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16 de enero 2026
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OpiniónVALENTIN CIRIACO VARGASVALENTIN CIRIACO VARGAS

La Nochebuena de Encarnación Mendoza de Juan Bosch

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RESUMEN

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Una lectura desde la Poética del ritmo de Henri Meschonnic

«El pueblo es el único héroe verdadero»

I. Introducción

El cuento «La Nochebuena de Encarnación Mendoza» de Juan Bosch representa una de las piezas más logradas de la narrativa dominicana del siglo XX. Publicado en su colección Cuentos escritos en el exilio (1962), este relato condensa la maestría del autor para capturar la realidad del campesinado dominicano bajo la dictadura trujillista, transformando sencillo en un profundo testimonio de dignidad humana frente a la opresión.

El presente análisis se propone examinar este cuento desde la Poética desarrollada por Henri Meschonnic, método que nos permite comprender la obra literaria no como un objeto estático, sino como una actividad del lenguaje donde el ritmo organiza el sentido. Para Meschonnic, el ritmo no es mera métrica o sonoridad, sino la organización del movimiento de la palabra en el discurso, la manera en que un sujeto se constituye y transforma el lenguaje. Esta perspectiva resulta particularmente pertinente para abordar la prosa de Bosch, marcada por una fuerte oralidad y un compromiso ético con la representación de los sectores populares.

La historicidad radical del lenguaje, otro principio fundamental de Meschonnic, nos recuerda que toda obra literaria está inscrita en un momento histórico específico y que su significación no puede separarse de las condiciones sociales y políticas de su producción. En el caso de «La Nochebuena de Encarnación Mendoza», el tiempo de la ficción corresponde a la Era de Trujillo, específicamente la década de 1950, cuando la dictadura ejercía un control férreo sobre la vida dominicana. El cuento fue escrito desde el exilio, en ese período de reflexión y memoria que caracterizó la producción literaria de Bosch durante los años de destierro, cuando la distancia geográfica agudizó su mirada crítica sobre la realidad que había dejado atrás.

II. El cuento como género literario

El cuento, como forma narrativa breve, exige una economía expresiva donde cada elemento adquiere significación múltiple. A diferencia de la novela, que puede permitirse digresiones y desarrollos extensos, el cuento concentra su efecto en la intensidad más que en la extensión. Como señalara Julio Cortázar, el cuento funciona como una esfera perfecta donde todo está relacionado, donde no sobra ni falta nada.

En el contexto latinoamericano, el cuento ha sido vehículo privilegiado para explorar las tensiones sociales, las identidades culturales y las contradicciones del proyecto moderno en nuestros países. Desde Horacio Quiroga hasta García Márquez, pasando por Rulfo y Ribeyro, el cuento latinoamericano ha sabido capturar en pocas páginas la complejidad de nuestras realidades.

El cuento dominicano, por su parte, tiene en Juan Bosch a uno de sus más altos exponentes. La tradición cuentística dominicana, que puede rastrearse desde el costumbrismo del siglo XIX, encuentra en Bosch una renovación formal y una profundización temática que lo conectan con las mejores expresiones del género en el continente, sin perder por ello su especificidad nacional.

III. El profesor Juan Bosch

Juan Bosch (La Vega, 1909 – Santo Domingo, 2001) fue una figura excepcional de la vida dominicana del siglo XX: narrador, ensayista, historiador, pedagogo y político. Su trayectoria biográfica está marcada por un compromiso inquebrantable con la democracia y la justicia social, compromiso que lo llevó a sufrir largos años de exilio durante la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo (1930-1961).

Como escritor, Bosch publicó obras fundamentales que incluyen colecciones de cuentos como Camino Real (1933), Indios (1935), Dos pesos de agua (1941) y Cuentos escritos en el exilio (1962), además de novelas, ensayos históricos y textos políticos. Su prosa se caracteriza por una claridad expresiva notable, una profunda empatía con los sectores populares y una capacidad excepcional para narrar desde la perspectiva del pueblo dominicano.

El exilio, lejos de alejarlo de su país, agudizó su mirada sobre la realidad dominicana. Desde Costa Rica, Cuba, Chile y Venezuela, Bosch escribió algunos de sus mejores cuentos, manteniendo viva en la palabra la memoria de un pueblo silenciado por la tiranía. Su compromiso político no era separable de su vocación literaria: ambas dimensiones se alimentaban mutuamente en la construcción de una visión crítica y esperanzadora de la sociedad dominicana.

