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14 de febrero 2026
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OpiniónFlorentino Paredes ReyesFlorentino Paredes Reyes

La historia y sus fines educativo en la sociedad dominicana actual

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RESUMEN

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Para poder entender la historia como ciencia, debemos establecer diferencia entre el pasado y la historia, algo que, a partir de lo vivido y aprendido en nuestro país, ha sido confundido por nuestros historiadores, quienes en mucho de los casos son carentes de toda responsabilidad moral sobre lo que promueven, olvidando la importancia de la historia en la conformación de las naciones, sobre todo en aquellas, donde sus naturales tienen bien inculcados los principios distintivos que les llevan a amar, respetar y cuidar lo que son en el presente y lo que aspiran a futuro.

El pasado, son los acontecimientos con impacto social, trascendencia y sin posibilidades de ser modificado. Ejemplos de ese pasado podemos encontrar en los dictadores del siglo XIX y XX como Lilís, Cesáreo Guillermo, Meriño, Trujillo y Balaguer, sin posibilidad de redención para muchas generaciones de dominicanos.

La historia por el contrario es esa posibilidad de estudiar y comprender una nueva visión de esos personajes, sin encasillamiento de buenos o malos, dictadores o democráticos, corruptos y honestos, que nos permita entenderlos y aprovechar sus aportes en la consumación del presente.

En nuestro país hemos olvidado que la historia da sentido a los hechos del pasado, cuestionando de manera profunda nuestro presente. En ese olvido, tomamos cualquier personaje pretérito o cualquier hecho, y lo promovemos como el nuevo báculo moral sobre el cual debemos alinearnos: Las Mirabal, Mamá Tingó, Manolo Tavares, Francis Caamaño y hasta los héroes del 30 de mayo, son ejemplos patéticos de ello.

La práctica no es nueva, pero ahora es cuando nos estamos enterando de sus negativos efectos, al tener como resultado una sociedad apática, sin la mirada fija en una figura que anime imitar su legado, su ideal político. Honradamente estamos descalificados para aplicar los correctivos para direccionar la manera de vernos, tratarnos y proyectarnos como nación.

Los ideales de Juan Pablo Duarte, Pedro Francisco Bonó y Ulises Francisco Espaillat, no significan nada para las presentes generaciones que prefieren tener como referente un Youtuber, influencers o intérprete de música urbana. El sentido de identidad está casi perdido, la preparación para la vida adulta es una quimera y no se comprende que, las acciones tienen consecuencias.

Nuestros historiadores no han logrado entender que, en el análisis del pasado se producen diversos puntos de vistas, que es lo mismo a decir que, sobre un mismo hecho puede haber diferentes versiones, entendiendo que las conclusiones en temas históricos son provisionales.

La historia, transmitida de manera organizada, comprendida, explicada y contextualizada no permite que caigamos en el gran error de la historia loca, el anacronismo. Donde se ha presentado una tradición acabada que debe ser aprendida de memoria sin espacio a los cuestionamientos. Esa visión niega a las presentes generaciones la posibilidad de reñir y aportar al esclarecimiento de los hechos que construyeron nuestro presente
Es de vital importancia que, para contribuir a la inserción de hombres y mujeres interesados por los problemas sociales que nos han aquejados por décadas, cambiemos esa visión de entender y enseñar la historia y, creamos en la importancia de esta ciencia en la conformación de la identidad y resolución de problemas.

Para ello es necesario comprender la importancia de la historia y sus fines educativo en la sociedad dominicana actual.

Por: Florentino Paredes Reyes.

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