ENVÍA TUS DENUNCIAS 829-917-7231 / 809-866-3480
15 de febrero 2026
logo
OpiniónVíctor Manuel PeñaVíctor Manuel Peña

La moral y la razón vital de Ortega y Gasset

COMPARTIR:

RESUMEN

Analizando noticia... por favor espera.

La razón vital es el eje central de la filosofía raciovitalista de José Ortega y Gasset.

El afamado filósofo español decía que lo esencial de la realidad no es la razón sino la vida, la cual está condicionada por las circunstancias.

Para entender en toda su dimensión la lógica de la razón vital de Ortega y Gasset hay que examinar el significado y sentido de sus propias ideas con relación a la vida y al ser.

“Las cosas no tienen por sí un ser.  El ser surge como una necesidad que el hombre siente frente a las cosas”, decía el filósofo Gasset, distanciándose de esa manera de los grandes maestros del idealismo clásico que sostenían que las cosas tienen por sí y de por sí un ser, es decir, para los clásicos el ser era una especie de ente abstracto y etéreo que explica el devenir de las cosas.

“El ser de una cosa no es, pues, ni una cosa ni hipercosa: es un esquema intelectual” o esquema mental, subraya Ortega y Gasset.

Para los clásicos el ser de las cosas no es producto del pensamiento, para Ortega y Gasset el ser de las cosas es una creación del intelecto humano.

“Esta idea, la idea de Gasset, que el ser de las cosas es algo que el hombre construye porque lo necesita y, consecuentemente, que no ha lugar a hablar de un ser si se abstrae de la vida lo más mínimo recaída en el idealismo y menos en el que fuera peor de todos, en un idealismo antropológico.  Porque aquí no se dice que las cosas, que las realidades sean construcción de la mente”.

He aquí el pensamiento de Gasset con relación a la vida: “El hombre no es más que vida. Vivir es encontrarse náufrago entre las cosas….Vivir es verse obligado en cada instante a decidir lo que vamos a hacer, por tanto, a ser en el inmediato futuro.  La vida no nos es dada ya hecha, sino que tiene que hacérsela cada cual y el espíritu del hombre no es primariamente espectador de su existencia, sino autor de ésta: tiene que irla decidiendo de momento a momento. Si las cosas que nos rodean se nos impusieran absolutamente en cada instante, serían ellas las que decidieran de nosotros y nuestro caso se parecería al de la bala”.

Y sigue diciendo Ortega y Gasset: “La vida es en su más primaria esencia interrogación – o lo que es igual inseguridad- o lo que es igual imposibilidad de contentarse con las cosas, con lo que está ahí ahora y forzosidad de anticipar lo que serán.  Pero esas cosas futuras o en su futuro no son ya las cosas que nos rodean y por sí mismas se presentan.  El futuro de las cosas tiene que ser imaginado, construido por el hombre…. De esta suerte construye el hombre tras las cosas efectivas de cada instante la cosa permanente, inmutable, en suma, el ser de las cosas”.

Como el ser de las cosas es la interpretación de estas últimas, y como la interpretación es logos o razón, ocurre que “el ser de algo es su razón vital”.

Pero ese ser de algo, que él llama razón vital, se explica con la razón o en el contexto de ésta o con un uso lógico de la razón.

La vida no es posible sin el conocimiento, así “no hay vida sin la interpretación del mundo y de sí misma.  Como antes decía, no hay vida sin convicciones últimas sobre sí misma”. “Queramos o no vivimos con convicciones y de convicciones…La vida es absoluta convicción”.

En el contexto del pensamiento filosófico de Gasset sobre el ser y la vida es que tenemos que analizar el significado de su memorable, célebre e inmortal aforismo “yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo”, y la relación entre la moral y este enunciado o entre la moral y la razón vital.

Como no es posible la vida al margen del conocimiento y de las convicciones, no es posible tampoco la moral al margen del conocimiento y de las convicciones porque la moral es parte intrínseca de la vida.

El conocimiento o interpretación del ser de la vida, implica por línea de consecuencia el conocimiento del ser de la moral.

Entonces la razón vital se aplica no solo a las cosas que circundan y rodean al hombre, es decir, a las cosas que circundan y rodean a la vida, sino a la vida misma.

Es decir, ¿cuál es la interpretación o el esquema intelectual que el hombre tiene de su vida o de su propia vida? En otras palabras, ¿cuál es el ser de la vida visto en el marco del lenguaje orteguiano?

Y como el ser de algo, vale decir, la interpretación, logos o razón de algo, es su razón vital, entonces la interpretación de la vida misma se enmarca dentro de la razón vital de la vida misma.

Si la vida no nos viene dada ya hecha como sostiene Ortega y Gasset, por lo que hay que irla haciendo o construyendo asido del conocimiento, entonces el hombre es el gran hacedor y constructor consciente de su vida, de su pasado, de su presente y de su futuro.

Y si ello es así, y es así en el marco del discurso de la razón vital de Gasset, entonces el hombre trata con las cosas y con las circunstancias o con las circunstancias y con las cosas de manera consciente, huelga decir, él se relaciona con aquellas y las enfrenta con las convicciones propias y con las convicciones sociales que le vienen de la sociedad.

