RESUMEN
El mes pasado conmemoramos el Día Internacional de los Cristianos Perseguidos, una fecha que fungió como recordatorio de la difícil realidad que enfrentan más de 380 millones de cristianos sometidos a altos niveles de persecución y discriminación por su fe.
De acuerdo con la Lista Mundial de la Persecución 2024, elaborada por la organización Puertas Abiertas, uno de cada siete cristianos es perseguido en el mundo, siendo Corea del Norte y Somalia los países más afectados. El mismo informe revela que, entre octubre de 2022 y septiembre de 2023, 14.766 templos y edificios cristianos fueron destruidos o cerrados, signo de la violencia contra esta comunidad.
Aunque la Declaración Universal de Derechos Humanos reconoce la libertad religiosa como parte de la dignidad inherente a cada persona y como garantía de convivencia pacífica, los organismos internacionales no han mostrado reacción alguna frente a las muertes y ataques sufridos por los cristianos. En Nigeria, por ejemplo, usuarios de las redes sociales han documentado asesinatos y persecuciones perpetradas por grupos armados islámicos cegados por el odio, así como el derrumbe de templos, principalmente católicos. Pese a la gravedad de la situación, los creyentes de este país africano continúan congregándose y mantienen la esperanza de un futuro distinto.
La persecución religiosa también se extiende a países como Somalia, Libia, Sudán, Inglaterra y España. En este último, el Observatorio para la Libertad Religiosa y de Conciencia denunció el caso del sacerdote español Custodio Ballester, quien enfrentó una petición de tres años de prisión acusado de incitación al odio por advertir, hace siete años atrás, sobre el yihadismo radical y el islamismo violento. Finalmente, Ballester fue absuelto, al considerar la justicia que no se cumplían los elementos objetivos ni subjetivos del delito, decisión celebrada por defensores de la libertad de expresión.
En este contexto, el Papa León XIV, durante su visita a Estambul, recordó que «vivimos en un mundo en el que, con demasiada frecuencia, la religión se utiliza para justificar guerras y atrocidades». Sus palabras resuenan en la realidad de Corea del Norte, Somalia, Nigeria y en el caso injusto como el sometimiento del padre Custodio Ballester, ejemplos que reflejan cómo la fe continúa siendo instrumentalizada en escenarios de violencia y represión.
Por Laura Jiménez
