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17 de enero 2026
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La nueva generación cooperativa: Juventud, valores y transformación social

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RESUMEN

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Cuando la juventud descubre el poder del cooperativismo, el cambio deja de ser un sueño y se convierte en una causa compartida. — Víctor Ventura

El futuro del cooperativismo está en los jóvenes

El cooperativismo dominicano atraviesa un momento decisivo. Con más de 2.2 millones de socios activos y más de 2,300 cooperativas distribuidas por todo el país, el modelo representa una de las expresiones más sólidas de economía solidaria y autogestión social. Sin embargo, también enfrenta un desafío profundo: cómo atraer, formar y retener a las nuevas generaciones dentro del movimiento cooperativo.

Vivimos en una era de innovación tecnológica, inmediatez y transformación cultural. Los jóvenes buscan espacios donde puedan crear, participar, aprender y ser escuchados. En ese contexto, el modelo cooperativo tiene todo lo necesario para ofrecerles una alternativa viable y humana: educación financiera, liderazgo compartido, emprendimiento sostenible y, sobre todo, un sentido de propósito.

Pero, ¿cómo lograr que los jóvenes vean el cooperativismo no como una estructura vieja o lejana, sino como una oportunidad real de progreso?
Para responderlo, debemos partir de la esencia del modelo, sus desafíos actuales y las posibilidades que ofrece para un futuro con inclusión, propósito y transformación.

1. El modelo cooperativo: una empresa con alma social

A diferencia de los emprendimientos tradicionales, cuyo enfoque suele ser el beneficio individual o corporativo, el modelo cooperativo es una empresa de propiedad colectiva, basada en la ayuda mutua, la participación democrática y la equidad.

En una cooperativa, los socios no son simples clientes o empleados: son copropietarios y decisores. Cada uno tiene voz y voto, sin importar su nivel económico o su participación de capital. Esta estructura democrática convierte al cooperativismo en una escuela práctica de ciudadanía económica, donde el bienestar común prevalece sobre el interés personal.

Además, las cooperativas nacen de una necesidad social concreta: resolver un problema que afecta a una comunidad —como el acceso al crédito, la vivienda, la educación o la producción— y gestionarlo de manera solidaria. Es decir, el modelo cooperativo no busca simplemente generar ingresos, sino mejorar la vida de las personas y fortalecer los lazos comunitarios.

Como enseña la Biblia en Filipenses 2:4:

“No mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros.”
Esa frase resume el espíritu cooperativo: el bien común como camino hacia el bienestar individual.

2. Las barreras del cooperativismo dominicano: conocimiento, gobernanza y compromiso

El modelo cooperativo en República Dominicana ha logrado grandes avances, pero también enfrenta obstáculos que limitan su sostenibilidad. Entre ellos destacan tres aspectos esenciales:

Falta de formación técnica y liderazgo cooperativo.

Muchos directivos carecen de conocimientos sólidos en gestión, finanzas o tecnología, lo que impide una administración eficiente y transparente. La capacitación constante es clave para garantizar el crecimiento sostenible de las cooperativas.

Resistencia al cambio generacional.

Existe una tendencia a mantener estructuras dirigenciales cerradas, donde las nuevas generaciones no encuentran espacios de participación. Esta brecha generacional impide la renovación del liderazgo y frena la innovación dentro del sector.

Debilidad regulatoria y de supervisión.

Aunque el Instituto de Desarrollo y Crédito Cooperativo (IDECOOP) ha fortalecido la supervisión, aún se necesita un marco más riguroso que fomente la transparencia y evite la malversación de fondos.

En conjunto, estas barreras muestran que el principal reto no es financiero, sino cultural y educativo. El cooperativismo dominicano necesita fortalecer su institucionalidad, promover la educación cooperativa desde las escuelas y crear espacios reales para que los jóvenes se sientan parte activa del cambio.

3. El papel del cooperativismo en la economía dominicana y su potencial transformador

El cooperativismo no es solo un modelo social: es un motor económico de primer orden. Según datos recientes, las cooperativas dominicanas manejan más de RD$300 mil millones en activos, lo que representa un aporte significativo a la estabilidad económica nacional.

Pero su impacto va más allá de los números. Las cooperativas promueven la educación financiera, el acceso a créditos justos, el emprendimiento colectivo y la inclusión social de sectores vulnerables. En comunidades donde la banca tradicional no llega, la cooperativa se convierte en la institución de confianza y esperanza.

En un país donde la desigualdad económica y la exclusión financiera siguen afectando a miles de familias, el cooperativismo emerge como una alternativa ética, cristiana y sostenible.

En palabras de Proverbios 19:17:

“A Jehová presta el que da al pobre, y el bien que ha hecho, se lo volverá a pagar.”
Cada préstamo justo, cada proyecto comunitario y cada acción solidaria dentro de una cooperativa es una forma concreta de servir a Dios a través del prójimo.

4. La brecha generacional: juventud y relevo en el cooperativismo

Uno de los desafíos más sensibles del cooperativismo dominicano es el paso generacional. Muchas cooperativas enfrentan dificultades para integrar a jóvenes en sus órganos directivos o para despertar en ellos interés por el modelo.

Esto se debe a dos factores principales:

La falta de confianza de algunos líderes tradicionales hacia las nuevas generaciones.

La escasa divulgación del modelo cooperativo en espacios donde los jóvenes están presentes: escuelas, universidades y plataformas digitales.

Sin embargo, el potencial de la juventud dominicana es inmenso. Los jóvenes de hoy son creativos, tecnológicos y resilientes. Ven el mundo desde una perspectiva global, pero también sienten la necesidad de generar impacto local. Si el cooperativismo logra conectarse con sus aspiraciones —libertad, propósito, sostenibilidad y comunidad— podrá renovarse desde dentro y garantizar su continuidad por generaciones.

