En los últimos años ha surgido un fenómeno curioso dentro del ecosistema digital: muchos de los influencers más populares de redes sociales están buscando activamente asesoría financiera, formación en inversiones y orientación empresarial, mientras que una gran parte de sus seguidores muestra un rechazo casi automático hacia ese mismo tipo de contenido. El contraste es tan marcado que puede considerarse una verdadera paradoja de conocimiento en la era digital.
- La realidad oculta: detrás del entretenimiento, hay estrategia y negocio
Aunque los seguidores perciben a los influencers como figuras exclusivamente dedicadas al entretenimiento, la realidad es muy distinta. La mayoría de los creadores con grandes comunidades entienden que su carrera —basada en algoritmos cambiantes, audiencias volátiles y plataformas inestables— no es sostenible sin una estructura financiera sólida.
Por eso:
- Contratan asesores para manejar ingresos irregulares.
- Buscan aprender sobre inversiones para “asegurar el futuro”.
- Quieren estructurar sus ingresos como empresas formales.
- Desean diversificar sus fuentes de monetización.
- Exploran cómo crear activos que generen ingresos más allá de las redes sociales.
Mientras generan contenido ligero, humorístico o emocional, están pensando estratégicamente como empresarios.
Una verdad clave
Los influencies entienden algo que muchos de sus seguidores no: la fama no es un activo; los ingresos sí. Si bien los influencers evolucionan hacia una mentalidad empresarial, sus audiencias no acompañan esa transición. ¿Por qué? Aquí entran en juego varios factores psicológicos, sociales y culturales.
a) La dinámica del escapismo digital
Gran parte del público consume redes sociales para escapar de su realidad, no para enfrentarla. Los temas financieros —ahorro, inversión, disciplina, planificación— confrontan al usuario con sus propias carencias o decisiones equivocadas. Es más cómodo evitarlo. Por eso, el contenido que exige reflexión o esfuerzo cognitivo pierde frente al entretenimiento instantáneo.
b) La ilusión del atajo fácil
En la mente del usuario promedio, el influencer “triunfó” sin un proceso formal:
- sin títulos,
- sin grandes capitales,
- sin años en oficinas,
- sin estructuras empresariales.
Esta narrativa genera una percepción distorsionada del éxito. Muchos seguidores creen —aunque no lo admitan— que ellos también pueden lograrlo sin aprender finanzas ni negocios. La educación financiera contradice esa ilusión, y por eso la rechazan.
- La paradoja psicológica: los seguidores quieren libertad financiera, pero rechazan aprenderla
Existe un fenómeno bien documentado: las personas desean los resultados pero no los procesos.
- Quieren estabilidad, pero no sacrificios.
- Quieren inversiones, pero no riesgos.
- Quieren ingresos pasivos, pero no formación.
- Quieren libertad, pero no disciplina.
El contenido educativo amenaza la comodidad mental, porque demuestra que el éxito financiero no es magia, ni azar, ni viralidad: es responsabilidad personal. Aquí está la raíz de la paradoja: los influencers avanzan hacia la educación financiera porque viven la realidad de manejar ingresos reales; los seguidores la rechazan porque viven la fantasía del entretenimiento.
- ¿Qué pueden hacer los influencers?
Aunque no todos sus seguidores aceptarán contenido financiero, hay estrategias inteligentes para introducir este tipo de educación sin generar rechazo:
- Integrarlo dentro de su narrativa personal (cómo ellos mismos están aprendiendo).
- Contarlo a través de historias, no de teoría.
- Usar humor o entretenimiento para suavizar temas complejos.
- Relacionarlo con metas aspiracionales que la audiencia ya valora.
- Compartir errores personales, no solo aciertos.
Los creadores de contenido lo están entendiendo, porque viven de cerca las consecuencias de no hacerlo. Sus seguidores, en cambio, consumen una ilusión de éxito que no necesariamente refleja la realidad empresarial detrás de las cámaras. La paradoja entre influencers que desean aprender a manejar el dinero y seguidores que rechazan hacerlo revela un punto crítico de nuestra época:
El conocimiento que más transforma vidas es el que menos desea la mayoría.
El reto de la nueva era será cerrar esta brecha; convertir a la audiencia pasiva en una generación capaz de manejar su dinero, construir negocios y dejar atrás la dependencia del entretenimiento como único alimento intelectual. Solo así las redes sociales podrán evolucionar de espacios de distracción… a plataformas de transformación.
El autor es catedrático y consultor empresarial.
Por: Andres Rojas, MBA
