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18 de enero 2026
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OpiniónArturo López ValerioArturo López Valerio

La Ley de Modernización Tributaria: el pivote estratégico que República Dominicana necesita para la economía digital

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RESUMEN

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El autor es empresario tecnológico

Un análisis de cómo el proyecto de ley que modifica el Código Tributario puede convertirse en el catalizador de la economía digital dominicana

El Momento perfecto para la digitalización

Mientras República Dominicana avanza hacia la implementación masiva de la facturación electrónica, un proyecto de ley aparentemente técnico está sentando las bases para algo mucho más ambicioso: la transformación de la nación en el hub tecnológico del Caribe. El proyecto que modifica el párrafo IV del artículo 56 del Código Tributario no es solo una actualización administrativa; es el pivote estratégico que el país necesita para acelerar su economía digital.

La propuesta, presentada por el presidente Luis Abinader al Congreso Nacional, permite a la Dirección General de Impuestos Internos (DGII) utilizar servicios de computación en la nube y centros de datos de terceros. Esta aparente modernización técnica esconde un potencial transformador que podría posicionar a República Dominicana a la vanguardia de la revolución digital latinoamericana.

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La Economía Digital: un sector de US$5,404 Millones en crecimiento

En el libro Economía Digital: motor de cambio para la República Dominicana (Tabuga, 2da edición, abril 2022), recopilamos con visión cómo la economía digital del país podía alcanzar el 5.85% del PIB nacional en 2022 –y así lo hizo, generando ingresos por más de US$5,404 millones. Este monto se distribuyó entre cinco mercados clave:

  • Fintech: US$3,213 millones
  • Comercio electrónico: US$1,563 millones
  • Publicidad digital: US$251 millones
  • Medios digitales: US$232 millones
  • Servicios electrónicos: US$145 millones

Esta cifra coloca al país cerca del promedio global estimado por la UNCTAD (4.5%-15.5% del PIB), con un crecimiento compuesto proyectado del 12.3% anual entre 2020 y 2024. La reforma tributaria representa precisamente esa oportunidad estratégica para consolidar ese crecimiento.

El Problema inmediato

Desde 2019 hasta inicios de 2025, la DGII ha procesado 715 millones de comprobantes fiscales. Con la implementación de la Ley 32-23 de Facturación Electrónica, que hace obligatorio el uso de factura electrónica en todo el territorio nacional, este volumen se multiplicará exponencialmente. La infraestructura actual, diseñada en 2006, simplemente no puede manejar esta carga de datos.

La restricción legal que obliga a almacenar datos únicamente en bases de datos propiedad de la DGII se ha convertido en un cuello de botella que amenaza la eficiencia del sistema tributario nacional. El proyecto de ley elimina esta limitación, permitiendo el uso de tecnologías modernas como cloud computing.

La Oportunidad estratégica

Pero esta modernización va mucho más allá de resolver un problema operativo. Representa la habilitación de una infraestructura digital que puede servir como columna vertebral para toda la economía digital dominicana.

El nuevo marco legal permitirá que los datos puedan ser «recibidos, procesados y almacenados en centros de datos propios, de terceros o en servicios de computación en la nube», manteniendo la DGII la titularidad y control sobre la información. Esta flexibilidad tecnológica abre las puertas a la adopción de tecnologías avanzadas como inteligencia artificial, big data Analytics y machine Learning. Además, proporciona escalabilidad eficiente con capacidad de crecer según la demanda sin inversiones masivas en infraestructura, y habilita la innovación colaborativa mediante la posibilidad de trabajar con proveedores tecnológicos de clase mundial.

El desafío de la soberanía digital

No obstante, el proyecto presenta una laguna estratégica significativa: no establece restricciones geográficas para los servicios de terceros. Esto significa que datos tributarios sensibles podrían almacenarse en servidores ubicados fuera del territorio nacional, planteando interrogantes sobre soberanía digital y seguridad nacional.