El desafío, por tanto, no es solo atraer jóvenes, sino transformar las cooperativas en espacios donde los jóvenes quieran quedarse.

5. Los beneficios del cooperativismo para los jóvenes dominicanos

El modelo cooperativo ofrece a la juventud una oportunidad única para crecer integralmente. No solo en lo económico, sino también en lo ético, social y espiritual. Entre los beneficios más destacados están:

Educación financiera responsable.

Las cooperativas enseñan a manejar el dinero con prudencia, a ahorrar con propósito y a evitar el endeudamiento innecesario. El ahorro se convierte en una herramienta de libertad, no de sacrificio.

Formación en valores.

Solidaridad, equidad, transparencia y ayuda mutua son valores que forman carácter y fomentan la madurez. En un mundo dominado por el individualismo, el cooperativismo enseña a pensar en comunidad.

Emprendimiento con propósito.

A través de microcréditos o fondos rotatorios, las cooperativas ofrecen a los jóvenes la posibilidad de emprender sin caer en préstamos usureros, impulsando así una nueva generación de negocios éticos y sostenibles.

Oportunidades de liderazgo.

Los jóvenes pueden asumir roles directivos, participar en comisiones y liderar proyectos comunitarios. Esto fortalece su sentido de pertenencia y su experiencia profesional.

Innovación tecnológica.

La digitalización del sector cooperativo abre nuevas áreas para que los jóvenes aporten sus conocimientos en tecnología, marketing digital y gestión de datos.

En resumen, las cooperativas son un espacio de desarrollo humano y profesional para las nuevas generaciones, un entorno donde pueden crecer sin renunciar a sus valores.

6. Cómo atraer a los jóvenes al movimiento cooperativo

Para conectar con los jóvenes dominicanos, el cooperativismo debe renovar su lenguaje, sus canales y su propuesta de valor.

Algunas estrategias claves son:

Campañas de comunicación atractivas y cercanas.
Mostrar testimonios reales de jóvenes que han transformado sus vidas a través del cooperativismo. Las redes sociales deben ser aliadas, no un obstáculo.

Programas educativos y becas cooperativas.
Crear fondos de apoyo para estudios, programas de mentoría y créditos estudiantiles dentro de las cooperativas.

Impulso a los microemprendimientos juveniles.
Facilitar el acceso a microcréditos para emprendimientos digitales, ecológicos o comunitarios liderados por jóvenes.

Promoción de carreras en la economía social.
Difundir que el sector cooperativo ofrece oportunidades de desarrollo profesional y estabilidad laboral, no solo voluntariado.

Inclusión real en la toma de decisiones.
Involucrar a jóvenes en los consejos y comités, para que participen de manera efectiva en la gobernanza y vean resultados de su trabajo.

Como expresó uno de los grandes líderes cooperativistas modernos:

“Los jóvenes no son el futuro del cooperativismo; son su presente activo y transformador.”

7. Comunicación y marketing digital: el puente entre la juventud y el cooperativismo

El marketing digital es hoy la herramienta más poderosa para conectar con los jóvenes. Las cooperativas que entiendan esto podrán multiplicar su alcance e impacto.

A través de estrategias digitales —redes sociales, storytelling, campañas audiovisuales, podcast y comunidades virtuales— el cooperativismo puede mostrar su valor real con lenguaje moderno y humano.

Además, las plataformas digitales permiten medir resultados, ajustar estrategias y generar contenido relevante para cada público. Si los jóvenes son quienes diseñan y lideran esa comunicación, el mensaje será mucho más auténtico y efectivo.

Por ejemplo, un joven que maneje redes puede explicar los principios cooperativos en TikTok o Instagram de forma dinámica, relacionando conceptos como ahorro, solidaridad y emprendimiento con su vida cotidiana.

En definitiva, la transformación digital no es una amenaza para el cooperativismo, sino una oportunidad histórica para hacerlo más visible, atractivo y participativo.

8. Un llamado a los jóvenes dominicanos: cooperen para cambiar el mundo

Al final, todos los jóvenes buscan lo mismo: un propósito, un espacio donde crecer y una causa que valga la pena. El cooperativismo les ofrece las tres.

El modelo cooperativo es una escuela de vida, una forma de economía con alma, donde se aprende a administrar, servir y transformar. No es un sistema viejo, sino una idea eterna: la de unir fuerzas para hacer el bien común.

El cooperativismo no busca dueños, busca administradores responsables del bien colectivo, y como enseña Lucas 16:10:

“El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel.”

La juventud dominicana tiene la energía, el talento y la visión para llevar el movimiento cooperativo a una nueva etapa: más digital, más solidaria y más humana.

Por eso, el mensaje es claro: involúcrate, participa, innova y coopera.
No se trata solo de formar parte de una institución, sino de una misión: cambiar el país desde la confianza, la transparencia y la fe en Dios.

Un modelo eterno para una generación con propósito

El cooperativismo dominicano tiene frente a sí el reto de reinventarse, pero también la oportunidad de florecer como nunca antes. Su futuro depende de la capacidad que tenga para abrir sus puertas a la juventud y acompañarla con formación, valores y oportunidades.

Si los jóvenes descubren el poder del cooperativismo —de su impacto económico, social y espiritual—, no solo serán los herederos del modelo, sino los nuevos arquitectos de una economía solidaria, digital y con propósito.

Porque en el fondo, cooperar es amar con acciones.

Y cuando los jóvenes aman lo que hacen, no hay sistema que no puedan transformar.


Por: Víctor Ventura, presidente C.A. Coopemic.

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