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2 de enero 2026
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OpiniónJaime BrunoJaime Bruno

La marcha que hizo temblar a la capital

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La multitudinaria Marcha del Pueblo realizada este domingo 30 de noviembre volvió a colocar a la República Dominicana ante un espejo colectivo. Miles de ciudadanos caminaron por Santo Domingo en protesta contra el alto costo de la vida, el deterioro de los servicios públicos y la sensación generalizada de un país que avanza sin rumbo.

No fue una simple manifestación: fue un plebiscito ciudadano sin urnas. Una muestra viva del malestar acumulado que ya no cabe en los hogares ni en las redes sociales. La marcha, convocada por Fuerza del Pueblo, se inscribe en la tradición histórica de momentos en que la población dominicana decide tomar las calles para reclamar dignidad, como lo hicieron los héroes de 1959, los constitucionalistas del 65 y los jóvenes de la Plaza de la Bandera en 2020.

Los recientes apagones, las fallas del Metro y el caos aeroportuario han sido más que incidentes técnicos: simbolizan un país que se mueve a oscuras, con un gobierno cuya eficacia y credibilidad se han fracturado. Por eso, la protesta golpeó al oficialismo desde tres frentes: visibilizó la magnitud del descontento, expuso las grietas del llamado “modelo del cambio” y reposicionó a Fuerza del Pueblo como la oposición legítima capaz de interpretar el dolor social.

En su discurso de cierre, Leonel Fernández calificó la situación actual como una “tormenta perfecta”, respaldando sus palabras con datos sobre el pobre desempeño económico y el dramático incremento del costo de la vida. Su mensaje resonó como un llamado a corregir el rumbo nacional y como una advertencia para quienes hoy ocupan el Palacio.

Esta marcha, más que un evento político, podría ser el punto de partida hacia una reconfiguración electoral de cara al 2028. Si el descontento continúa creciendo, Fuerza del Pueblo y un liderazgo como el de Fernández podrían convertirse en la alternativa para encaminar al país nuevamente hacia estabilidad, crecimiento y desarrollo.

Porque, como demuestra la historia dominicana, cuando el pueblo camina, el poder tiembla.


Por Jaime Bruno

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