RESUMEN
La adecuada administración del Coronavirus, su liderazgo en la reactivación que mantiene el crecimiento económico sobre el 5%, y los incentivos para evitar que la inflación y el estancamiento global que azotan al mundo golpeen en toda su magnitud a nuestro pueblo, son a todas luces la principal obra social del presidente Luis Abinader al arribar a la mitad de su gestión.
Puede exhibir también el presidente una copiosa relación de obras de infraestructura vial, de acueductos, ampliación del transporte colectivo, financiamiento blando a la producción agropecuaria y a las micro, pequeñas y medianas empresas, de inversión en el área de la salud, entre otros renglones.
Pero hay otra extraordinaria obra que impacta directamente en el mantenimiento de la gobernabilidad política y social, materializada en estos dos años, a la que cierto sector de la oposición busca restar importancia calificándola como “intangibles”.
Esos “intangibles” incluyen la política frente a la corrupción y la impunidad, como parte del inicio del proceso de fortalecimiento institucional, y saneamiento del funcionamiento del aparato gubernamental, que en gobiernos pasados operaba como una estructura para la comisión de negocios ilícitos, así como la reforma y modernización de la Policía Nacional para hacerla más efectiva en su obligación de garantizar la seguridad de las vidas y bienes ciudadanos.
El presidente apuntaló pilares de fortalecimiento institucional, como respetar la independencia de los poderes del estado, poniendo fin al reparto partidista de los integrantes de las altas cortes y otras instancias de arbitraje social y político, y darle una independencia como nunca antes tuvo al ministerio Público.
Quedaron en el pasado las experiencias de los procuradores generales que favorecieron a funcionarios y dirigentes gubernamentales, archivándoles definitivamente expedientes judiciales, sin cumplir el debido proceso, o al festinar expedientes que envolvían grandes estafas al erario, como ocurrió en el caso Odebrecht, en el que fueron desechados parte de los delitos de soborno admitidos por la empresa brasileña.
En el proceso profiláctico desarrollado por Abinader no es casual que el mismo día en que él presidía un acto en Palacio para promulgar la Ley de Extinción de Dominio Público de Bienes Ilícitos, instrumento para perseguir a ladrones de los bienes públicos, los fiscales sometían el expediente 13, que involucra a funcionarios designados en este gobierno en supuestos delitos.
Reportes periodísticos han sumado hasta a 18 ex funcionarios públicos que han quedado fuera del gobierno ante rumores públicos cuestionando aspectos de su proceder a los que se preserva oportunidad de demostrar que son calumniosos los señalamientos o insinuaciones contra sus conductas y hechos.
Los “intangibles” como es la lucha contra la corrupción y la impunidad, y el respeto a la institucionalidad fueron precisamente lo que llevó al pueblo a echar del poder a quienes, adueñados de todos los poderes del estado, y despojados de escrúpulos éticos, se creyeron que el uso y abuso de los recursos del estado era una fábrica de presidentes de su partido y que incurrieron en conductas como si nunca habrían de ser bajados del poder.
Por su dinámico y fecundo desempeño, que incluye esos “intangibles”, es que conforme encuestas reveladas por destacados comunicadores, el presidente Abinader cuenta con “una aprobación de 67.1%, calificación de 61% y una intención de votos de 56.9%. con miras a las presidenciales del 2024”,
Y que también según ponderaciones del reputado sociólogo y analista político Cándido Mercedes, basadas en el Índice de Aprobación de Presidentes de América Latina, en su medición Sociedad, Política y Gobierno, el mandatario dominicano tiene una aprobación de 70%, y reitera su afirmación de que si Abinader se presentara como candidato presidencial a las elecciones de 2024 las ganaría por amplia mayoría.
AUTOR: NELSON MARTE
