Estado y el gobierno necesitan lideres que puedan aportar sabiduría y, ,que como dirigentes vivan sobre la prudencia.

Gobernar debiera estar reservado para ejecutivos que logren manejarse en la menor impulsividad posible y con el sentido de compromiso social que han acumulado desde la experiencia vivida sobre una vida empática.

Gobernar debiera estar reservado para individuos con un alto sentido de pertenencia respecto al país en el que deben dejar su legado.

Es por ello que consideramos que los politólogos leales a su quehacer (deben saber), y saben que los líderes con experiencia p una larga poseen vivencias importantes debido a su trayectoria, la que les permite gestionar crisis complejas con una perspectiva histórica adecuada, responsable y con un mayor nivel de análisis que el liderazgo joven.

Los politólogos sin sesgos interesados, aquellos que no colocan el interés particular por encima del bienestar común, debieran comprender que la edad adulta tiende a traer consigo una mayor capacidad de reflexión, lo que ayuda a evitar decisiones precipitadas o impulsivas, que coloquen al Estado en inoperante.

Considero que, solo aplicando el sentido común, el olfato de un profesional de esta rama debiera entender que los líderes de mayor edad están menos motivados por ambiciones económicas, porque buscan consolidar un legado positivo para la posteridad, procurando la cohesión y la estabilidad social de las naciones que dirigen.

Está comprobado probado que en momentos de crisis global como el que vive el mundo actual, se evidencia que el liderazgo de mayor edad utiliza mejores habilidades para resolver conflictos sociales y fomentar el consenso, reduciendo la polarización que divide a los sectores involucrados en el desarrollo nacional.

Todos estos atributos se deben y se ponderan desde la experiencia vital, esa que tiende a fomentar la búsqueda del bienestar colectivo y procura la empatía. Estas son características esenciales que convierten a la madurez en una etapa de gran eficacia para el liderazgo político. Estas características, según estudios que pueden ser consultaos, pueden convertir a la madurez en una etapa de gran eficacia para el liderazgo político.

Para un politólogo que busque consolidarse en la sociedad y en la historia, la pasión, el partidarismo, la simpatía, la emotividad y el solo interés económico, son variables muy negativas, porque la politología es una disciplina de las ciencias sociales cuyo objeto de estudio es el poder, el gobierno, el comportamiento electoral, las instituciones del gobierno, la administración pública y las relaciones internacionales. No se trata de un juego empresarial.

De ahí que la politología, o ciencia política, es una disciplina de las ciencias sociales que estudia la teórica y la práctica política, los sistemas de gobierno, el comportamiento político y las relaciones de poder en la sociedad. Entonces, un politólogo debe analizar el funcionamiento del Estado, las políticas públicas, la legitimidad y la participación ciudadana.

Todo ello con el propósito de explicar fenómenos políticos reales.

El politólogo vive en praxis una ciencia que se enfoca en la combinación de la observación de la realidad política (es decir los hechos o acontecimientos del día a día), con la suficiente base teórica para ofrecer análisis objetivos sobre cómo operan los sistemas de gobierno. Por esa razón, los procedimientos metodológicos de la práctica de un politólogo se sostienen en la comparación, sobre lo histórico, a través de datos estadístico y de la fenomenología cualitativa como fundamento para investigar a profundidad y poder decir su verdad.

Un clarividente, (que adivina desde su oráculo y no indaga), no cabe en esa categoría.


Por Francisco Cruz Pascual

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