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15 de febrero 2026
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OpiniónMiguel CanóMiguel Canó

La hora de la provincia Santa Lucía ha llegado

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RESUMEN

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La propuesta de crear la provincia Santa Lucía no es un capricho ni un invento localista. Es un reclamo histórico que hoy encuentra respaldo en datos demográficos, económicos y geográficos que la hacen viable y necesaria. Como matero, lo digo con claridad: Las Matas de Farfán, El Cercado y Vallejuelo tienen argumentos de sobra para convertirse en la provincia número 32 de la República Dominicana.

Un acto de justicia histórica.

En 1938, San Juan se desprendió de Azua para convertirse en provincia. Aquella decisión respondió a un criterio claro: el territorio, la población y la producción agrícola de San Juan justificaban un gobierno local con instituciones propias. Hoy, casi un siglo después, la historia nos coloca en un escenario similar. Santa Lucía puede y debe dar el paso que San Juan dio en su momento.

No se trata de dividir por dividir. Se trata de acercar la gestión pública a la gente, de descentralizar los recursos y de corregir desigualdades territoriales que se arrastran desde hace décadas. Quedarnos como estamos es condenar a Las Matas de Farfán, El Cercado y Vallejuelo a seguir en la periferia del desarrollo. Convertirnos en provincia es abrir una nueva página de oportunidades.

Nacer en el centro de la tabla.

Los números hablan por sí solos. Santa Lucía contaría con más de 1,100 km² de territorio, lo que la ubicaría en la media de las provincias dominicanas por extensión, por encima de demarcaciones históricas como Dajabón, Monte Cristi o Hermanas Mirabal.

En población, rondaríamos los 80 mil habitantes, más que provincias como Dajabón y casi igual a El Seibo. Es decir, no naceríamos en el furgón de cola, sino en la media de la tabla nacional. Incluso en densidad poblacional estaríamos en un nivel similar al de provincias consolidadas como Monte Plata o la propia San Juan.

En lo económico, la vocación agrícola es evidente. Santa Lucía se levantaría como un baluarte de la seguridad alimentaria nacional, produciendo habichuelas, maíz, arroz, café y tabaco. San Juan concentra cerca de la mitad de la producción nacional de habichuelas, y buena parte de esa tierra fértil está en Las Matas, El Cercado y Vallejuelo. No hablamos de promesas, hablamos de una realidad productiva que sustenta al país.

El hijo más aventajado

Santa Lucía no sería un hijo más, sería el hijo más aventajado de San Juan. No para competir con la provincia madre, sino para multiplicar las oportunidades de toda la región. La descentralización nos daría instituciones propias, presupuesto dirigido, servicios públicos más cercanos y políticas públicas a nuestra medida.

Hoy, gran parte de los recursos estatales se concentran en la cabecera de San Juan de la Maguana. Mientras tanto, nuestros municipios luchan con presupuestos limitados, carreteras deterioradas y servicios que no llegan a tiempo. Con una provincia propia, tendríamos voz directa en el Congreso, mayor capacidad de gestión y la posibilidad de diseñar proyectos adaptados a nuestra realidad.

Lo que ganaríamos

  • Convertir a Santa Lucía en provincia traería beneficios concretos:
  • Gestión pública más eficiente: con oficinas estatales locales, sin tener que depender de la cabecera provincial actual.
  •  Inversión en infraestructura: más presupuesto para caminos, hospitales, escuelas y obras comunitarias.
  •  Fortalecimiento del agro: incentivos específicos para cultivos que ya sostienen gran parte de la economía nacional.
  •  Identidad cultural y política: una voz propia en el concierto nacional y un nuevo espacio de representación para nuestros líderes.

Más allá de los números, está el tema de la dignidad. Cada región merece un trato justo, y hasta ahora nuestros municipios han recibido menos de lo que aportan. Santa Lucía equilibraría la balanza y daría protagonismo a una zona que ha sido relegada por demasiado tiempo.

Por encima de banderas

Este anteproyecto de ley lo presenta el senador Félix Bautista, de la Fuerza del Pueblo. Algunos han mostrado reservas solo porque proviene de la oposición. En lo personal, pienso distinto: si el desarrollo y beneficio de mi pueblo viene de cualquier parcela o partido político, bienvenido sea; y contará con mi apoyo y mi defensa. El progreso de nuestra gente debe estar siempre por encima de las banderas partidarias.

Hora de dar el paso

La creación de nuevas provincias siempre genera debates. Algunos dirán que el país no necesita más divisiones, que basta con las actuales. Pero la historia demuestra lo contrario. Cuando en 1938 San Juan se convirtió en provincia, también hubo voces críticas. Sin embargo, el tiempo validó aquella decisión: permitió un mejor desarrollo, una identidad propia y un crecimiento que de otro modo hubiera sido imposible bajo la sombra de Azua.

Hoy estamos ante la misma disyuntiva. O seguimos siendo periferia de San Juan, o nos convertimos en protagonistas de nuestro propio desarrollo. La diferencia es clara: con provincia tenemos más recursos, más presencia institucional y más futuro.

En conclusión: Santa Lucía no nacería rezagada, nacería con fuerza. Sería una provincia agrícola, productiva, con territorio y población suficientes para sostenerse. Sería, sin dudas, el hijo más aventajado de San Juan.

Santa Lucía no pide permiso. Santa Lucía exige su lugar en la historia. Y el momento es ahora.

Por Miguel Cano
Especialista en marketing y gestión de proyectos públicos
Columnista de opinión en El Nuevo Diario.

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