RESUMEN
La movilización que se produjo en el Distrito Nacional ayer domingo fue una verdadera expresión del pueblo dominicano en rechazo a una administración ineficiente, que ha provocado el retroceso de los servicios públicos, el alza de los alimentos y el rezago de la economía, situaciones que ya comienzan a sentir nuestras familias.
En realidad, no se correspondió con una manifestación de una entidad política. Aquel acto desbordante, un mar humano, fue el espacio que encontraron los ciudadanos para manifestar la inconformidad e impotencia que sienten cuando la energía eléctrica se va por horas en nuestros aeropuertos, en el metro, en los hospitales; cuando están en el metro y deben salir a caminar hasta sus casas, a pie, exponiéndose a los peligros de la noche.
La Fuerza del Pueblo solo fue el medio que convocó a una marcha pacífica y, sin esperarlo, fungió como canal para que la población expresara todos los sentimientos encontrados que guarda ante la indiferencia de una gestión incapaz de dirigir correctamente los destinos de la nación.
No creo que deba llamársele la marcha de la Fuerza del Pueblo; la verdad es que debe calificarse como la marcha del pueblo. El gobierno debería felicitar a la FP, pues creó el espacio para que la ciudadanía pudiera expresar de forma pacífica los sentimientos de frustración que aguarda, evitando que en el país se repitiera una poblada como la de 1984; pues, del mismo modo en que una herida se alivia cuando libera la presión interna, esta marcha abrió una vía pacífica para que el malestar ciudadano respirara, antes de convertirse en algo más profundo y peligroso.
Esta vez, el gran triunfo es del pueblo, por manifestarse de manera pacífica y por haber enviado un mensaje al poder: que cambien la forma de manejarse, porque, de lo contrario, sentirán el repudio ciudadano.
Por Isaac Feliz