Esta ausencia de restricciones territoriales, aunque permite acceso a las mejores tecnologías globales, requiere un marco complementario que equilibre eficiencia operativa con soberanía digital. Países como China y algunos miembros de la Unión Europea han desarrollado marcos que permiten innovación tecnológica mientras protegen datos críticos nacionales.

Hacia el Hub Tecnológico del Caribe

República Dominicana cuenta con condiciones excepcionales para convertirse en un centro tecnológico regional. Destaca su alta tasa de emprendimiento del 17%, una de las más altas de la región, junto con una población joven que representa un factor clave para la adopción tecnológica.

El país también cuenta con conectividad robusta, alcanzando un 75% de penetración de internet con 8.08 millones de usuarios, y mantiene un marco legal favorable respaldado por múltiples acuerdos comerciales internacionales.

La Infraestructura digital como catalizador

La modernización del sistema tributario puede servir como catalizador para desarrollar un ecosistema digital integral. Los centros de datos nacionales representan una oportunidad inmediata, ya que la demanda generada por el sector público puede justificar inversiones privadas en infraestructura de datos de clase mundial.

Simultáneamente, el desarrollo de un ecosistema Fintech se ve favorecido por sistemas tributarios modernos y eficientes, atrayendo empresas de tecnología financiera que requieren infraestructura robusta y regulaciones flexibles. Finalmente, la experiencia ganada en el manejo de grandes volúmenes de transacciones tributarias puede aplicarse directamente al desarrollo de plataformas de comercio electrónico.

El peligro de la visión cortoplacista

Existe el riesgo de que esta modernización se implemente con una visión puramente operativa, perdiendo su potencial transformador. Si el proyecto se ejecuta solo para resolver el problema inmediato de capacidad de almacenamiento, República Dominicana desperdiciaría una oportunidad única de posicionamiento estratégico.

La ventana de oportunidad

El contexto actual presenta una ventana de oportunidad irrepetible que combina múltiples factores favorables. La era postpandemia ha acelerado globalmente la digitalización, creando una demanda sin precedentes por soluciones tecnológicas.

La implementación de la facturación electrónica genera una necesidad operativa que justifica inversiones significativas en infraestructura digital. Al mismo tiempo, el país cuenta con un gobierno con visión digital clara y pro-tecnología, mientras que existe una creciente demanda regional de otros países del Caribe que buscan soluciones tecnológicas avanzadas.

El futuro está en juego

La modernización del Código Tributario representa mucho más que una actualización administrativa; es una decisión estratégica que definirá el futuro tecnológico de República Dominicana. El país se encuentra en una encrucijada: puede aprovechar esta oportunidad para dar un salto cuántico hacia la economía digital, o puede implementar una solución limitada que resuelva solo el problema inmediato.

La diferencia entre ambos escenarios radica en la visión y la ejecución. Si República Dominicana logra articular una estrategia integral que combine modernización tecnológica, soberanía digital, desarrollo de talento local y posicionamiento regional, estará sentando las bases para convertirse en el hub tecnológico del Caribe.

Los próximos meses serán cruciales. La forma en que se implemente esta ley y las políticas complementarias que se desarrollen determinarán si República Dominicana será un espectador o un protagonista de la revolución digital que está transformando América Latina.

La economía digital dominicana, valorada en más de US$5,404 millones en 2022 y creciendo al 12.3% anual, tiene el potencial de multiplicarse exponencialmente con las decisiones correctas. Es una ficha clave para el crecimiento hacia 2036.

El proyecto de ley tributaria no es el destino; es el punto de partida hacia un futuro digital próspero y soberano. La pregunta no es si República Dominicana se digitalizará, sino si liderará o seguirá en esta digitalización. La respuesta está en las decisiones que se tomen hoy.

La economía digital no espera. Es hora de actuar con visión estratégica y ambición transformadora.

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