Tras el asesinato de Trujillo en 1961, Bosch regresó al país y en diciembre de 1962 fue elegido presidente de la República Dominicana en las primeras elecciones libres celebradas después de treinta y un años de dictadura. Tomó posesión el 27 de febrero de 1963, pero su gobierno fue derrocado por un golpe militar apenas siete meses después, el 25 de septiembre de ese mismo año. Esta experiencia confirmó su convicción de que la transformación social requería no solo cambios políticos, sino una profunda revolución cultural y educativa.

IV. El cuento: La Nochebuena de Encarnación Mendoza

4.1 Fragmento ilustrativo y contexto temporal

«Aquella Nochebuena amaneció turbia, con nubes bajas. Desde temprano empezó Encarnación Mendoza a sentir en el pecho la congoja que le producía el día. Pensaba en los muchachos, que no tendrían ni siquiera una naranja, y pensaba en Rosa, su mujer, que hacía dos días se había acostado con fiebre.»

El cuento transcurre durante la Era de Trujillo, específicamente en la década de 1950, período en que la dictadura alcanzaba su máxima consolidación y el campesinado dominicano vivía en condiciones de extrema pobreza y represión. La fecha exacta de la acción narrativa —la Nochebuena— adquiere significación especial: es el momento en que la ideología cristiana promete paz y alegría, mientras la realidad material del protagonista le niega toda posibilidad de celebración.

La época de escritura corresponde a los primeros años de la década de 1960, cuando Bosch, desde el exilio, reflexiona sobre los mecanismos de la tiranía y sus efectos en la vida cotidiana del pueblo dominicano. Esta distancia temporal le permite al autor una perspectiva crítica que, sin embargo, no disminuye la inmediatez emocional del relato.

4.2 Análisis de personajes

Encarnación Mendoza es un campesino pobre, padre de familia, que encarna la dignidad humana en medio de la miseria. Su nombre mismo —Encarnación— sugiere la materialización de una condición colectiva: él es la encarnación del campesinado dominicano bajo la dictadura. No es un héroe excepcional, sino un hombre común enfrentado a circunstancias extraordinarias. Su conflicto interno entre la necesidad material de su familia y su sentido ético del bien y del mal constituye el núcleo dramático del relato.

Rosa, su mujer enferma, representa la vulnerabilidad extrema a la que el sistema social somete a los sectores más desprotegidos. Su fiebre no es solo un dato médico, sino un síntoma de la enfermedad social que aqueja al país.

El hijo de Encarnación (Mundito) cumple un papel trágico y fundamental en la estructura del cuento.

En su inocencia infantil, el niño se convierte involuntariamente en el instrumento que conduce a los asesinos hasta su padre. Este personaje encarna una de las dimensiones más crueles de la violencia política: la manera en que contamina y destruye incluso los vínculos más sagrados, como el amor filial. La inocencia del niño contrasta brutalmente con la perversidad del sistema que lo utiliza. No hay malicia en sus acciones, solo la ingenuidad propia de la infancia, lo que hace aún más dolorosa su participación en el desenlace fatal. Bosch logra aquí una de sus más poderosas denuncias: mostrar cómo la dictadura corrompe hasta las relaciones familiares, cómo transforma al hijo en traidor involuntario del padre.

Los hijos de Encarnación, en su conjunto, funcionan como recordatorio constante de la responsabilidad paterna y de la imposibilidad de cumplir con ella en las condiciones impuestas por la miseria.

Los personajes secundarios —el bodeguero, los vecinos— configuran un tejido social donde la solidaridad está limitada por la escasez generalizada.

4.3 El narrador y su posición enunciativa

Bosch utiliza un narrador en tercera persona que, sin embargo, no es omnisciente neutral. La voz narrativa adopta una perspectiva cercana a la del protagonista, permitiéndonos acceder a sus pensamientos y emociones sin perderse en un psicologismo individualista. Este narrador habla desde la comunidad, desde un «nosotros» implícito que conoce y comparte el mundo del campesinado.

El ritmo narrativo, en términos meschonniquianos, está marcado por una oralidad que mimetiza el habla popular dominicana sin caer en el costumbrismo pintoresco. Las frases son breves, directas, cargadas de una emotividad contenida que se manifiesta más en lo no dicho que en lo explícito.

4.4 Cronotopo: espacio y tiempo narrativo

El espacio del cuento es el campo dominicano, específicamente una zona rural empobrecida donde las condiciones materiales de existencia son extremadamente precarias. La casa de Encarnación, el camino, la bodega del pueblo: estos espacios no son meros escenarios, sino agentes activos que configuran las posibilidades de acción de los personajes.

El tiempo narrativo transcurre en las horas previas a la Nochebuena, condensando en un día la tensión acumulada de toda una vida de privaciones. Esta concentración temporal es característica del cuento como género y permite a Bosch intensificar el efecto dramático.

