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20 de enero 2026
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OpiniónAlfredo GarcíaAlfredo García

La jugada maestra

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RESUMEN

Analizando noticia... por favor espera.

De un tiempo para acá a Fe María le cogió con que una aplicación de su teléfono inteligente sabía lo que pensaba porque según ella no era posible que sin decir palabra alguna sobre un tema que había solamente pensado, su red social le bombardeara con contenidos relativos a ese particular.

Un día se levantó con un dilema en la cabeza y se propuso pensar en tres cosas sin decirlas, para confirmar a conciencia, si de verdad esa aplicación leía la mente, como suponía.

Se dijo en su cabeza, con la clara intención de no verbalizar palabra alguna, “voy a pensar en un carro en particular con el color, modelo y marca específicos que no sea mi favorito, para no haberlo pensado ni dicho antes.

De igual forma pensaré en una casa decorada con ladrillos, y por último en el vestido blanco de Diana de Gales, para ver qué ocurre cuando abra la aplicación”.

Su meta era esperar el día completo para ver si en sus interacciones con la red social aparecían contenidos así como lo había pensado.

Tomó su celular y para su sorpresa no pasó media hora cuando aparecieron publicidad y contenidos de “influencers” hablando sobre las bondades del tipo de carro que había imaginado.

Pero después subieron contenidos de decoraciones de interior en ladrillos naturales en diversas formas de colocación y tamaños, dando cuenta de la calidez que le impregnaban a los espacios en interiores este material.

Y para dejarla boquiabierta, una noticia sobre Diana de Gales y su encuentro con Oscar de la Renta, en los años noventa, salió en los contenidos que estaba viendo.

Todo esto en espacio de media hora, lo que la dejó sin aliento, ni habla, pues estaba confirmando su corazonada de que las aplicaciones de los celulares podían leer incluso la mente, si se lo proponían

Aquello la dejó en una pieza, abriéndole un abanico de preocupaciones, pues entraba en el dilema de si ella estaba pensando por sí misma y le era leída la mente, o si esos pensamientos fueron inducidos previamente en su subconsciente, por medio de una aplicación.

Ya sea que había sido inducida o que ciertamente, la aplicación le hubiera leído la mente, ambas posibilidades eran preocupantes para Fe María, pues para ella significaba que había perdido su autonomía y era manejada como marioneta, o la otra posibilidad, sería que había perdido por completo su intimidad y el sentido de privacidad hasta en sus pensamientos.

Todas estas preocupaciones apenas comenzaban y no tenía forma de saber lo que le iba a suceder esa misma noche.

Pues la aplicación como si supiera que estaba siendo probada por Fe María, y para demostrar su poder y dominio absoluto sobre su mente, decidió hacer su jugada maestra, su movimiento final, el gran cierre, ese que le sacaría el aire por completo y la estremecería a lo sumo, como un mensaje para que no ose meterse más allá de lo debido.

Esa misma noche de domingo para lunes, soñó que en la institución bancaria donde labora, la visitaba una nueva clienta llamada Amanda Fitipaldi, totalmente desconocida y que en nada tenía que ver con ella.

En el sueño, ellas dos hablaban de abrir una cuenta y demás temas bancarios que amigablemente dirimieron sin mayores contratiempos, algo simple y sin nada especial, pero memorable porque recordaría el nombre y el rostro de la persona al día siguiente, cosa rara porque Fe María pocas veces recordaba sus sueños.

Para su sorpresa y conmoción, la mañana del lunes la dejó frizada una notificación de que una Amanda Fitipaldi la empezó a seguir en la aplicación social y al abrir el perfil de su nueva seguidora, notó que era una persona totalmente desconocida para ella, de otro país, de ambientes profesionales y personales disímiles, por consiguiente nuestra protagonista no comprendía cómo una persona tan ajena, primero, ella pudo soñarla y luego, le había dado a seguir en la red social que compartían, por lo que se preguntaba ¿qué podían tener en común?, y ella reflexionó: «La aplicación que lee la mente»

A partir de ese día la joven banquera aprendió a respetar la tecnología teniendo sumo cuidado con lo que hacía, a sabiendas de que cada paso que daba y pensamiento que tenía estaba siendo vigilado y estudiado, en primera instancia para inducirla a quien sabe qué cosa y en segunda, y esto estaba en su mente, controlarla para propósitos desconocidos.

Sin embargo, al final del día, entendió que no podía controlar la situación por más que quisiera, de manera que tomó la decisión de no mortificarse más, no darle mente y seguir con su vida.

La historia que acabo de relatar es mitad verdad y mitad mentira. A veces las licencias literarias permiten escribir fábulas partiendo de una verdad o historias partiendo de una mentira, todo va a depender del humor y el ánimo de quien escriba, y de cómo la tome quien lea una fábula como esta, que aspira a ser entretenida, pero sin pretensiones de ser verdad.

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