RESUMEN
Hay gobiernos que legislan. Hay gobiernos que improvisan. Y luego está el Gobierno del PRM, que ha decidido innovar creando una tercera categoría: los gobiernos que se contradicen antes de terminar de cortar la cinta del acto inaugural.
Porque, ¿qué otra forma hay de describir el espectáculo reciente?
Apenas la tinta del nuevo marco normativo de Compras y Contrataciones —la flamante Ley 47‑25— terminó de secarse, el presidente Luis Abinader emitió el Decreto 82‑26, autorizando a 14 instituciones a realizar compras por excepción en nombre de la “seguridad nacional”.
Sí, leyó bien: Ley nueva, excepción más nueva todavía.
Es como estrenar un carro y, antes de sacarlo del dealer, anunciar que ya está en el taller porque “hubo que hacerle unos arreglitos”.
El Gobierno que se contradice a sí mismo
El decreto dice que no se pueden comprar uniformes ni zapatos bajo el paraguas de la seguridad nacional. Excelente. Pero acto seguido autoriza a medio Estado —desde el Ministerio de la Presidencia hasta Pasaportes— a comprar por excepción todo lo que consideren “estratégico”.

Uno se pregunta:
¿Es incoherencia?
¿Es incapacidad?
¿Es torpeza?
¿O es simplemente el estilo de gobierno más puro y transparente que hemos visto: hacer hoy lo contrario de lo que se anunció ayer?
La seguridad nacional más flexible del Caribe
El decreto habla de amenazas transnacionales, desastres naturales, crimen organizado…
Todo muy solemne.
Pero la pregunta que flota en el aire es otra:
¿Por qué aprobar una ley para fortalecer la transparencia si el primer movimiento oficial es abrir 14 puertas laterales para evadirla?
Es como inaugurar un gimnasio y celebrar cortando un bizcocho de tres leches.
La excepción como regla
El decreto dice que la regla será la selección competitiva.
Perfecto.
Pero también dice que, “con carácter excepcional”, se podrá contratar de manera directa cuando las circunstancias lo exijan.
Y en este país, ustedes lo sabesn:
las circunstancias siempre lo exigen.
La cereza del pastel: todo reservado
Para completar la obra maestra, toda la información de estas compras será “reservada”.
Porque nada dice “transparencia” como un decreto que declara secreto lo que se compra, cómo se compra y a quién se le compra.
La nueva ley nació para modernizar el sistema.
El decreto nació para modernizar la excepción.
Y el ciudadano nació para enterarse de nada.
Entonces, ¿qué tipo de gobierno tenemos?
Uno que legisla con una mano y se desautoriza con la otra.
Uno que inaugura reglas para luego inaugurar excepciones.
Uno que habla de transparencia mientras reserva la información.
Uno que promete institucionalidad mientras la dobla como si fuera un recibo viejo.
En resumen: un gobierno que se parece mucho a un espejo roto: refleja, pero nunca completo.
