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23 de enero 2026
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OpiniónFernando DespradelFernando Despradel

La Patrona: Un lugar donde todo se conjuga para resultar un paraíso terrenal

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RESUMEN

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Crónicas Dominicales

Recuerdo mis sueños de niño donde pernotaba en una paradisíaca islita bañada por suaves olas y peces inofensivos que revoloteaban alrededor de mi cuerpo cuando chapoteaba cerca de la orilla.

Recordaba beber agua de coco hasta quedar abombado.

Son imágenes de tantos años que casi se pierden en mis recuerdos.

Al arribar a una solitaria caseta y un pequeño letrero con el nombre del restaurante La Patrona en la playa de Nizao, no sé por qué me trasladé a mis imágenes de la islita solitaria y divertida.

La Patrona, es una mujer enérgica y fuerte, una mulata de trato afable y toda simpatía.
Leika Made Made es oriunda del lugar, junto a su esposo y dos hijos conforman un equipo de gente dispuesta y dar lo mejor de si para atender a los parroquianos.

Con prontitud atienden a nuestro grupo y nos instalan en un conjunto de dos mesas y sillas plásticas, muy cómodas.
Se nos acerca La Patrona y en un tono muy discrecional me pregunta por los artistas y la música que queremos escuchar.

-Recuerde que estamos aquí para servirles y hacerles sentir lo mejor posible-

Después de anotarle baladas, merengues y una bachata, las cuales empiezan a sonar por todo el espacio a través de un potente equipo.

Ya instalados, con las bebidas solicitadas y con todo el espacio para nosotros.

En lo que toma nota del pedido de los ocupantes de la mesa; mis dos nietos, una hija y mi eterna compañera, Leika me cuenta que el restaurant tiene ya cuatro años y que como todo al principio confrontó algunas dificultades, especialmente con el tema de los permisos, pero que los había resuelto.

El nombre del restaurante lo tomó de una novela de hace algún tiempo que le impactó, La Patrona.

Entre vuelta y vuelta, Leika nos fué narrando que se convirtió en la nieta preferida de su abuela y de ella aprendió los secretos de la cocina; con un tono un poco picaresco cuenta «que dispone de unos secreticos con los sazones», que entre algunos otras cositas hacen la diferencia-

-Usted ve, dice la mulata con aire doctoral, la mayoría de la gente que fríe tira el peje a la paila sin ver la temperatura del aceite y el tipo de aceite que usa-

Sigue encendida Leika y señala -que los sitios que ha visto en otras playas al aceite le dan y le dan, reusándolo hasta que deja de ser aceite, yo en eso soy muy cuidadosa-

Después de haber leído sobre los escándalos en los precios de «casetas» en Boca Chica todos quedamos con la boca abierta de los precios tan atractivos que presenta el menú.

Pedimos langosta, pescado frito, pescado al coco, camarones a la criolla y pulpo, con diferentes guarniciones.

En la espera, el servicio estuvo muy activo y el nivel de respuesta por bebidas, entradas e hielos resultó más que excelente.

Nos dijo que prácticamente la asistencia de público, regularmente de Santo Domingo y otras ciudades es impredecible; ayer era miércoles y desde la mañana ya teníamos clientes hasta cerrar, después de las 10 de la noche.

Un lunes puede ser como un domingo; no nos podemos quejar.

Esto de las redes es un éxito, además del “boca a boca”.

El otro día vinieron una pareja de españoles, que, aunque se quedaban en Punta Cana, querían venir a La Patrona y vaya que no lo defraudamos, quieren volver.

Leika es un torbellino, atiende la cocina, dirige al resto del equipo y no pierde un chance para continuar charlando con los parroquianos.

Qué feliz estuviera la abuelita aquí con nosotros, zambullida en la cocina entre sartenes y pailas, viejita que rendía.

Cuenta que en la pandemia perdió su trabajo de servir bebidas en una gallera e intentó echar pa’ lante con un negocito en la casa, pero no funcionó.

La Patrona nos salvó la vida.

Me cuenta la pequeña empresaria que regularmente asisten militares de alto rango, magistrados, políticos, que después ella ve por televisión y un gran artista, que no supo decirnos su nombre.

Eficientemente llegó nuestro pequeño buffet compuesto por pecados, langostas, camarones, pulpo, etc.

Todos estábamos silenciosos degustando esa ricura, con un sabor tan especial, excelentemente bien elaborado y las guarniciones logradas con esmero, bien cocidas y cero aceites.

Todo, pero todo, absolutamente todo quedó sabroso, con una sazón tan especial «que se nos quedó grabado».

Un postre, en base dulcitos de Baní y un café con sabor a Pilón.

Además de la fabulosa experiencia gastronómica nos quisimos llevar ese atardecer espectacular sobre esa bella playa y el cariño y simpatía de esa buena gente.

Debemos confesar a favor de La Patrona que nunca antes habíamos comido tan bien, por tan poco dinero.

Haga esta maravillosa experiencia a tan solo 49 kilómetro de Santo Domingo, una hora a velocidad de «pasear» y quedará más que satisfecho y su espíritu regocijado.

Por Fernando Despradel

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