RESUMEN
Los niños, niñas y adolescentes fuente inagotable de creatividad y pasión que constituyen el presente de nuestra nación en donde se sustenta la continuidad de la sociedad que hoy construimos.
A diecinueve meses de haberse declarado pandemia el COVID-19, el Internet se ha convertido en nuestro mejor aliado. A través de los medios digitales y redes sociales hemos podido mantener de manera ininterrumpida la comunicación y contacto con el mundo exterior en el período de confinamiento. Las plataformas digitales nos han unido con nuestros familiares, amigos, nos permiten trabajar, son una herramienta para la educación a distancia, podemos obtener información en tiempo real, entretenernos y otras tantas bondades.
De acuerdo con el informe digital 2021 elaborado por Hootsuite y We are social, el 60% de la población mundial son usuarios de internet, lo que supone un crecimiento de más del 13%, evidenciando un cambio por parte del usuario digital. El estudio de la consultora Mckinsey en mayo 2020, reveló que a ocho semanas de Pandemia habíamos avanzado el equivalente de 5 años en adopción digital; mientras que la Revista Forbes México establece que el usuario promedio se mantiene conectado 7 horas al día. Lo que quiere decir que estuvimos encerrados, más no aislados, gracias al internet.
Sin embargo, existe otra gran realidad que es el lado oscuro del espacio digital que saca lo peor que llevamos dentro. Situaciones como el ciberacoso, grooming, las fake news, sexting, el acceso indiscriminado a contenidos sensibles, la viralización de información dañina, el riesgo de perder la privacidad y lo obsesionados que estamos con los dispositivos y la conectividad ha llegado a aislarnos del mundo real, al punto de padres que no ven ni comparten con sus hijos y al revés, así como la selección de artículos, consumos y gastos que están condicionados a la economía del comportamiento que registra el mundo digital.
Estos aspectos negativos impactan de manera directa a la sociedad, abrazando en especial a la población más vulnerable, la niñez y adolescencia. El incremento de la baja autoestima, de los conflictos legales y del consumo excesivo, ha transformado situaciones de hogar/personal en una problemática de Estado con responsabilidad social. Los peligros a los que están expuestos los niños, niñas y adolescentes navegando sin supervisión, control y discernimiento de la información para el uso adecuado, no se puede percibir, no se ven hasta que suceden y es ahí cuando se sienten. La huella digital indeleble que deja una situación negativa marca para toda la vida, siendo la prevención la mejor solución.
En conclusión, el internet es un arma de doble filo, debemos trabajar desde la temprana edad la construcción y fortalecimiento constante de la autoestima de nuestros niños, niñas y adolescentes, acompañarlos en su proceso de crecimiento y madurez, asumiendo el compromiso de que para mejorar la sociedad hay que trabajar en la mejora de cada individuo.
Por Julia Muñiz Subervi
