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13 de marzo 2026
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OpiniónKary Ramírez AlmonteKary Ramírez Almonte

La política del ruido

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RESUMEN

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En política, no siempre quien habla más fuerte tiene la razón. Con frecuencia, quien grita más lo hace porque carece de argumentos.

En las democracias modernas se ha instalado una práctica peligrosa: la política del ruido. Una estrategia que consiste en generar escándalo permanente, amplificar cada error y construir una narrativa de crisis constante, aun cuando la realidad del país no siempre corresponde con ese relato que algunos intentan imponer.

La oposición cumple un papel fundamental en cualquier sistema democrático. Fiscalizar al poder, cuestionar decisiones y proponer alternativas forma parte del equilibrio institucional. Sin embargo, cuando la crítica abandona el terreno de las ideas y se instala exclusivamente en el del ruido, pierde su capacidad transformadora y termina reduciendo la política a un simple espectáculo.

Durante más de veinte años, la República Dominicana estuvo bajo la dirección del Partido de la Liberación Dominicana, período en el que muchos de los problemas estructurales del país no fueron resueltos y, en algunos casos, incluso se profundizaron.

Por eso resulta, cuando menos, contradictorio que quienes tuvieron dos décadas completas para transformar esas realidades hoy pretendan exigir soluciones inmediatas a quienes han asumido la responsabilidad de enfrentar desafíos que se arrastran desde hace décadas.

Quienes tuvieron veinte años para resolver los problemas del país hoy pretenden exigir milagros en tiempo récord.

Gobernar no es un ejercicio de retórica ni de consignas. Gobernar implica asumir responsabilidades, enfrentar problemas históricos y construir soluciones que no siempre producen resultados inmediatos, pero que sientan bases sólidas para el futuro.

Las actuales autoridades han tenido que enfrentar retos acumulados durante años, al tiempo que impulsan reformas institucionales, fortalecen la transparencia en la gestión pública y procuran mantener la estabilidad económica del país en un contexto internacional complejo. Ese proceso exige tiempo, determinación y visión de Estado.

Por eso preocupa cuando algunos sectores intentan sustituir el debate serio por la descalificación permanente o por narrativas que buscan instalar la idea de un país sumido en una crisis constante. La política responsable exige señalar errores cuando existen, pero también reconocer los avances y los esfuerzos que se realizan para transformar la realidad nacional.

La política dominicana necesita elevar el nivel del debate público. El país requiere más propuestas y menos estridencia, más ideas y menos confrontación estéril.

La ciudadanía observa, evalúa y compara. Y cada vez resulta más evidente que los dominicanos valoran la seriedad, la transparencia y el compromiso con el interés nacional por encima del espectáculo político.

Como bien entendió Juan Pablo Duarte, las naciones no se construyen desde el caos ni desde la confrontación permanente, sino desde los principios, la responsabilidad y la visión de futuro.

Porque al final, la política no debería ser el arte de hacer ruido… sino el arte de construir país con responsabilidad y con sentido de historia.

Y mientras algunos apuestan al ruido y a la confrontación permanente, la República Dominicana continúa cambiando, demostrando que las transformaciones reales se construyen con trabajo serio, no con escándalos políticos.


Por Kary L. Ramírez A.

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