La inmigración haitiana: Realidad o campaña? 

Por Juan López lunes 17 de julio, 2017

En las últimas semanas, en la R. Dominicana (RD) han resurgido los cuestionamientos que genera la inmigración haitiana. Para un sector se considera una “lamentable realidad” y para otro sector es “una simple campaña” que, cada cierto tiempo, montan grupos fanatizados en sentimientos  anti-haitianos.

Un sector  magnifica la información (sin confirmación) de que en la RD hay “una invasión pacífica de casi 4 millones de haitianos ilegales”; mientras que otros expresan que esa información es producto de una amplia campaña mediática que “grupos racistas y anti-haitianos” promueven en los medios de comunicación y redes sociales.

Es cierto, en las últimas décadas se ha incrementado la presencia de haitianos en las calles y pueblos de la RD. Los haitianos se han convertido en importante mano de obra “barata” en las diferentes actividades  agropecuarias, de la construcción y en vendedores informales de toda clase de artículos.

A lo anterior se adiciona la “información que más del 30%” del presupuesto de algunos hospitales públicos son destinados a prestar servicios médicos a parturientas haitianas.

Para asumir una posición consecuente, justa, humanitaria y, al mismo tiempo, patriótica frente a dicho debate, es menester tomar en cuenta, con objetividad, estas siete situaciones:

  1. La vecina R. de Haití sigue siendo el país de mayor pobreza en el continente americano y hemisferio occidental.
  2. Los haitianos padecen de altísimas tasas de desempleo, analfabetismo y una creciente densidad poblacional (396.5 p/Km2), .con casi 12 millones de habitantes en 27,750 Km2, en terreno montañoso y depredado.
  3. El pueblo haitiano ha sido víctima de varios “dictadorzuelos”. La inestabilidad política y la ausencia de instituciones son las características fundamentales de ese país, en las últimas tres décadas. Apenas tienen siete meses que “salieron de una profunda crisis política” para constituir nuevo gobierno.
  4. También han padecido los embates destructivos de varios fenómenos de la naturaleza: Terrible terremoto del 2010, varias tormentas y fuertes inundaciones.
  5. La “ayuda internacional” se ha limitado a la ocupación militar por más de 16 años de miles de soldados auspiciados por la MINUSTAH y a demagógicas y ridículas ayudas económicas que, en gran porcentaje, han sido desviadas a cuentas privadas.
  6. La RD es el mejor y más fácil destino que tienen los haitianos para sobrevivir. En su país no tienen formas para vivir con un mínimo de dignidad.  En otros países no los aceptan y “sin miramientos” los expulsan, incluso en países que se autodefinen sus principales aliados para hacer aviesas campañas contra la RD.
  7. La R. de Haití es un importante mercado para la producción dominicana, a tal grado que se le considera como la segunda socia comercial de la RD.

A los fines de ser consecuentes con la historia, ahora que estamos conmemorando el 179 aniversario de la fundación de la Sociedad Secreta La Trinitaria (15 de julio de 1838), instrumento que se usó para gestionar la separación de la ocupación haitiano (por más de 22 años) y también el 141 aniversario (16 de julio de 1876)  del fallecimiento de su fundador y Padre de la Patria, General Juan Pablo Duarte, procede valorar la situación de la inmigración haitiana con racionalidad, sin emotividad ni pasión, con prudencia e interés en aplicar el preclaro pensamiento duartiano cuando nos aconseja: “Sed justo lo primero, si queréis ser felices”.

Los dominicanos tenemos que ser los más interesados en que surjan soluciones a los  graves  problemas económicos, sociales y políticos que padecen los haitianos allá,  en su país, porque, independientemente de nuestros deseos, esa sería la  única forma que se convertiría en un verdadero muro  para detener dicha inmigración.

La inmigración haitiana es una innegable realidad por las 7 razones indicadas, porque nuestra frontera es muy porosa y vulnerable a través de Monte Cristi, Dajabón, Jimaní, Elías Piña y Pedernales, y porque nuestros gobiernos no han definido una política de Estado frente a dicha realidad. Miles de subterfugios y mecanismos seguirán utilizando los haitianos para llegar a nuestro país, lo cual prefieren antes que morir de hambre.

Pero también, hay grupos de las élites económicas y políticas en Haití y aquí en RD que aprovechan esa situación para hacer negocios y campañas racistas y anti-haitiana, lo cual debe ser rechazado para evitar que la situación se complique, que comunidades dominicanas o haitianas se llenen de odio y prejuicios, lo  que en nada beneficiaría a ninguno de los dos países.

Tenemos que manejar la realidad de la inmigración haitiana como un problema que se solucionaría allá, en Haití; pero sin hacer campañas demagógicas y mucho menos racistas porque no convienen al pueblo haitiano y tampoco a la paz, la democracia, libertades  y soberanía que disfruta el  pueblo dominicano.

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