En ese relacionamiento, amistoso o inamistoso, voluntario o no, deseado o indeseado, no hay razón para que el hombre produzca una ruptura con la moral en el marco de la razón vital de Ortega y Gasset y de la vida misma.

Para proceder de manera correcta y no matar la moral el hombre tiene que interpretar el ser de las circunstancias, y comprender y entender ese ser en el marco de las convicciones propias y de las convicciones que le vienen de fuera.

Pero, claro, las convicciones que le vienen de fuera el hombre tiene que saber cedacearlas y digerir las que no contravengan la moral o el ser moral.

Así, el hombre no será un juguete ni de las cosas ni de las circunstancias

El hombre, o ser humano, está llamado a convivir o cohabitar, en el marco de la lógica orteguiana, con las circunstancias, y en la medida en que sea posible tratar de gestionar las mismas usando el conocimiento y las convicciones de que está dotado, pero, jamás, sucumbir ante las circunstancias enterrando la moral.  Y digo esto porque de acuerdo a Gasset “vivir es verse obligado en cada instante a decidir lo que vamos a hacer, por tanto, a ser en el inmediato futuro” y “porque el futuro de las cosas tiene que ser imaginado, construido por el hombre”.

Y es que la moral trasciende a las circunstancias y a las cosas.

Por otro lado, aunque el hombre actúa, en sentido general, apegado al conocimiento –y no sea un juguete ni de las cosas ni de las circunstancias- no es posible aún así que tenga dominio y control total de las circunstancias y de las cosas.

El hombre es un constructor imperfecto del mundo y de su vida, de su presente y de su futuro, y así su desarrollo en el campo de la sociedad y de la historia se da en zigzag, nunca en forma rectilínea, con altas y con bajas, con avances y con retrocesos.

Lo cierto es que las fuerzas sociales, culturales, políticas, ideológicas e históricas – en las que están expresadas las circunstancias de

Ortega y Gaseet- y que se mueven en cualquier sociedad, escapan, en su mayoría, al control consciente y al voluntarismo del hombre.

En la razón vital de Ortega y Gasset, columna vertebral de su filosofía raciovitalista, asistimos a una subjetivización del ser.  El ser aparece como un producto del intelecto o como una creación de la conciencia o de la razón.

En el discurso filosófico de Gasset están relievados, resaltados y destacados las convicciones, el conocimiento, la conciencia y el voluntarismo del hombre como fuerzas protagonizadoras de la vida en la sociedad y en la historia. Y ocurre que en la sociedad y en la historia son muchas las fuerzas, los factores y las variables que no dependen ni de la conciencia ni de la voluntad del hombre.

En el idealismo tradicional el ser está totalmente subjetivizado también pero envuelto en una aureola de aparente objetividad ligado a la existencia de la cosa como ente abstracto e etéreo que agita y provoca su devenir.

En la filosofía antigua, el caso de la filosofía aristotélica, el ser se concebía como la esencia o la sustancia de las cosas, pero que no son las cosas mismas.  En la filosofía idealista clásica y moderna, el ser trasciende los entes, sin el ser ser ente ni consumirse en ellos, por lo que se advierte una condición de trascendencia del ser como abstracción.

Martin Heidegger, filósofo alemán, nazi y autor de numerosos libros de filosofía como El Ser y el Tiempo, decía que “la metafísica se ha olvidado del ser”.

Aunque Ortega y Gasset plantea que su razón vital es distinta de la razón pura de Immanoel Kant, lo cierto es que no abunda sobre los entresijos y profundidades de la razón pura y de la razón práctica de Kant.

Hay que ver si Ortega y Gasset, que no supera las fronteras del idealismo moderno, está haciendo un uso lógico o un uso especulativo o dogmático de la razón pura tal como lo plantea Kant en el primer volumen de su libro Crítica de la Razón Pura.

Aunque Ortega y Gasset no discierne ni habla ni diferencia entre lo que podríamos llamar, siguiendo la lógica del discurso kantiano, la razón vital pura y la razón vital práctica.

Creo que en la razón vital de Gasset hay un uso lógico de la razón pura y, además, el conocimiento orteguiano de la razón es un conocimiento puro y no un conocimiento empírico de la razón.

A diferencia de Ortega y Gasset, Kant desarrolló una extensa y profunda crítica tanto de la razón pura como de la razón práctica.  En Gasset no se da o no existe una crítica de su razón vital.

Aunque la razón ha jugado y juega su rol en el curso de la civilización humana, lo cierto es que la vida, el mundo, las cosas y la historia existen independientemente de la razón.  El mundo, la vida, las cosas y la historia, por consiguiente, no son una consecuencia ni un resultado de la aplicación de la razón pura a la realidad.

Aunque ciertamente el mundo, la vida, y las cosas pueden mejorarse y modernizarse constantemente con la aplicación continua y permanente de la ciencia y de la tecnología a la realidad.

Comenta