ENVÍA TUS DENUNCIAS 829-917-7231 / 809-866-3480
21 de marzo 2026
logo
OpiniónSuleica MartínezSuleica Martínez

La obesidad: Una crisis que estamos ignorando

COMPARTIR:

RESUMEN

Analizando noticia... por favor espera.

En República Dominicana, estamos enfrentando una epidemia silenciosa que amenaza el bienestar y el desarrollo de nuestra sociedad: la obesidad. Hoy en día, más del 30% de la población adulta padece sobrepeso u obesidad, y en niños y adolescentes las cifras siguen en aumento. Este no es un problema individual ni de “falta de disciplina”; es un problema de salud pública, de educación y, sobre todo, de falta de voluntad para regular una industria que nos está enfermando.

La obesidad no es solo una cuestión estética. Es la puerta de entrada a enfermedades como la diabetes, la hipertensión y problemas cardiovasculares que, con el tiempo, saturan el sistema de salud y generan un alto costo para el Estado y la sociedad. Entonces, si sabemos que la prevención es la mejor solución, ¿por qué seguimos sin hacer nada al respecto?

Educación y salud son dos pilares inseparables, de nada sirve invertir en educación si no invertimos en salud. Sin salud, no se estudia; sin salud, no se trabaja; sin salud, no hay desarrollo ni libertad. Un país verdaderamente libre es aquel donde sus ciudadanos tienen garantizado el acceso a una educación de calidad y a un sistema de salud que los proteja y los mantenga en condiciones óptimas.

Si queremos adultos más productivos, primero debemos asegurarnos de que nuestros niños crezcan con hábitos saludables. La obesidad debe combatirse desde las escuelas, educando a los estudiantes sobre la importancia de una buena alimentación y el impacto del sedentarismo. No basta con enseñar matemáticas o ciencias si no les damos las herramientas para cuidar su propio cuerpo. Un niño que se alimenta mal tendrá más probabilidades de desarrollar enfermedades en la adultez, lo que se traduce en más licencias médicas, menos productividad y una mayor carga para el sistema de salud.

Las Aseguradoras de Riesgos de Salud (ARS) han demostrado una y otra vez que su prioridad no es la prevención, sino el tratamiento de enfermedades. ¿Por qué los seguros médicos cubren consultas con cardiólogos, nefrólogos y endocrinólogos cuando la persona ya está enferma, pero no con nutricionistas y especialistas en medicina preventiva para evitar que lleguen a ese estado? La respuesta es simple: porque la enfermedad es un negocio rentable, el verdadero negocio de las ARS son los enfermos de por vida.

Si la medicina preventiva fuera parte de la cobertura del seguro de salud, las ARS perderían miles de millones de pesos porque habría menos pacientes con diabetes, hipertensión y otras enfermedades crónicas. Y como el sistema está diseñado para que la enfermedad sea una fuente de ingresos, la prevención nunca ha sido una prioridad.

Lo peor es que para cambiar esto no necesitamos una nueva ley, sino voluntad política y un marco regulatorio que obligue a las ARS a incluir la prevención dentro de su cobertura. El problema es que aquí siempre prima el interés particular sobre el interés colectivo, y mientras no cambiemos esa mentalidad, seguiremos viendo cómo nuestras familias se enferman y el país se debilita.

La obesidad no se combate con discursos ni con campañas pasajeras. Se combate con acciones concretas y una estrategia a largo plazo, algunas medidas que se deberían implementar de inmediato desde mi perspectiva son:

La regulación de la industria alimentaria

Etiquetado obligatorio con advertencias claras sobre el contenido de azúcar, sodio y grasas en los productos, impuestos a los alimentos ultraprocesados y subsidios a los productos saludables, restricciones en la publicidad de comida chatarra dirigida a niños.

La educación nutricional en las escuelas

Incluir clases sobre alimentación saludable y actividad física en el currículo escolar, prohibir la venta de comida chatarra en las cafeterías escolares, promover programas de alimentación balanceada en los centros educativos.

La cobertura de la medicina preventiva en los seguros de salud

Inclusión obligatoria de consultas con nutricionistas, endocrinólogos y especialistas en medicina preventiva, programas de salud pública para monitorear y prevenir la obesidad en niños y adolescentes, Incentivos fiscales para empresas que promuevan estilos de vida saludables entre sus empleados.

Un problema de todos, no solo del Estado. La obesidad es una enfermedad tan adictiva como el tabaco o las drogas, pero a diferencia de estas, no se regula ni se controla de manera efectiva. Así como el adicto no sana hasta que reconoce que necesita ayuda, tampoco el obeso lo hace hasta que se le declara la enfermedad. Mientras sigamos viendo este problema como algo individual en lugar de un asunto de salud pública, la situación solo empeorará y la obesidad será una pesadilla, la visita a los médicos un calvario, y las cirugías de obesidad catalogadas como «ESTETICA».

Aquí no se trata de que cada quien “coma lo que quiera”. Se trata de que la industria alimentaria deje de promover productos dañinos sin control, que las ARS dejen de lucrarse con la enfermedad y que el Estado asuma su rol de proteger a la población. Pero sobre todo, se trata de que como sociedad dejemos de lado el individualismo y trabajemos juntos por el bien colectivo.
Porque sin salud, no hay educación, y sin educación, no hay libertad.

¿Cuándo dejó de ser mas barata la medicina preventiva que la curativa?

Por: Suleica Martínez.

Comenta