V. Dimensiones del cuento

5.1 Dimensión política

«La Nochebuena de Encarnación Mendoza» es, ante todo, un texto político en el sentido más profundo del término: una reflexión sobre las relaciones de poder y sus efectos en la vida cotidiana. La ausencia de Trujillo como personaje en el relato no significa su ausencia como fuerza estructurante: la dictadura está presente en la miseria, en la falta de opciones, en el miedo que paraliza.

5.2 Dimensión ideológica

El cuento desmonta la ideología del desarrollismo trujillista que proclamaba haber modernizado el país. Frente al discurso oficial de progreso y orden, Bosch muestra la realidad de exclusión y violencia estructural que sostiene el régimen.

5.3 Dimensión cultural

La Nochebuena como festividad cristiana contrasta brutalmente con la imposibilidad material de celebrarla. Esta tensión revela las contradicciones de una cultura que proclama valores de caridad y fraternidad mientras tolera la miseria extrema.

5.4 Dimensión social: el campesinado dominicano

El cuento constituye un documento invaluable sobre las condiciones de vida del campesinado dominicano en la Era de Trujillo. Sin recurrir al panfleto, Bosch logra transmitir la dignidad y el sufrimiento de un sector social sistemáticamente marginado.

VI. El ritmo y la oralidad

El ritmo de la prosa boschiana en este cuento está marcado por una oralidad que no es mera transcripción del habla popular, sino una elaboración literaria que captura el movimiento interno de esa habla. Las frases cortas, la sintaxis sencilla, la repetición de estructuras: todo contribuye a crear un ritmo que, en términos de Meschonnic, organiza el sentido del relato.

Las marcas de oralidad no son decorativas sino constitutivas: definen un sujeto de enunciación que habla desde el pueblo y para el pueblo. El lenguaje no describe la realidad campesina desde fuera, sino que la encarna, la hace presente en su movimiento propio.

VII. Multiplicidad de sentidos

El cuento de Bosch admite múltiples lecturas sin perder su unidad: puede leerse como denuncia social, como tragedia individual, como alegoría política, como reflexión ética. Esta multiplicidad no es ambigüedad sino riqueza semántica: el texto genera sentidos que exceden la intención autoral consciente.

La polisemia del relato permite que cada época, cada lector, encuentre resonancias específicas sin agotar las posibilidades interpretativas del texto.

VIII. Psicología de los personajes

La construcción psicológica de Encarnación Mendoza no responde a un modelo individualista burgués, sino a una comprensión de la subjetividad como producto social. Sus conflictos internos no son neurosis privadas sino contradicciones objetivas de su situación de clase.

El personaje no es un tipo abstracto sino un individuo concreto cuya singularidad se construye precisamente en su condición de representante de un colectivo. Esta dialéctica entre lo individual y lo colectivo es una de las mayores virtudes de la narrativa de Bosch.

IX. Estilo y recursos literarios

El estilo de Bosch en este cuento se caracteriza por su economía expresiva. Cada palabra cuenta, cada detalle significa. El autor evita la grandilocuencia y el sentimentalismo fácil, confiando en la fuerza de los hechos narrados.

Entre los recursos literarios destacan: el uso del estilo indirecto libre para acceder a la conciencia del protagonista, la ironía implícita en el contraste entre el nombre de la festividad y la realidad vivida, la construcción de una atmósfera opresiva a través de elementos naturales (el clima, la hora del día).

X. Conclusión

«La Nochebuena de Encarnación Mendoza» confirma a Juan Bosch como uno de los maestros del cuento latinoamericano. Su capacidad para condensar en pocas páginas una visión compleja de la realidad social, sin sacrificar la profundidad psicológica ni la calidad estética, hace de este relato una pieza fundamental de nuestra literatura.

La lectura desde la Poética de Meschonnic nos permite apreciar dimensiones del texto que otros enfoques críticos podrían pasar por alto: el ritmo como organización del sentido, la historicidad radical del lenguaje, la constitución de un sujeto de enunciación que habla desde y para el pueblo.

La vigencia del cuento radica en que las condiciones que lo hicieron posible —la desigualdad, la exclusión, la violencia estructural— no han desaparecido completamente de nuestras sociedades. Cada lectura de este texto es una oportunidad para renovar el compromiso ético y político que animaba la escritura de Bosch: la construcción de una sociedad donde la dignidad humana no sea privilegio de pocos sino derecho de todos.

El papel del hijo inocente que conduce a los victimarios hasta su padre nos recuerda, finalmente, que la violencia dictatorial no solo destruye vidas individuales: corrompe el tejido social entero, pervierte las relaciones humanas más elementales y convierte la inocencia misma en instrumento de muerte.

 

 

NLP/

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