RESUMEN
Repensar la educación desde su condición de fenómeno histórico, social, económico, cultural y político es una necesidad para que se transforme la práctica pedagógica, porque muchos docentes han convertido su quehacer áulico en una tarea anclada en un rito a su propio ego.
“Aprender a aprender” es un enunciado clave del presente y del futuro de la modernidad educativa.
Volverse hacia las capacidades plenas del autodidacta para repensar lo que hacemos en el aula con unos estudiantes que necesitan altos estándares e indicadores de calidad para competir en un mercado laboral cada vez más exigente. Esta reflexión no solo debe verse para la universidad, sino para todos los niveles del sistema, haciéndose necesario elaborar una serie de compromisos y responsabilidades para directivos, docentes y estudiantes.
Los espacios educativos deben volver a ser escenarios de interacción socio cognitiva, recreando -en forma simulada- los paseos griegos del saber dilucidado en el diálogo del maestro y sus discípulos, porque la actual complejidad y práctica del quehacer áulico debe ser concebido como labor de dos protagonistas, estudiantes y profesor, para cultivar curiosidad e innovación en la práctica de enseñar y aprender.
El aula debe ser convertida en un complejo sistema en el cual, la investigación, junto al conocimiento y la comunicación, se consoliden en forma integral, para constituirse en agente de cambio permanente. La universidad no es la escuela en donde se trabajan los niveles inicial, básico y medio. No podemos traer a la universidad, la práctica docente de ese nivel, porque la universidad es investigación, docencia y vinculación con el contexto. Este trípode sirve para comprender el conocimiento y aplicarlo en forma exitosa sobre las realidades múltiples de la sociedad.
La universidad en sus procesos formativos debe ser vinculación con el contexto social, comercial, industrial y científico, en búsqueda de nuevas travesías cognitivas.
Trabajar la práctica docente hacia la educación disruptiva para reflexionar desde la enseñanza personalizada, la experimentación y lo autodidáctico, sumando las TIC para el dinamismo de las actividades académicas y de lo que se trata de comunicar. En esta situación, el docente es estratega de la facilitación, planificando, diseñando y produciendo materiales didácticos en formatos múltiples, con el propósito de acompañar al discente en el proceso de aprendizaje, de acuerdo a sus necesidades, viendo la incertidumbre como garante del quehacer áulico.
Como profesores universitarios debemos dar valor a lo que afirma Morín: “todo acto de conocimiento es a la vez biológico, cerebral, espiritual, lógico, lingüístico, cultural, social, histórico, por lo que el conocimiento no puede ser disociado de la vida humana, de la relación social” (1999).
Los profesores debemos procurar llevar el proceso de enseñanza aprendizaje hacia escenario fuera del aula, organizando experiencias educativas en otros entornos del saber, como la industria, el comercio, los parques, los museos y otros lugares en donde se manifiesten formas distintas de conocer.
Los docentes tenemos que esforzarnos por desplazar nuestros discursos tradicionales trabajando estrategias nuevas, con nuevos dinamismos en la praxis. Esta geoestrategias se diseñan sobre las ya existentes y podrían ser: primero, la mediación pedagógica y el aprendizaje significativo. Segundo, convertirnos en facilitador cognitivo, y auspiciar la creación de ambientes innovadores. Tercero, desarrollar una educación centrada en el aprendizaje e incentivar la comunidad que aprende entre grupos de participantes. Cuarto, enfatizar en el aprendizaje colaborativo, y puntualizar la educación a través de proyectos que se desarrollen durante el periodo del cuatrimestre. Podemos indagar para optar por otras acciones formativas no menos relevantes, como por ejemplo, la antigua práctica de los estudios de casos.
La necesaria innovación del profesor es una necesidad permanente en la escuela, porque el docente es el que incentiva las actitudes de cambio e inspira necesidades de éxito personal en los estudiantes y compañeros de labores.
Por Francisco Cruz Pascual
