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15 de febrero 2026
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OpiniónVíctor Manuel PeñaVíctor Manuel Peña

La guerra nuclear en el discurso: la confrontación entre EEUU y Corea del Norte

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RESUMEN

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La confrontación entre Estados Unidos y Corea del Norte está muy encendida, o muy al rojo vivo, desencadenada la misma, en realidad, por la explosiva, angustiante y desesperada campaña exhibicionista de Corea del Norte, consistentes en los recurrentes lanzamientos de misiles basilísticos al océano Pacífico.

Kim Jong-un, el convulso presidente de Corea del Norte, parece que en su paranoia, exacerbada por los poderes inmensos que tiene, se solaza en intranquilizar la Península de Corea y en constituirse en una amenaza a la paz en Asia al usar muy despampanantemente la condición de mini-potencia nuclear del país que dirige.

Su alocada conducta no rebasa los muy estrechos y degradantes límites del masoquismo.

La condición de mini-potencia del Corea del Norte contrasta con la situación de extrema pobreza y miseria que vive esa nación. O sea que la condición de mini-potencia la ha logrado sobre la base de estrangular, económica y socialmente, a la población de ese país.

La situación de aberrante y persistente desgracia que le ha ocasionado al pueblo de Corea del Norte, sin democracia y sin libertad, quiere extrapolarla o extenderla a la Península de Corea, en particular, y Asia y al mundo en general.

¿Qué ha pasado y qué está pasando con la geopolítica del dominio imperial en la Península de Corea?

En la guerra ruso-japonesa de 1904-1905, Japón, después de triunfar en esa guerra, le arrebató a Rusia el dominio de la Península de Corea. Ese dominio lo tuvo Japón hasta 1945, fecha en que Estados Unidos, en su condición de primera potencia del mundo, sustituyó a Japón en el dominio de esa región.

Después de finalizada la Segunda Guerra Mundial se inició el muy largo y prolongado período de la Guerra Fría, en el que hubo una confrontación a muerte entre las dos superpotencias del mundo bipolar en que vivimos durante todo el trayecto de esa guerra.

Esa confrontación a muerte entre Estados Unidos y la exUnión Soviética se dio en todos los campos y escenarios de la vida: desde el ideológico-político, pasando por lo económico y social, atravesando el científico-tecnológico y abarcando también el área militar, nuclear y espacial.

O sea que la lucha entre las dos superpotencias se dio en todos los planos y terrenos de la sociedad y de la vida, sin dejar de tener relaciones diplomáticas formales.

No obstante la profundidad, el calado y lo encendido de la confrontación entre estas dos superpotencias, nunca la humanidad estuvo al tris del estallido de la tercera guerra mundial; antes al contrario, los Estados y los gobiernos de las dos superpotencias supieron entenderse en el campo de la diplomacia, llegando a negociar a SALT 1, SALT 2 y hasta un tratado de misiles antibalísticos para “limitar la extensión y la proliferación de armas nucleares”.

Es más, en 1972 esas dos superpotencias anunciaron al mundo la espectacular noticia de que habían decidido trabajar de manera conjunta en la instalación de una central espacial única, una especie de alianza o coalición estratégica nuclear.

Finalmente, la derrota que Estados Unidos le propinó a la exUnión Soviética tuvo que ver más con la fuerza de la tecnología y de la ciencia, que con la fuerza de lo ideológico.

Hoy una superpotencia nuclear, Estados Unidos, confronta con una mini-potencia nuclear, Corea del Norte, en un momento en que ambas naciones están dirigidas por presidentes dotados de un temperamento descontrolado, explosivo e impulsivo. Pero a diferencia de Corea del Norte, Estados Unidos tiene un sólido aparato de inteligencia, de seguridad y de estrategia que no está subordinado al presidente de la República ni a su voluntad.

En cambio, en Corea del Norte, el aparato de inteligencia, de seguridad y de estrategia está íntegramente subordinado al presidente de turno, a su personalidad y a su temperamento.  Además, en ese país lo que hay es una verdadera dictadura con ribetes de tiranía férrea y sangrienta.

