Gobernar en el siglo XXI exige mucho más que administrar recursos: demanda visión estratégica, capacidad de adaptación y un compromiso real con el bienestar colectivo. En medio de un escenario internacional marcado por la incertidumbre económica, conflictos geopolíticos y transformaciones sociales aceleradas, el presidente Luis Abinader ha demostrado que la República Dominicana puede avanzar con firmeza, estabilidad y propósito. Su gobierno, definido por la política del cambio, continúa dando pasos concretos para transformar la realidad nacional y sentar las bases de un futuro más próspero.
Uno de los principales logros de esta administración ha sido mantener la estabilidad macroeconómica a pesar de los desafíos globales. En un contexto donde incluso economías desarrolladas han enfrentado inflación y desaceleración, República Dominicana ha preservado un crecimiento sostenido, con políticas fiscales responsables, incentivos a la inversión y un clima de negocios favorable. Este desempeño no es casualidad: es el resultado de una conducción económica seria, técnica y orientada a resultados.
La política del cambio también se ha traducido en una profunda transformación institucional. La lucha contra la corrupción, la transparencia en la gestión pública y la modernización del Estado son hoy realidades tangibles. Iniciativas como la digitalización de servicios, la simplificación de procesos y el fortalecimiento de los mecanismos de control no solo mejoran la eficiencia del gobierno, sino que también elevan la confianza ciudadana y proyectan una imagen internacional sólida y respetada.
En materia social, la gestión de Abinader ha priorizado a los sectores más vulnerables con políticas inclusivas que buscan reducir brechas y garantizar derechos. Programas de apoyo a las familias, expansión de la cobertura de salud, mejoras en la educación y subsidios focalizados son parte de un Estado más presente, que entiende que el desarrollo económico debe ir de la mano con la justicia social. Este enfoque integral refuerza el compromiso del gobierno con una República Dominicana más equitativa y solidaria.
Otro aspecto fundamental ha sido la visión estratégica en infraestructura y desarrollo productivo. Las inversiones en carreteras, puertos, energía y tecnología no solo impulsan el crecimiento, sino que preparan al país para competir en un mercado global cada vez más exigente. Asimismo, el impulso al turismo, la agroindustria y las energías renovables demuestra una apuesta clara por diversificar la economía y generar empleos de calidad.
La política exterior también ha jugado un rol clave en este proceso de transformación. Con una diplomacia activa, el país ha fortalecido sus relaciones internacionales, ha atraído nuevas inversiones y ha consolidado su liderazgo regional. La voz de la República Dominicana hoy se escucha con respeto en foros multilaterales, reflejo de un gobierno que entiende que la inserción global es vital para el desarrollo interno.
A pesar de los retos que aún persisten, el balance es claro: la política del cambio avanza con paso firme. Cada reforma aprobada, cada obra inaugurada y cada política implementada son evidencia de un liderazgo comprometido con el presente y enfocado en el futuro. El país transita por un camino de transformación profunda que ya muestra resultados concretos y que, sin duda, marcará el rumbo de las próximas décadas.
La República Dominicana tiene hoy un gobierno que no improvisa, que planifica y que actúa con responsabilidad. Bajo el liderazgo del presidente Luis Abinader, el cambio no es un eslogan político: es una realidad palpable en la vida nacional. Y es precisamente esa constancia, esa visión y ese compromiso lo que permitirá que el país supere los desafíos del presente y abrace con confianza las oportunidades del mañana.
Por Kary Ramírez Almonte