Ambos presidentes tienen en tensión a la comunidad internacional al desarrollar una especie de guerra nuclear pero en el discurso.

Un discurso destemplado, no diplomático y lleno de amenazas inenarrables.

Así, Kim Jong-un ha amenazado a Estados Unidos no solo con seguir disparando sus misiles balísticos en el Pacífico, sino de lanzar un misil de largo alcance que toque el territorio continental de Estados Unidos.

El misil verbal de Trump no se hizo esperar: respondió diciendo que Estados Unidos atacaría a Corea del Norte “con un fuego y una furia jamás vistos en la historia universal”. Y recientemente fue más lejos aún: dijo que Estados Unidos llevaría a cabo “un masivo ataque militar y nuclear que borrarría del mapa a Corea del Norte”.

Palabras inusuales en el lenguaje diplomático de presidentes sensatos.

Aunque ambos “jefes de Estado” no controlen sus desbordadas emociones e impulsos, lo cierto es que la sangre no llegará al río, no habrá guerra nuclear entre ambas naciones, y no porque Corea del Norte cuente con arsenales nucleares, sino porque la cruda historia de la Guerra Fría y la geopolítica mundial y del dominio imperial nos dicen que esa tercera guerra mundial o primera guerra nuclear no se desencadenarán.

En efecto, Corea del Norte de alguna manera está bajo la sombra protectora de China Continental y de Rusia.

Aunque la dirección política de Corea del Norte hace tiempo que perdió la visión y la perspectiva histórica del presente y del futuro, no creo que China Continental y Rusia hayan perdido esa perspectiva histórica.

China Continental y Rusia, dos grandes potencias miembros del Consejo de Seguridad de la ONU, al tener esa perspectiva de la historia no se enrolarían en el genocidio a la humanidad que significaría una guerra nuclear.

Esas dos grandes potencias y Estados Unidos también antepondrían la diplomacia y los intereses generales de la humanidad a esos arrebatos de locura propios de políticos insensatos e irresponsables y sin ninguna visión de la historia.

Lo que estoy significando es que para que haya una guerra nuclear tendrían que estar enfrentadas e involucradas las principales potencias del mundo.

Aunque no hay posibilidad de que se desate una guerra nuclear en los actuales momentos, si creo que China Continental y Rusia han permitido que el presidente de Corea del Norte haya llegado demasiado lejos con sus arrebatos de locura y su provocación a Estados Unidos, a Japón y al mundo occidental.

Ese match entre Estados Unidos y Corea del Norte tiene que ser discutido seriamente, y de manera permanente, no solo en el Consejo de Seguridad de la ONU, sino en la Asamblea General y en los organismos regionales de la ONU hasta tanto se diluya este conflicto.

En ese tenor es de alta prioridad mundial que las superpotencias y potencias del mundo se aboquen a retomar la discusión en torno a la necesidad de destruir arsenales nucleares y limitar seriamente su propagación, difusión y extensión por el mundo e impedir que países tan pobres y atrasados se dediquen a fabricar y construir armas y depósitos nucleares.

Mientras tanto los pueblos de ambas naciones, Estados Unidos y Corea del Norte, deben exigirles mesura, prudencia y control sus presidentes. Cosa que es extremadamente difícil en el caso de Corea del Norte.

Tenemos que construir un mundo tranquilo y seguro que no esté sujeto a los sobresaltos y vaivenes de la posibilidad de una guerra nuclear por mezquindades, malquerencias, extremismos y fundamentalismos, ya sean de izquierda o derecha.

Definitivamente el camino a seguir es el camino de la política y de la diplomacia

Hasta la guerra nuclear en el discurso debe desaparecer ya.  Sustituyámosla, pues, por el discurso de la paz, de la prudencia y de la tranquilidad.

Aunque en la vida de los pueblos el camino de la guerra siempre está abierto, la humanidad necesita vivir en paz y en sosiego, lo que significa que la regla es la paz y la excepción es la guerra.

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